Hoy analizando la más que
mediocre y lamentable gestión de Kirchner y el
verdadero desastre y descalabro institucional al
cual nos está arrastrando la reina Cristina, escuchar esas
ponderaciones, genera un
fuerte y casi inmediato rechazo.
Pero recordemos el conocido programa “Los
Campanelli” que se emitía
hace unos años los domingos al mediodía por el canal 13. El eje central
del argumento del programa era que “No
hay nada más lindo que la familia unida”. ¿Será
por eso esos elogios mutuos?
No, ciertamente que no es por eso. No hay armonía en
los Kirchner. Ha trascendido que las peleas y discusiones en el
matrimonio son cada vez más frecuentes.
La bipolaridad de la presidente que la lleva de
situaciones de euforia a estados de depresión profunda y
las diferentes ópticas de la gestión gubernamental entre ella y su
esposo y socio político, hacen que las
peleas y discusiones se
convirtieran en moneda corriente.
Según el diario Perfil en ocasión de la crisis que
desató el conflicto con el campo el año pasado, desnudó una por una las
diferencias entre Cristina y Néstor que en la actualidad son difíciles
de disimular. En esa ocasión Cristina grito enfurecida: “¡Acá
la Presidenta soy yo, carajo!”.
No
obstante Kirchner, terco, tozudo y cada vez más personalista y
autoritario, sigue
moviendo a Cristina a su antojo, como una verdadera marioneta.
Obviamente
no están unidos por el amor o concepciones políticas similares. Están
unidos por el espanto.
El
verdadero aquelarre en que han transformado el país, la devastación de
las instituciones y la desmedida corrupción personal y gubernamental los
une porque saben que les
espera un destino común, nada deseable.
Hace unos días, el ex presidente Kirchner, en unos de
sus falsos y engañosos discursos sostuvo hoy que la Argentina tiene "una
presidenta de lujo”, y posteriormente agregó: "Ayudémosla a hacer el
mejor gobierno de la historia…”.
Puede que sea una presidente de lujo, en un ranking
del diario “The Guardian” de
Gran Bretaña (Perfil.com 23-03-08) integró la lista de los mandatarios
más “lookeados” y
ostentosos del mundo, junto a la reina Isabel II, y se alzó también con
un “título de realeza” por
su afición a los tratamientos “anti
age”.
Sus onerosos zapatos y carteras le consiguieron un
lugar en el “top ten” junto
a
George Bush,
Nicolás Sarkozy y el ruso Mijail Gorbachov. Cristina y la Reina
británica son las únicas mujeres de la lista.
También es conocida su afición por atuendos de
diseños exclusivos de creadores europeos y joyas costosísimas.. En
cada acto, la presidenta usa miles
de dólares en alhajas y joyas (Perfil.com
04-04-08).
No es objetivo de esta nota señalar las
costosísimas veleidades y exigencias de la presidente en
sus desplazamientos fuera del país. Pero es conocido el dispendio en sus
viajes al exterior alojándose en los hoteles
más lujosos y en las suites más exclusivas.
También sus increíbles caprichos, que le cuestan al sufrido
pueblo argentino una verdadera fortuna, como por ejemplo, que se
movilicen enormes aviones simplemente para llevarle los periódicos del
día cuando se encuentra en Calafate.
Cristina no es precisamente un buen ejemplo en su
proclamada “distribución
de riquezas”. El
despilfarro de los dineros de los contribuyentes y el inadecuado uso de
los bienes del Estado son una característica en su gestión.
No obstante me atrevería hacer una observación a lo expresado por
Kirchner cundo dijo “…que
tenemos una presidente de lujo”.¿No habrá querido decir “que
tenemos una presidente de lujos” (obviamente
un poco excesivos para una economía tan maltrecha como la actual de
nuestro país)