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El país hace agua por donde se lo mire y nosotros... ¡Argentinos!
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200911 - Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, en el año 1914, la República Argentina se mantuvo neutral en ese grave conflicto.
Muchos de los argentinos más adinerados de esa época, tenían como meca poco menos que obligada, viajar a Europa en donde pasaban largas temporadas.


Sorprendidos por la guerra, ante cualquier problema con las autoridades de ambos bandos, nuestros conciudadanos exhibían el pasaporte, acompañado de la frase “…Yo argentino…” como para explicar que eran neutrales y prescindentes en el conflicto. Y
Así fue el inicio del conocido y popular axioma: “…Yo argentino…”, para significar que uno no quiere involucrarse o comprometerse en algún hecho que no nos afecta en forma directa.
No creo equivocarme en pensar que esta difundida expresión lamentablemente, refleja o comprende a una gran mayoría de los argentinos.

 

Es una de las formas más comunes para afirmar nuestra prescindencia del hecho, alejarnos de probables engorrosos y molestos problemas y desentendernos del asunto.
Pero lo expresado, que sin duda podría pertenecer al “gen” distintivo argentino, o simplemente a una de nuestras picardías, encierra una grave deficiencia de nuestra identidad: la poca solidaridad, el rehuir la responsabilidad o simplemente evitar enfrentar o escapar de los problemas.

 

En uno de los párrafos anteriores he expresado que el “…Yo argentino…” se utiliza en aquellos problemas que no nos afectan o atañen directamente y tratamos de mantenernos alejados de ellos.
Pero hay hechos que si bien no nos afectan directamente, indirectamente si nos afectan… y nos afectan fuertemente. Pese a ello, no reaccionamos de la misma manera que si nos afectase directamente.
Un claro ejemplo es la, casi suicida pasividad y permisividad ante las tropelías, desmanejo político y la escandaloso corrupción del gobierno.

(Ver:
Libia, el caos y nosotros)

 

¿Por qué no reaccionamos cuando las más altas autoridades del país, y muy particularmente la presidente, nos mienten descaradamente en la cara? ¿Cómo es posible que aguantemos mentiras y engaños escandalosos, uno tras otro, sin inmutarnos?

¿Como permitimos sin reaccionar que nos metan la mano en el bolsillo y que nuestros dineros sean dilapidados discrecionalmente, la mayoría de las veces en aspectos que no tienen nada que ver con el bien común?
¿Cómo es posible que soportemos la parodia de la justicia con más de mil presos políticos privados de los más elementales derechos constitucionales y la grosera impunidad ante delitos de extrema gravedad, como el reciente caso de la absolución de Menem en el caso del contrabando de armas?
¿Cómo nos aguantamos esta economía totalmente distorsionada por los enormes subsidios y los parámetros socios económicos falaces y mentirosos que nos informa el gobierno?
¿Cómo puede ser que nos resulte casi indiferente la utilización por el gobierno de la bandera de las “Madres de Plaza de Mayo”, para cubrir uno de los escándalos de lavado de dinero, narcotráfico y corrupción más importante de este ciclo democrático y en donde se ven envueltos varios funcionarios del gobierno, incluyendo a la misma presidente?
¿Cómo es que no pensamos que pasará en nuestro país cuando termine el viento de cola o Brasil desvalorice su moneda?

(Ver:
Bonafini & Schoklender SA)

 

¿Habrá alguien que piense adonde nos llevará la inflación existente, con las reservas en baja, con los fondos de la AFJP y otras cajas agotadas y con un déficit fiscal creciente?

 

Pero no solo gran parte de la ciudadanía utiliza el “…Yo argentino…”. También lo hace cada vez más frecuentemente la presidente. Ante los cada vez más numerosos y graves escándalos que surgen casi diariamente, la siempre locuaz y dicharachera presidente, Cristina F. de Kirchner, pareciera que pierde el habla: no abre la boca, ni toca ni se refiere, al tema públicamente.

 

Se refugia en la Quinta de Olivos o en su reino particular en Calafate en un absoluto mutismo. La única interpretación que se le puede dar a esta huidiza conducta, es que indirectamente Cristina deja entender “no es mi culpa”, “no tengo nada que ver”, “no puedo hacer nada”. En definitiva “…Yo argentina…”.

 

Toda esta situación, casi increíble, no hace más que reafirmar lo expresado por un importante dirigente del sector agropecuario: mientras algunos argentinos puedan ver el programa de Tinelli, el fútbol para todos y estén sumidos en la fiebre actual del festival consumista, todo lo demás es superfluo.

 

De los aproximadamente 30 millones de ciudadanos habilitados para votar en las últimas elecciones primarias, casi un 35 % votó a Cristina. Seguramente muchos la votaron por estar convencidos y conformes con su gestión gubernamental, pero también muchos siguieron la engañosa y falsa “zanahoria” del gobierno.
Para estos últimos, el porvenir de sus descendientes y el futuro de esta gran Nación, son secundarios y no tiene mayor importancia.

(Ver:
¿Benefició a China el 11-S?)

 

Para el 70% que no votó al oficialismo es difícil explicar la pasividad y mansedumbre semejante a una majada de corderos que van al matadero. Realmente no encuentro explicación racional
Para terminar esta lamentable descripción de cómo somos actualmente algunos argentinos, de cómo soportamos estoicamente, casi despreocupados y con cierta alegría, todos estos abusos y destrato del gobierno, quiero finalizar esta nota, con lo que expresó en televisión, días pasados, un prestigioso analista político: “Elevemos en un brindis, nuestras copas de champagne…y que siga la joda”.


 

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