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071111 - En esta semana que finalizó hubo de todo un poco. En realidad tengo que rectificar. Hubo de todo pero en cantidad y con exagerada desmesura. Tres hechos que marcaron la semana.

Empecemos con el primer discurso de la presidente reelecta después de los comicios. El contenido no varía ni cambia con respecto a sus más importantes discursos desde el año 2007.
Siempre los mismos conceptos: que gobierna para todos los argentinos, que debe primar la concordia y los acuerdos, pidió la unidad nacional, que se eviten los enfrentamientos inútiles, pidió continuidad no de personas y de partido sino de proyectos políticos y de país y otros aspectos de esa índole con el cual nadie en su sano juicio, podría estar en desacuerdo.

(Ver: Un país muy rico con habitantes muy pobres)

Lo llamativo de ese discurso es que es exactamente lo que el gobierno de Cristina no hace. O para decirlo de otra manera hace exactamente lo contrario de lo que con tanto énfasis pregona.
Por supuesto hay que adicionarle a su discurso una preparación actoral cada vez más cuidadosa, con una perfecta “mise en scène” que tanto rédito le trajo aparejado en este último año desde el fallecimiento de su conjugue: una bien estudiada pasión, cara desencajada, voz llorosa, que en oportunidades se quebraba en desconsolado llanto, apelación a aspectos emotivos absolutamente personales y su permanente invocación a la figura del difunto, que parecía que estaba sobrevolando, como un fantasma la multitud presente.

(Ver:
Argentina hundida en un mar de corrupción: Contrabando de Armas: Menem, Yoma, Camilión y el resto, absueltos

Todo con verdadero éxito ante sus seguidores. Pero también una descomunal hipocresía.
Cristina no se explicó como pudo llegar a ser presidente y también ser reelegida. Buena pregunta, la mayoría del país tampoco lo puede entender.

El segundo hecho fue que el día señalado, terminó la mega causa de la ESMA. Finalizó como estaba cantado ya hace dos años atrás: con la condena a reclusión perpetua de la mayoría de los imputados.
Un gran teatro cuidadosamente montado para cumplir con la reiteradamente agitada bandera de los “Derechos Humanos” del oficialismo. Nuevamente una enorme hipocresía.
Los imputados y condenados en esos años de plomo eran jóvenes oficiales, algunos con pocos años de egresados que pusieron seguramente lo mejor de si para combatir el flagelo del terrorismo y la subversión de la guerrilla de esa época. Los que salvaron al país de los personeros de esa ideología ajena a los argentinos, que querían imponer por la violenta y la fuerza de las armas.

Verdaderos héroes en aquel entonces, que actuando institucionalmente bajo sus mandos naturales, evitaron que la Argentina se convirtiese en un país similar a la Cuba castro marxista leninista.
Hoy delincuentes, que sobreviven como pueden, y muchos mueren en las mazmorras de aquellos que fueron vencidos en la década del 70.
¡Cruel e insólita ironía que solo pasa en nuestro país!

(Ver:
Hijos, nietos y familiares de represores enfrentaron al juez Lorenzetti, de Argentina)

Y como este pasaje del blanco al negro fuera poco, sometidos a una absurda parodia de una justicia que vulnera más de una docena de principios jurídicos universales que no resisten el análisis más elemental de un estudiante de los primeros años de la carrera de derecho.
Justicia basada en visiones ex profeso sesgadas, y que privilegian la reivindicación de un sector, movilizados por la ideología o su contenido político.
Juzgados por jueces que vendieron su alma al diablo, subordinados a la voluntad y al designio del gobierno en su resentimiento y sed de venganza. Jueces que algún día deberán justificar sus sentencias ante un tribunal de verdadera justicia.

(Ver: Hebe de Bonafini y Ricardo Lorenzetti)

Una real pantomima de juicio con ribetes circenses. Un claro, escandaloso y evidente caso de prevaricato. Casi se podría afirmar, un verdadero linchamiento siglo XIX y la consecuente tergiversación de la Historia.
Cuando se anunciaron las condenas se desató un verdadero delirio en las personas que esperaban en las afueras del tribunal. Jóvenes que nacieron muchos años después de los hechos que se investigan con sus mentes lavadas por el oficialismo, militantes del kirchnerismo, de las organizaciones de “Derechos Humanos”, curiosos y familiares de los delincuentes de las organizaciones guerrilleras que sembraron la muerte en la década del 70, festejaron ruidosa y festivamente al conocerse los veredictos de los “jueces”.

Y el tercer hecho destacable, al día siguiente de estas condenas se cumplió el primer aniversario del fallecimiento de
Néstor Kirchner, el anterior presidente, fundador de la actual dinastía gobernante.
También en este hecho surge claramente la maligna y perversa intención de crear un prócer o un mito en forma artificial. Convertir a quien desde el más alto cargo de la función pública se enriqueció groseramente, desdeñó a su antojo las leyes y la Constitución, manipuló la opinión pública en su propio provecho para acumular poder y utilizarlo arbitrariamente, avasalló y destruyo las instituciones y fomentó la desunión de sus habitantes, en uno de los prohombres de la Patria.

Probablemente el mayor acto de desmesura de la presidente se evidencia en la inauguración del mausoleo en el que descansarán los restos del ex presidente. Una verdadera obra faraónica, no solo por sus dimensiones, sino también por el momento histórico en el que se construyó.
Refleja con total claridad la megalomanía la vanidad y la exagerada soberbia de lo que fue la pareja gobernante. Una perversión propia de emperadores, monarcas y dictadores.
Los homenajes a la figura del ex presidente no se redujeron a su ciudad natal. En muchas ciudades de Argentina se celebraron actos en su memoria. Monumentos, plazas, avenidas y calles fueron rebautizadas con el nombre del ex presidente.
El colmo fue el de un ex intendente que propuso declarar feriado en Santa Cruz el día del fallecimiento del ex presidente.
Una verdadera competencia entre los funcionarios de diferentes niveles, en su obsecuencia y en sus deseos de quedar claramente alineados en posición favorable con el poder, en este nuevo período de la gestión kirchnerista.
La figura del ex presidente se ha ido inflando a lo largo de este año, impulsada por la reivindicación de su gestión por parte de algunos sectores sociales, en particular llevados de la mano por la agrupación “
La Cámpora” liderada por el hijo del ex presidente fallecido.

En todo el país se recordó a
Néstor Kirchner, no con dolor y recogimiento, sino casi festivamente como si fuera un nuevo carnaval. No era para menos, se celebraba la canonización de un “líder popular que encaminó al país por la senda de su postergada grandeza”. ¿¿??
Vaya descomunal falacia e hipocresía.

Los tres hechos comentados no hacen más que exacerbar y aumentar la división de los argentinos. El oficialismo debería recordar que más del 60% de los argentinos no comulgan ni con la política, ni con los procedimientos y métodos del régimen imperante.

Cristina en particular, debería saber que las segundas partes nunca fueron buenas. Menos aún las terceras. Cuando cambien los vientos, las calles, avenidas y plazas recobrarán seguramente su anterior denominación y el faraónico mausoleo se convertirá en destino del turismo barato.


 

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