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Un destello de racionalidad y sentido común
(La viciada ley de Servicios Audiovisuales de Argentina)

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270909 - Como una majada de mansas ovejas, los legisladores del oficialismo aprobaron el polémico proyecto de ley en la Cámara de Diputados y en cumplimiento de las directivas de la trastornada pareja real, se disponían a repetir, en tiempo y forma, esa servil y lamentable tarea en la Cámara de Senadores. 

Cuando en diputados los legisladores oficialistas premiaron con un entusiasta aplauso y vivas el discurso final del jefe de bloque de diputados oficialistas, Agustín Rossi, la suerte pareció echada y se aprobaba un proyecto en el cual se vulneraban principios básicos de sentido común y de seguridad jurídica.

El barbado diputado en su “brillante” dialéctica disfrazando la verdadera necesidad de modificar la ley vigente en tiempo record, sin el estudio y debate adecuado, simplemente cumplía al pie de la letra el mandato del déspota, para que este pudiera echar mano a la herramienta fundamental para evitar su eclipse político y evitar en un futuro no muy lejano, su comparencia ante los tribunales para responder a las numerosas demandas en su contra.

Para los
Kirchner es fundamental la aprobación de esta ley para poder estar en una posición favorable para evitar, en un futuro bastante cercano, la cárcel y salvar sus numerosos bienes.

Es absolutamente comprensible este apuro. Es para ellos una cuestión de supervivencia.

Lo que no es para nada comprensible es la actitud de los legisladores oficialistas.
¿Acaso no son nuestros representantes… o son los representantes del autócrata y su costosa esposa?

¿Es la disciplina y subordinación al déspota más importante que sus propios prestigios y honorabilidad?

Se pasaron por alto puntos fuertemente polémicos y algunos verdadera y fuertemente cuestionables para un sistema democrático: La autoridad de aplicación, las restricciones en las condiciones, la forma de adjudicación de los medios, la habilitación de cooperativas de servicios públicos, la división del espacio radioeléctrico, la composición accionario de los medios, el manejo de la publicidad, entre otros muchos más.

Por ejemplo el punto referido a la desinversión, directamente afrenta el sentido común y no resiste un análisis medianamente racional. Hace solo un par de años atrás las licencias fueron prorrogadas por diez años por Kirchner. Hoy, los que no se ajustan a las normas de la  nueva ley, disponen solamente de un año para vender aquellos medios que no se ajustan a lo permitido por esta.

En la incertidumbre e incierto estado económico del país, en el cual es sumamente dificultoso vender hasta una simple propiedad, oficina o local comercial, se pretende que en ese corto lapso se vendan canales de TV, estaciones de radio, periódicos y otros medios. Obviamente demencial. Un acto de prepotencia gubernamental. Un verdadero atentado a la seguridad jurídica y a la propiedad privada.

¿A que se debe el apresuramiento en  su sanción compulsiva si todos los sectores están de acuerdo en la necesidad de esta nueva ley? ¿A que se debe esa premura sin sentido?.

Es claramente en forma muy evidente, una maniobra artera y de absoluta mala fe del kirchnerismo para que los amigos del poder  puedan adquirir a precio vil aquellas empresas que deban desprenderse los grandes grupos.

Pero afortunadamente cuando el proyecto después de diferentes chicanas pasó al Senado, comenzó a aflorar el sentido común.

El senador
jujeño Guillermo Jenefes, se negó abiertamente a aprobar a libro cerrado una ley que presentaba tantas irregularidades metodológicas, de contenido e implementación, que de acuerdo a lo que definió el mismo déspota desde las sombras, constituía “la madre de todas las batallas”.

No sabemos a ciencia cierta si la postura de Jenefes se debe
a convicciones propias sobre lo que debe ser un proyecto de radiodifusión democrática, o si detrás estarían motivos personales y económicos, ya que tanto él como su familia, son dueños de uno de los principales multimedios de la provincia de Jujuy.

Por otra parte la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), y la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) efectuaron una dura crítica a la ley de medios y coincidieron en que el Gobierno busca desacreditar a la prensa.

El presidente de la SIP, Enrique Calderón entre otros aspectos, comentó que preocupa el proyecto de ley de la presidenta Cristina Kirchner por "la mal disimulada saña que animaba esta nueva regulación", y observó que ahora y en el gobierno anterior “se ha evidenciado contra los medios una actitud de confrontación continua, el descrédito sistemático y actitudes significativas, como la falta de conferencias de prensa lo que refleja frágil vocación democrática”. Agregó que “perturbó la falta de debate público” y el “apresuramiento parlamentario”.

En un documento, la entidad señaló: “Una merma de la calidad institucional con múltiples manifestaciones de decadencia de los principios republicanos y de sospechas en las conductas. En un contexto de crisis, se perfilan rasgos de creciente autoritarismo que debilitan las instituciones y profundizan la confusión del Estado con el Gobierno, y del Gobierno con facciones”.

Por otro lado el presidente de La Capital y UNO Medios, Daniel Vila, criticó la ley de medios que impulsa el kirchnerismo y aseguró que este proyecto “es intervencionista, estatista, regula contenidos en todo su articulado y elimina las cadenas, las limita a las que pueda hacer el Estado y algunas entidades intermedias”. Asimismo afirmó su derecho de reclamar la indemnización por expropiación por el total de los bienes que conforman su multimedia y que daría lugar a enormes juicios
de miles de millones de dólares".

Paralelamente crecía el rechazo generalizado al proyecto por parte de la ciudadanía. Una consultora que realizó un estudio de alcance nacional muestra que un 60% e la población se muestra contraria a la misma y que estaría de acuerdo en que el Congreso que ingrese el próximo 10 de diciembre cambie sus principales contenidos de ser aprobada tal como lo pretende el oficialismo.

En definitiva otro mamarracho oficial, lleno de trampas, trapisondas e intenciones ocultas.

Sea como sea, la valiente actitud de Jenefes pareció que lograba despertar de su obnubilado letargo a otros senadores oficialistas y de algunos de sus aliados.

Es de esperar que aparezcan otros senadores, que asumiendo su responsabilidad representen adecuadamente a sus provincias y
no le hagan el juego a los intereses personales de la corrupta pareja gobernante.

 


 

 

 

 

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