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190910 -
El ciudadano ya no se sorprende, pero cada vez
está más angustiado. Se nota en el aire el clima de mal humor,
incertidumbre y desconcierto. Es casi visible que el país está
fuera de control, entrando en una anarquía creciente y
pronunciada.
Pareciera
que el matrimonio reinante que siempre conservó la iniciativa política
en su desconcertante gobierno, muchas veces instalando problemas o temas
casi risibles por lo absurdo o ridículo, ahora se encuentra en un
callejón sin salida..
Se evidencia
cada vez con mayor claridad que la situación general se está saliendo de
madre y se está perdiendo el perverso control que hasta ahora tenía la
gestión del matrimonio Kirchner, por la discrecionalidad que le daba el
autoritarismo exacerbado que caracterizó su gestión.
La ineptitud
y la pérdida del escaso liderazgo que tenía Cristina aunados a la
enfermedad coronaria de su esposo hacen que las huestes kirchneristas se
dispersen buscando horizontes más racionales y salir del estado de
confrontación y conflicto permanente.
Pero el país
ya se encuentra sumergido en un caos que los analistas predecían
acertadamente.
Y como ya es
habitual en los dos últimos mandatos presidenciales, esta situación tan
negativa en que vive el país, se debe principalmente a la manifiesta
incapacidad de los Kirchner de gobernar dentro
del sistema democrático.
Desde que el
Congreso Nacional comenzó a poner freno a tanta omnipotencia autoritaria
del matrimonio presidencial, el “manejo discrecional de la estancia”
se les complicó.
Pero
Kirchner es reacio en reconocer la realidad. Siempre tuvo su propia
distorsionada visión y actuó en consecuencia. Por ello sigue batallando
y en su personal guerra contra todos, desconociendo la realidad
política, va arrastrando al país cada vez más a un inmenso agujero
negro.
Es así que
las medidas y decisiones gubernamentales son cada vez más absurdas y
ridículas y el daño al país es cada vez peor y más grave. Pero no
están desprovistas de una maligna y perversa intencionalidad.
Por supuesto
es cada vez más claro y evidente que el objetivo es no dejar el poder
que les otorga impunidad.
Los Kirchner
han reiterado tantas veces que ya es carne en los argentinos
“…memoria, justicia y castigo…”. Y precisamente eso es lo que se va
a hacer por la enorme cantidad de tropelías y disparates que han
cometido. Los Kirchner no tienen escapatoria a los largos años de cárcel
que les espera.
Dentro de
sus últimos dislates, para tapar el escándalo de los negociados con
Venezuela, instalaron el affaire de “Papel Prensa” y lograron
prácticamente sacar de los medios la mega corrupción entre los dos
países.
Y así un
caso detrás del otro, en conflicto con todos los sectores del quehacer
nacional. No hay sector que se salve: contra “Clarín y La Nación”, el
campo, la Iglesia, los empresarios, los industriales, la clase media, en
su círculo íntimo, contra la CGT de Moyano, los medios en general, las
FF.AA., los jueces, la oposición, el peronismo disidente, el Poder
Judicial y particularmente ahora, la Corte Suprema de Justicia.
También
confrontan con países amigos que no “entienden” ni
“comprenden” la lógica progresista de este gobierno. Es así que
tenemos relaciones tensas con EE.UU., China y nuestros principales
inversores europeos de la década pasada. A ello le debemos sumar ahora
el conflicto en ciernes con nuestra hermana república de Chile, por
la insólita negativa de Cristina de acceder a la extradición de un cruel
asesino, terrorista y subversivo chileno, refugiado y radicado en
nuestro país.
Como si todo
esto fuera poco, su hasta hace poco sumiso delfín, el gobernador de la
provincia de Bs. As., Daniel Scioli, fue duramente reprendido y
denigrado públicamente ante una reunión partidaria. Un verdadero
escándalo institucional.
Obviamente
el hecho no causó mella en el ya famoso “felpudo” del ex
presidente y de su mujer, acostumbrado al destrato y curtido en
reproches, desplantes, humillaciones públicas, maltrato y vejaciones de
la pareja presidencial. Un concreto ejemplo para la ciudadanía, de falta
de dignidad personal y moral y ética pública de los dirigentes
kirchneristas.
El país
bulle en un descontrol apenas y difícilmente disimulado. La ciudad, en
ocasiones parece una ciudad sitiada, cientos de cortes de avenidas y
calles adueñados por piqueteros de todas las tendencias impiden la libre
circulación, por reclamos de gremios y sindicatos y como si fuera poco,
la absurda e injustificada manifestación de los estudiantes secundarios.
Empresas que
son sitiadas y presionadas por el patoterismo del gremio de Moyano,
coadyuvan al infierno general, ante un gobierno distraído y ausente.
En todas
estas actividades se colige una peligrosa gimnasia revolucionaria que no
entiende de leyes ni de respeto.
En vez de
abocarse a las tareas de gobierno Cristina pierde tiempo con la malsana
manía presidencial de hablar simplemente por hablar, utilizando la
cadena nacional para hacer anuncios que por su escasa importancia, ni
siquiera merecerían ser hechos ni por un secretario de Estado.
Sus
decisiones y definiciones son cada vez más irracionales y disparatadas:
el recurrente volver y revolver el pasado, en la manifestación de los
estudiantes, simplemente para molestarlo a Macri, apoyó el reclamo
estudiantil caldeando aún más el ambiente, en el conflicto entre la
Corte Suprema de Justicia y la provincia de Santa Cruz instó al
gobernador Peralta a resistir y desobedecer a la Corte el fallo
referente a un conflicto que había originado el ex presidente 15 años
atrás, en su negativa a conceder la extradición del asesino chileno que
generará con Chile, un foco de tensión absolutamente innecesario, entre
otros disparates que genera casi a diario.
Todo el
accionar de la presidente, hace pensar que evidentemente debe tener
algún desequilibrio serio, tal vez una falencia psíquica o física
insatisfecha, que hace que la prudencia y moderación que debe
tener un gobernante este total y notoriamente
ausente.
Las embestidas
contra las instituciones, los increíbles y permanentes atropellos a las
normas de una sociedad organizada y la falta de racionalidad de sus
decisiones, muestran a las claras una persona superada por los hechos,
desquiciada, desesperada que echa mano a cualquier recurso sin medir las
consecuencias.
Ese accionar
absurdo, sin sentido y razonabilidad, genera,
fomenta y caldea aún más el ya permanente malestar, la hostilidad, el
mal humor general, los rencores y las tensiones existentes.
Máxime cuando
los Kirchner han logrado dividir profundamente a los argentinos.
Dividirnos ideológicamente y por intereses de otra naturaleza. Argentina
está polarizada en muchos sentidos y por diferentes motivos. En esa
situación, una sola chispa puede desatar la violencia popular.
Nuevamente argentinos contra argentinos. Y cuando se desata la
violencia popular los efectos suelen ser impredecibles y difícil de
controlar. Nuevamente destrucción de bienes y muertes sin sentido.
¿Estaremos
liderados por un matrimonio de irresponsables desequilibrados?
Si es así, el
camino al caos y a la violencia está abierto.
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