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Declinación política, corrupción económica y degradación moral
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061009 - De acuerdo a un conocido y prestigioso analista político, nuestro país a lo largo de nuestros doscientos años de existencia, soportó tres gobiernos dictatoriales y despóticos en los cuales el poder era ejercido por una sola persona: Juan Manuel de Rosas en el año 1825, Juan Domingo Perón en 1945 y actualmente la dinastía de los Kirchner, en el poder desde el año 2003 y que los argentinos aún estamos soportando estoicamente, mientras nuestro país se va sumergiendo cada vez más rápidamente en el pantano de la desintegración, la inmoralidad y la anomia política.

Los tres iniciaron sus gobiernos impulsados por hechos políticos, económicos o sociales de sus respectivas épocas y contaron con el apoyo inicial esperanzado de la ciudadanía. Pero cuando buscaron perpetuarse en el poder, se fueron convirtiendo cada vez  más autoritarios y personalistas, terminando finalmente como déspotas o tiranos.

Los dos primeros fueron violentamente derrocados, Rosas después de la batalla de Caseros y Perón después del  golpe cívico militar de la Revolución Libertadora.

Es casi una constante histórica universal que todos aquellos que buscan perpetuarse en sus cargos terminan siendo depuestos a veces con hechos crueles y sanguinarios de extrema violencia, con pérdidas de bienes y muchas vidas humanas, por el mismo pueblo que los entronizó años antes.

Todo indicaría que
este esquizofrénico y neurótico matrimonio terminara así.

Los Kirchner a diferencia de los otros dos tiranos tienen a su favor que se encuentran dentro de otro contexto histórico más favorable, encontraron un pueblo dispuesto a apoyarlos y tuvieron un crecimiento económico sostenido a lo largo de más de cuatro años, “el crecimiento más importante en la historia de nuestro país”, debido a circunstancias particularmente favorables en la economía mundial, en la cual casi todos los países crecieron y nosotros en particular, por el alza de los precios internacionales de la mayoría de nuestros productos agropecuarios.

Una situación casi óptima para ejercer un buen gobierno. Pero lamentablemente no fue así. Desde el mismo comienzo de la gestión del ex presidente, comenzó a mostrar rasgos de su personalidad tortuosa y conflictiva que se traducían en medidas gubernamentales francamente discutibles, torpes o absolutamente desacertadas.

Por ser ampliamente conocido no es necesario destacar la
casi total ausencia de condiciones personales de Kirchner, su carácter y temperamento artero y retorcido y su manifiesta incompetencia para dirimir conflictos o solucionar problemas.

Cristina parece un calco, con el mismo cúmulo de ausencias de virtudes y graves defectos. Tal vez peor aún, por  su incapacidad de gestión.

Recientemente fue considerada como la mandataria de peor evaluación de todo el continente: popularidad cero, última en el ranking. Casi simultáneamente apareció otro: nuestro país es uno de los países con más desempleo en Latinoamérica. Por su parte su marido, el monje gris, tiene una imagen negativa del 80%.

Una simple muestra de los muchas evaluaciones socio-económicas en los cuales la Argentina de Kirchner lucha por los últimos puestos.

Altísimos índices de pobreza e indigencia, desempleo, economía estancada, fuga de capitales, desinversión, impunidad, corrupción, piquetes cada vez más frecuente, tensión social en constante aumento, mal humor general.
El país  en una virtual caída libre.

Es cada vez más clara la mala fe, las trampas y sucias artimañas del gobierno en todos sus actos y medidas gubernamentales.

Los Kirchner a diferencia de los otros tiranos nombrados precedentemente tienen además otra falencia muy negativa, que llegado el momento, seguramente lo lamentarán profundamente: salvo un lapso inicial muy breve, no han logrado ganarse la adhesión o simpatía de la ciudadanía. Muy por el contrario, a medida que pasa el tiempo, el rechazo es más intenso y va creciendo la indignación, el desprecio y la animadversión. Y en numerosos casos, ese enojo es un verdadero rencor y odio difícilmente contenido.

La intolerancia y la confrontación que los Kirchner demuestran contra aquellos que no piensan del mismo modo o que no concuerdan con sus decisiones les han producido enemigos en todos los sectores de la vida política y económica del país.

En este contexto de evolución del grado de conflictividad social y la constante escalada de los últimos meses, hacen pensar que nuestra actual neurótica presidente Cristina y su antecesor y fundador de la nefasta dinastía Kirchner, van en camino a ese mismo trágico y violento final de los otros dos tiranos que tuvo la Argentina.

Acorralados por la realidad, que desconocen en su paranoia, los Kirchner echan desesperados manotazos de ahogado y con sus disparatadas decisiones arrastran al país hacia el oscurantismo…y solo logran empeoran su propia situación.

En los
sesenta del siglo pasado un gran pensador francés expresó que “…la Argentina es la gran desilusión del siglo XX”.

Hoy podemos decir que el país que nos dejará la nefasta dinastía por su irracionalidad en el gobierno, “Argentina constituye la gran vergüenza del Siglo  XXI”.

La descomposición moral, la incapacidad política administrativa y una venalidad tan atroz en los dirigentes, nos llevan directamente a un suicidio colectivo.

El matrimonio presidencial ha logrado dividir al país en dos sectores totalmente antagónicos. Una situación similar a Venezuela. Haciendo una simple prospectiva, en ese país el derrocamiento del dictador es casi un hecho anunciado. Es simplemente una cuestión de tiempo.

El odio social y las divisiones que fomentan los Kirchner y el ultraje a los diferentes sectores de la sociedad, salvando las distancias y diferencias, hace que nuestra situación sea similar al del sufrido país hermano.

Solo esperemos que cuando esa nueva tragedia política ocurra,
lo haga sin violencias y sin derramamientos de sangre.

Y por supuesto que  el matrimonio real sea juzgado y encarcelado.

 


 

 

 

 

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