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Cada sábado, el presidente de Estados Unidos se dirige en un
discurso por radio a la nación. Después de esto, viene la
réplica de los demócratas, normalmente pronunciada por un
senador o un diputado. El sábado pasado, los demócratas
escogieron al Teniente General retirado
Ricardo Sanchez para que pronuncie la respuesta, el mismo
general que está acusado de autorizar torturas y tratos crueles,
inhumanos y degradantes a prisioneros en Irak en al menos tres
demandas en Estados Unidos y Europa. Esto, en combinación con el
apoyo que los demócratas dieron al Fiscal General Michael
Mukasey a pesar de su negativa a calificar como tortura al
llamado “submarino” (waterboarding), indica que los demócratas
están cada vez más alineados con la política sobre la tortura
del presidente Bush.
Sánchez dirigió las operaciones del ejército en Irak desde Junio
de 2003 hasta Junio de 2004. En Septiembre de 2003, Sánchez
emitió un memorando en el que autorizaba numerosas técnicas,
incluyendo “posturas forzadas” y el uso de “perros adiestrados
por el ejército” para explotar el “miedo de los árabes a los
perros” durante los interrogatorios. Sánchez estaba al mando del
ejército cuando ocurrieron los abusos en la prisión de
Abu Ghraib.
La Brigadier General Janis Karpinski, que dirigió
Abu Ghraib durante ese período, trabajó bajo las
órdenes del General Sánchez. Fue degradada a coronel, y fue la
única oficial militar en ser castigada. Janis Karpinksi me contó
acerca de otra práctica ilegal, la de mantener a prisioneros
como "presos fantasma", según se los llama: “Se nos ordenó en
distintas ocasiones desde el Pentágono, directamente de parte
del Secretario Rumsfeld, a través de la General Bárbara Fast o
el General Sánchez, que mantuviéramos prisioneros sin asignarles
un número de prisionero o incluirlos en la base de datos, y eso
va contra la Convención de Ginebra. Todos sabíamos que era
contrario a la Convención de Ginebra”. También me contó que
además de mantener detenidos a prisioneros no incluidos en la
base de datos hubo otros abusos, como subir la temperatura en la
prisión hasta los 50 ó 60 grados centígrados (120 ó 140 grados
Fahrenheit), la deshidratación y la orden del General
Geoffrey Miller de tratar a los prisioneros “como perros”.
Y no se limita sólo al trato de los prisioneros. En 2006,
Karpinski testificó en un simulacro de juicio llamado Comisión
de Crímenes de Bush (Bush Crimes Commission). Reveló que varias
soldados estadounidenses habían muerto por deshidratación al
negarse a tomar agua. Las soldados tenían miedo de salir de
noche a las letrinas para orinar, por temor a ser violadas por
sus compañeros soldados: “Las mujeres, temerosas de levantarse
de noche para ir a los baños químicos o a las letrinas, no
bebían líquidos después de las 3:00 ó 4:00 de la tarde. Y con un
calor de 50 grados o más, ya que no había aire acondicionado en
la mayor parte de las instalaciones, morían por deshidratación
mientras dormían. Lo que [el subcomandante general de Sánchez,
Walter Wojdakowski] dijo al cirujano fue que, ‘No incluya esos
detalles en adelante. Y específicamente no mencione que son
mujeres. Puede incluir estos detalles en un informe escrito,
pero no lo comente abiertamente de ahora en adelante’”.
Karpinski dijo que Sánchez estuvo presente en esa reunión.
El ex interrogador del ejército Tony Lagouranis, autor de “Fear
Up Harsh”, describió el uso de los perros: “Usábamos perros en
el centro de detención de Mosul, que estaba en el aeropuerto de
Mosul. Poníamos al prisionero en un container. Lo manteníamos
despierto toda la noche con música y luces destellantes, en
posturas forzadas, y entonces hacíamos entrar a los perros. El
prisionero tenía los ojos vendados, así que realmente no
entendía qué estaba pasando, pero nosotros teníamos al perro
bajo control. El perro ladraba y saltaba sobre el prisionero, y
el preso no llegaba a entender lo que pasaba”.
Reed Brody, de Human Rights Watch , dio más detalles sobre
Sánchez: “Durante esos tres meses de caos que tuvieron lugar
delante de sus narices, nunca intervino. Más bien, engañó al
Congreso sobre aquello. Se le preguntó dos veces durante una
audiencia del Congreso si en alguna ocasión había aprobado el
uso de perros guardianes. Esto ocurrió antes de que se hiciera
público el memorando. Y en ambas ocasiones afirmó que nunca
había aprobado tal medida. Finalmente conseguimos el memorando,
en el que él aprueba, textualmente, ‘explotar el miedo que los
árabes les tienen a los perros’”. Brody desestimó el informe
militar que absuelve a Sánchez de todo acto ilícito:
“Simplemente no es creíble que el ejército siga investigándose a
sí mismo y que no deje de declararse inocente”.
No se trata de política partidaria. Se trata del rumbo moral del
país. Los demócratas pueden estar celebrando que un general
retirado se haya vuelto contra su comandante en jefe. Pero el
público debería pensar esto con mucha cautela.
Los demócratas tuvieron la oportunidad de sentar un precedente,
de exigir irrevocablemente a Mukasey que condene la técnica del
submarino antes de su ascenso a Fiscal General. Y ahora han
escogido como su portavoz a un general desacreditado, vinculado
con los más atroces abusos en Irak. El gobierno de Bush descartó
conceder un ascenso a Sánchez, por la preocupación de que se
reavivara el escándalo de Abú Ghraib durante el año electoral de
2006. Ahora son los demócratas los que lo han resucitado. ¿Es
que no tienen vergüenza?
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Amy Goodman es la presentadora de
Democracy Now! (www.democracynow.org), noticiero internacional
diario emitido por más de 650 estaciones de radio y televisión
en Estados Unidos y el mundo. © 2007 Amy Goodman
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