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¿Qué le pasa a Cristina?
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030311 - (¿Cada vez más enferma?)

Cuando trascendió la información de los cables secretos divulgados por la página WikiLeaks, de la embajada norteamericana al Departamento de Estado, en los cuales calificaban a los Kirchner como “paranoicos del poder”, “ácidos”, “impermeables al consejo ajeno” e “ineptos en política exterior” entre otras muchos temas puntuales, uno que más sorprendió fue el que habló sobre la salud mental y el equilibrio de la presidente Cristina de Kirchner.
Los norteamericanos no estaban equivocados en sus interrogantes y sus dudas.


No obstante todos estos temas, son ampliamente conocidos por la mayoría de los argentinos, inclusive el tema de la salud mental de Cristina.

Desde el año 2007 ya los medios informaban a la opinión pública sobre una patología psíquica que padecía en aquel entonces la candidata presidencial, Cristina Fernández de Kirchner. Se trata de una enfermedad que combina picos anímicos de euforia, raptos de alegría, con otros de depresión e irritación, llamada psicosis maníaco depresiva (Trastorno de la personalidad y del ánimo) o trastorno bipolar.

De acuerdo al grado de afectación puede llega a ser una a patología muy grave en la cual se puede pasar de la cordura a la paranoia absoluta en cuestión de segundos y con otros síntomas como la megalomanía, el autoritarismo, la depresión.

No hace mucho tiempo atrás en el marco de una denuncia judicial contra la presidente Cristina F. de Kirchner por el atropello a los accionistas de Papel Prensa, se sugirió un estudio psiquiátrico de la Mandataria, dada su reconocida bipolaridad y su extraña conducta demostrativa de una clara afección en la percepción de la realidad (INDEC, política sobre DDHH, ataques y desobediencia al Poder Judicial, etc.).
No hay que ser muy preceptivo o perspicaz para darse cuenta que la Presidente es ciclotímica, que trasluce falta de equilibrio emocional y un carácter irritable y que probablemente no resistiría un estudio psíquico serio que la pudiere mostrar como un ser “normal”.
(Ver: Moyano, Venegas, Barrionuevo: Unidad para defender el crimen y la mafia)

En la fase depresiva estas personas pueden mostrarse muy agresivas porqué se sienten débiles y desprotegidas.
¿Coincidirán estas depresiones con las frecuentes prolongadas salidas de Cristina de la escena pública? Numerosas ausencias de varios días a sus obligaciones, generalmente en su refugio en El Calafate.

Recientemente se tomó conocimiento público que el matrimonio con “El” era un matrimonio virtual, un matrimonio ficticio unido por conveniencia política y económica.
No hace más de un mes atrás tomo conocimiento público, por boca directa de Miriam Quiroga, que desempeñaba un importante puesto en la Presidencia de la Nación, que mantuvo una relación estable con el ex presidente en los últimos años, hasta el día de su fallecimiento. Esta relación era conocida en el círculo de la Casa Rosada.

En realidad ya hace más de dos décadas que la sociedad “Fernández-Kirchner” se mantenía en esa situación. Cada uno por su lado. Al ex presidente se le conocieron muchas amantes, situación que era conocida por su entorno y consentida por su esposa.
La imagen de un matrimonio bien constituido no era más que otra mentira, una más de los tantas, otros engaños de los Kirchner.

El ex presidente vivió engañando a su esposa así como lo hizo con la mayoría de los argentinos.
Siempre desde su asunción a la primera magistratura, se sostuvo que Cristina adolecía de carencias de necesidades psíquicas o físicas o necesidades insatisfechas.

Ahora queda ampliamente demostrado que, efectivamente, esas informaciones eran correctas. Después del fallecimiento del ex presidente son aún más claramente visibles y evidentes las carencias físicas de Cristina.
La presidente está en absoluta soledad, humillada públicamente, deprimida, insegura, necesitando amor. Alguien que la quiera bien y en quien confiar. (¿Habrá que buscarle novio?)
Antes era una marioneta manejada por un titiritero. Ahora es un pelele a la cual decenas de personas la tironean por todos los costados y en todas las direcciones buscando no perder sus posiciones de privilegio o alguna conveniencia personal.

Está obligada a los montajes circenses que organiza el oficialismo para engañar y seducir con falsedades a la ciudadanía. Desde el velatorio del ex presidente en el que “la desconsolada y sufriente viuda” acaricia constantemente el cajón para no dejar dudas sobre su dolor, hasta sus numerosas presentaciones públicas, en sus frecuentes shows mediáticos utilizando sus ropajes oscuros o negros que tanto rédito le trajeron en las encuestas, y terminando siempre al borde del llanto, para infundir conmiseración en su público, siempre pronunciando sus mismos confusos conceptos y exaltando la figura y la obra de “Él”.
Todo lo expresado, toma el cariz de una verdadero engaño y torpe teatralización.

En las últimas presentaciones, se la vio con mal semblante, tensa, crispada y muy nerviosa.
Pero la vida sentimental de Cristina, sus paranoias, frustraciones, sus patologías psíquicas y sus falencias físicas en realidad no tendrían ninguna importancia pública si no fuera la presidente de los argentinos. Nada menos que la que conduce los destinos de un país en graves dificultades y que pese a su potencialidad retrocede cada vez más en el concierto de las Naciones.

¿Estará en condiciones de conducir y liderar un país con tantos conflictos creados por su esposo y por ella misma? Por los resultados es evidente que no.

No solo no los puede solucionar sino cada vez se suscitan más problemas, gruesos e increíbles errores, verdaderos disparates mayúsculos, producto de una manifiesta incapacidad e incompetencia.

No pasa un día sin una torpeza gubernamental monumental, ya sea de tipo institucional, político o internacional. La lista sería interminable de relatar, solamente en los últimos días la inacción del gobierno al bloqueo de los periódicos Clarín y La Nación, el incremento cada vez mayor en el delito particularmente de los asesinatos sin sentido alguno, el desconocimiento de las resoluciones del Poder Judicial por parte del Ejecutivo, la enfermiza relación, de apoyo y extorsión con Moyano, el inentendible apoyo a Chávez y el silencio al premio otorgado a por “su aporte a la comunicación y la democracia” en una Facultad de Periodismo de la Universidad de La Plata.

La presidente es incapaz de conducir, frenar o relevar a sus ministros más conflictivos, incapaces e incompetentes, algunos casi al borde del ridículo, el canciller Héctor Timerman, la ministro de Seguridad, Nilda Garré y el obediente y sumiso vocero oficial, el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

No caben dudas de la ausencia de liderazgo de Cristina. Parece una mujer fuertemente desquiciada sin el más mínimo indicio de racionalidad o sentido común.

Muchos de estos hechos implican además, una falta de consideración absoluta, un verdadero desprecio, hacia los ciudadanos. Más aún, es considerar a los argentinos estúpidos o infradotados que no se percatan de tantas trasgresiones, errores y anomalías.

El gobierno se mece como una cáscara de nuez en un mar embravecido, sin rumbo y dirección precisa. Y mientras ello ocurre, todo en el país se degrada cada vez rápidamente desde las prácticas republicanas, su política, sus instituciones, hasta en los valores esenciales de una sociedad civilizada.


 

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