|
281111 -
La
presidente Cristina Kirchner encabezó el acto de inauguración
del nuevo hangar de Aerolíneas Argentinas (AA), en el Aeroparque
metropolitano Jorge Newbery. De esa manera fue anunciado el acto
por la Presidencia de la Nación.
Como es casi usual, el anuncio refleja una mentira. Una mentira
flagrante y evidente.
(Ver:
Mariano Recalde: Corrupción de alto vuelo)
Inmediatamente después de las palabras de la presidenta Cristina
Kirchner, la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA),
que conduce Ricardo Cirielli, cuestionó ayer el hangar
inaugurado en Aeroparque con el argumento de que no se trataba
de uno nuevo, sino de la simple remodelación de uno antiguo.
"Dicho hangar no fue construido por la actual gestión estatal,
sino que tiene un cuarto de siglo de antigüedad y es alquilado a
Aeropuertos 2000, habiendo sino utilizado en el pasado por las
aéreas CATA, Lafsa y LAN Argentina", dijo.
(Ver: Sigue el circo... con las mismas figuras y el
mismo repertorio)
El estilo del discurso que la presidente pronunció en esa
ocasión. adoptó la estructura de la mayoría de sus últimos
discursos.
Vestida de negro (“look” adoptado después del fallecimiento de
su esposo) seguramente para estar a tono con su permanente
invocación a “El”, el perverso y maligno fantasma, que por otra
parte es el responsable directo del caos en AA.
Apeló a los sentimientos, al volver a relatar cuestiones
emotivas personales que no tienen nada que ver con el objeto de
discurso, hizo chistes, en oportunidades habló como Doña Rosa
discutiendo con el verdulero en una feria de barrio, defendió a
la “Agencia de Colocaciones
La Cámpora”, estuvo nuevamente al
borde de la ya conocida escena teatral de la congoja y el
llanto, explicó los denodados esfuerzos y sacrificios que está
realizando por el país y fustigó fuertemente a parte del
personal de AA al cual adjudicó la responsabilidad del actual
desastre de esta empresa que se está devorando los fondos
estatales, nuestro dinero.
(Ver:
Hijos,
nietos y familiares de represores enfrentaron al juez Lorenzetti, de
Argentina)
Siempre la culpa la tienen los otros. Ni un atisbo de
autocrítica, ni un atisbo de humildad. Solo buscando justificar
una de las desastrosas medidas que adoptó el fantasma, que
seguramente andaba rondando dentro del remozado hangar. Solo ira
y agresión.
En vez de calmar las aguas, echó leña al fuego. En vez de instar
al diálogo, a la racionalidad y al acuerdo atacó, insultó y
fustigó a los que no pensaban como ella.
Se la notaba irritada, casi histérica, se evidencia claramente
que está sufriendo de una necesidad física o psíquica. ¿o estaba
representando teatralmente el papel?
Cristina debería pensar más y mejor. Debería bajarse del
pedestal y permitir ser asesorada por profesionales en el tema.
AA no es un empresa como las demás. No está en juego solo la
productividad ni la rentabilidad. Está en juego nuestro
prestigio internacional y más importante aún, la vida de las
tripulaciones y pasajeros. Lo que se le imputó al presidente y a
los dirigentes de AA es principalmente la falta de seguridad en
los vuelos.
Pobre Cristina, Todo mal. Un presidente no debe hablar de esa
manera. Ese discurso lo podría o debería haber pronunciado
alguien de una instancia inferior y ella preservarse para ser la
última posibilidad en la resolución de problemas.
(Ver:
El plan de la élite para un nuevo orden social mundial)
De mala manera, con visible estilo autoritario, defendió al
amigo de su hijo Máximo, el presidente de la empresa, y expresó
esta lamentable frase “A Recalde no lo puso el Espíritu Santo,
lo puso esta Presidenta”.
La frase, más que lamentable, es verdaderamente estúpida.
Evidenció su soberbia exacerbada. Ella, y únicamente ella es
dueña exclusiva de la verdad.
Por otro lado el Espíritu Santo jamás habría cometido semejante
torpeza, casi una herejía.
Si los gremios piden justamente la remoción de Recalde por
ineptitud e ineficiencia y por ser responsable del caos
existente, por carácter transitivo, la mayor responsabilidad cae
en quien dispuso que este personaje no calificado para tamaña
responsabilidad, cubra ese importante cargo.
Lamentable, la Reina sigue gobernando con el estilo de su
difunto esposo. Agrediendo y atacando. Pero hay una diferencia
con el occiso. Antes de atacar a Moyano y por ende a la CGT,
prudentemente profundizó su alianza con los empresarios e
industriales.
“Dividir para reinar”… pero malo para el país.
|