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La exposición pública de las miserias del gobierno de Cristina: Los Fernández
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Alberto y Aníbal Fernández

310711 - Una de las características de los gobiernos personalistas y autoritarios es que cuando uno de sus miembros se separa o es separado de su estructura, a la larga o a la corta, esa persona se convierte, o en un opositor o en un detractor del gobierno al cual perteneció previamente.

Y cuando ello ocurre, la dinámica interna del gobierno y los pormenores de su funcionamiento, que por su esencia tienen un alto grado de reserva y confidencialidad, son ventilados y expuestos a la opinión pública.
Se transgrede la conocida cita del refranero popular “que la ropa sucia se lava en casa”.
Y aparecen en su cruda y dura realidad los detalles y las miserias de la lucha interna por el poder o por la posición relativa de cada uno.
 

El caso que nos ocupa es la de dos de los tres Jefes de Gabinete de Ministros que tuvo la gestión kirchnerista.
La ciudadanía observa anonadados una verdadera esgrima verbal, que salpica y enloda fuertemente al gobierno, entre dos miembros que ha cubierto tan alta función: curiosamente ambos se apellidan Fernández. Alberto Fernández desde el año 2003 hasta julio del 2008 y Aníbal desde julio del 2009, hasta el presente.

No creo necesario transcribir las argumentaciones y comentarios de cada parte, ya que tomaron estado público por casi todos los medios. Simplemente a modo de síntesis quiero referirme a los dos actores de este nuevo escándalo del cristinismo.

(Ver:
Siguen completando el elenco del circo)
 


20 de Octubre de 1994, cuando Aníbal estaba en apuros...

Alberto Fernández, aún no se sabe a ciencia cierta, la causa real de su partida del gobierno de Cristina Kirchner. Lo que está claro es que ahora es un político desocupado que ocupa su tiempo en recorrer todos los medios que quieran recibirlo, para explicar su propia verdad de la actualidad política.

Seguramente lo que busca es lograr su inserción en alguna agrupación o partido político, pero su pesada mochila que lo condena y lo descalifica, es que proclama su amistad con el ex presidente y la sintonía política que ambos tenían.

En otras palabras Alberto fue uno de los principales colaboradores en montar la nefasta estructura del kirchnerismo, con los excluidos, desertores y “borocotoes” de otros partidos. La característica de este engendro fue su personalismo, autoritarismo, su corrupción, el poco apego a las leyes y a la Constitución y su estilo prepotente y confrontativo que le imponía un claro sello poco democrático.

Afortunadamente el líder de ese experimento político desapareció y con el también su creación. Alberto quedó a la deriva y busca colocarse en una posición relativa favorable ante la reciente aparición del libro “La Presidenta” de Sandra Russo.

Por otra parte, Aníbal es un curioso personaje que nadie se explica porque aún está en el gobierno.
Su permanencia como Jefe de Gabinete es un pesado lastre para la presidente y habla muy desfavorablemente de ella, salvo que aprecie su total sumisión y su desvergüenza en decir públicamente cualquier disparate, tratando de justificar o proteger a su “patrona”. Cuando digo disparates, incluyo engaños, tergiversaciones y mentiras tan burdas que hasta el más distraído se percata del la falsedad de sus expresiones o argumentaciones.

Llama la atención que alguien, supuestamente preparado caiga en tanta indignidad y en tan baja autoestima. Un verdadero lacayo. Su estilo coincide con el de la presidente. Prepotencia, agravios y descalificación. Un patotero más de los muchos que rodean a Cristina.

En el intercambio epistolar, Alberto lo tildó de “barrabrava” un término que define adecuadamente la personalidad sobradora, desfachatada, compadrita, procaz y su lenguaje vulgar y prostibulario indigno de alguien que ocupa tan alta cargo en el gobierno.

Los antecedentes de ambos Fernández reafirman lo expresado por estos tristes personajes, que ni más ni menos, son una más de las características de este lamentable gobierno titulado cristinismo.
Alberto “no vaciló en acusar a la presidenta de ser una persona habituada a "fabular batallas para parecer heroica", una inventora de "quimeras" que estigmatiza "a ciudadanos con falsedades" y que, para más señas, ha creado una especie de "Ministerio de la verdad" orwelliana que se dedica a reemplazar la historia auténtica con una versión "novelada" que supone más acorde con "sus actuales conveniencias".

“Fernández, pues, ha llegado a la conclusión de que Cristina es capaz de decir virtualmente cualquier cosa sin preocuparse en absoluto por los hechos. O sea, que es una mentirosa patológica”. (ref.1)
En este duelo verbal surge claramente las relaciones que el kirchnerismo tuvo con su actual archienemigo, el multimedios “Clarín” y su CEO Héctor Magnetto y puso en evidencia las tergiversaciones y construcciones falaces de la presidente.

En realidad no es ninguna sorpresa o novedad para los argentinos. Todos conocemos los extravíos de los excesos y fantasías verbales de Cristina.
Anibal, en su función de vocero principal de la presidente, sin apreciar el daño que producía a la presidente, salió a contraatacar a su antecesor, sin argumentos valederos y con su clásico estilo “canchero” y sobrador de verborragia conventillera.

Todo de bajo nivel y lamentable. Lo que debería ser secreto del gobierno se convirtió en comidilla de la opinión pública desnudando las miserias del partido gobernante.
El cristinismo cada vez da más vergüenza ajena, por sus insólitos y torpes episodios y maniobras.

NOTAS:

(1) La burbuja presidencial por James Neilson Tábano informa- 29-07-11


 

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