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270110 -
(¿Por qué seguir a un demente?)
Recientemente el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo
Fellner, militante del partido oficialista, en una conversación
con otros correligionarios kirchneristas, expresó que “…Con
ustedes tengo buena onda, pero si llamo a un sesión para tratar
esto, el loco me echa…".
La frase fue pronunciada informalmente como al pasar.
Obviamente se refería al ex presidente
Néstor Kirchner, actual diputado y presidente
del Partido Peronista. Muchos dentro del partido usan ese mote
cuando se refieren a Kirchner.
Pero también de otros partidos, importantes dirigentes políticos
e inclusive la gente común.
Como es sabido mote es el sobrenombre que se da a una persona
por una cualidad o condición suya. Una cualidad o condición
distintiva o característica saliente de su personalidad o de su
aspecto físico.
Los kirchneristas no se equivocan en tildar a Kirchner de loco.
En realidad en el comportamiento del ex presidente se nota una
falta de equilibrio psíquico pronunciado y actitudes sin un
atisbo de sensatez, que se pueden calificar como demenciales.
A todas luces se evidencia que este lamentable personaje sufre
graves patologías muy marcadas.
Es notorio su personalidad compleja y extraña, mezcla de
egocentrismo, paranoia y una incipiente esquizofrenia, con
contradicciones permanentes y hechos y actos de gobierno sin
ningún tipo de racionalidad y con una ausencia de sentido común,
coherencia y sensatez.
En el actual conflicto sobre los fondos de Bicentenario los
principales actores del oficialismo reconocen que Kirchner traba
cualquier negociación. Y no solo en este tema, en casi todos.
Pero la finalidad de esta nota no es hablar de la salud mental
del ex mandatario, que por otra parte es ya bastante conocida,
sino preguntarse cual es la causa que este sujeto enfermo,
desequilibrado y pernicioso para nuestro país, notoriamente anti
republicano y dudosamente democrático, siga manejando las
riendas del gobierno a través de su conyugue y porque personas
de reconocida preparación intelectual y cultural, permiten que
sean liderados por un demente.
En los comicios del 28 de junio el 70% de los votantes votó en
contra del kirchnerismo. La pregunta concreta es entonces porque
el 30% restante sigue a un demente.
Podríamos afirmar en primera instancia que los que lo siguen
posen poco o nada del espíritu democrático necesario para
definirse como una persona que acepta el régimen que fija
nuestra Carta Magna.
Al respecto no se encuentra la respuesta concreta y precisa a
este interrogante, pero en lo grupos que se exponen a
continuación están seguramente las causas o motivaciones.
Los que son socios con los Kirchner en los mismos negociados y
emprendimientos económicos.
Los que constituyen una rara mezcla de sectores minoritarios de
una izquierda vernácula, profundamente ideologizados, compuesta
por ex integrantes de las organizaciones terroristas y
guerrilleras de la década del 70, de sectores de las
organizaciones de Derechos Humanos y organizaciones de
familiares de los desaparecidos de esa década.
Los que buscan destruir a las FF.AA, los que están en contra de
la postura tradicional de nuestro país con la Iglesia Católica,
y que odian el tradicional “establishment” institucional del
sistema republicano.
Los que se benefician del cargo o función que desempeñan gracias
al kirchnerismo.
Los que son destinatarios de favores y prebendas de este
gobierno.
Los que son extorsionados políticamente.
Los que son temerosos a represalias o acciones hostiles a sus
intereses por parte del gobierno.
Algunos de los sectores más deprimidos económica, social y
culturalmente que son fácil presa de las actitudes demagógicas
del gobierno y que no pueden apreciar adecuadamente la marcha de
este, ni las consecuencias de su perniciosa gestión.
Comprendo al empresario que hace grandes negocios y se beneficia
por su amistad con el régimen, el resentimiento de los
guerrilleros y terroristas derrotados en la guerra del 70, a las
personas que tuvieron pérdidas de familiares en esa lucha, a
aquellos que no pueden sobreponerse a su odio, rencor y
resentimiento derivado de ese conflicto, a los que están
atornillados a sus cargos y funciones bien rentados en este
época de desempleo y falta de trabajo.
También comprendo a los que reciben algún beneficio de los
Kirchner sin la contraprestación correspondiente, a aquellos
gobernadores y demás personas que son extorsionados por el poder
político y que de no acceder a los deseos del déspota no podrían
ejercer sus cargos, a los jueces y fiscales que controlados por
el régimen no pueden ejercer libremente sus funciones y en
general a todos los que tienen miedo y temor del poder.
Si bien no comparto pero es comprensible la postura de esta
gente, no lo es en cambio, la posición de aquellos que fueron
elegidos por el voto popular y no tienen funciones de gestión.
Puntualmente el caso de los legisladores
¿A que le temen? ¿Cuál es su motivación de seguir apoyando y
siguiendo en sus dislates a un loco paranoico, a todas luces un
demente? A ellos no se los puede echar, no se los puede
extorsionar.
¿Estarán buscando un beneficio para cuando se les termine el
mandato? ¿Tal vez un cargo de embajador o algo por el estilo?
Si es así aprecian y especulan erróneamente. Primero que no es
buen negocio tirar la dignidad y el honor a los perros por un
eventual beneficio en el futuro. Y segundo y seguramente lo más
importante, con el kirchnerismo no tienen futuro posible.
Apostar a estos déspotas es apostar a perdedor.
Y aquellos que en el futuro sean reconocidos como kirchneristas
serán muertos políticos.
Los Kirchner pronto serán un mal recuerdo del pasado, con un
merecido lugar en la Historia Argentina. Pero en la historia
negra de nuestro país.
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