270208 -
Me sentía especialmente animada mientras
entraba corriendo al estudio de televisión para dar comienzo a nuestro
programa posterior al
Gran
Martes. Las informaciones iniciales de todo el país indicaban una
participación de votantes sin precedentes, al menos en las elecciones
primarias de los demócratas, que multiplicaba varias veces la de
elecciones anteriores. Durante años hice cobertura de elecciones en
países como Haití, donde la gente arriesgaba la vida para ir a votar,
mientras que EE.UU. tiene uno de los índices de participación más bajos
del mundo industrializado. ¿Podría ser posible que este año sea
diferente?
En el camino
me crucé con un amigo y le pregunté si había votado. “No puedo votar”,
me dijo, “porque una vez estuve en prisión”. Le pregunté si hubiera
votado de poder hacerlo. “Por supuesto que sí. Porque de ese modo no me
limitaría a protestar inútilmente, estaría haciendo algo por solucionar
las cosas”.
La privación del derecho al voto por la comisión de un delito es la
práctica llevada a cabo por los gobiernos estatales para impedir que
alguien condenado por un delito mayor pueda votar, incluso aún después
de haber cumplido su condena. En Virginia y Kentucky, las personas
condenadas por haber cometido cualquier tipo de delito mayor no pueden
volver a votar jamás (esto incluiría a “Scooter” Libby, aunque nunca
haya ido a la cárcel, a menos que se le conceda el perdón). Otros ocho
estados tienen en funcionamiento leyes de privación permanente del voto
por la comisión de delitos mayores, con ciertas condiciones que permiten
a la gente volver a los padrones electorales: Alabama, Arizona,
Delaware, Florida, Mississippi, Nevada, Tennessee y Wyoming.
La privación
del derecho al voto adopta muchas formas, y tiene un impacto fundamental
sobre la política electoral. En Ohio en 2004, abundaban las historias
sobre máquinas de votación que no funcionaban, falta de papeletas o
escasez de máquinas de votación. Además está el caso de Florida en el
año 2000. Muchas personas siguen creyendo que
George W. Bush obtuvo su victoria electoral gracias a Ralph Nader,
que cosechó alrededor de 97.000 votos en Florida. Una cantidad diez
veces superior a la de los votantes de Nader en Florida sufrió la
prohibición de votar en ese estado. ¿Por qué? Actualmente, más de
1.100.000 habitantes de Florida están condenados por haber cometido
delito mayor y, por lo tanto, no se les permite votar. No podemos saber
con exactitud por quién habrían votado, pero según dijo recientemente la
académica, abogada y activista Angela Davis en un discurso en honor del
Dr.
Martin Luther King Jr. en Mobile, Alabama, “Si no hubiéramos tenido
en vigor la ley de privación del derecho al voto por comisión de delitos
mayores, de ninguna manera
George W. Bush estaría en la
Casa Blanca”.
Dado que la
privación del derecho al voto por comisión de delitos mayores afecta de
manera desproporcionada en EE.UU. a los hombres de origen
afroestadounidense y latino, y dado que estos grupos sociales votan
mayoritariamente a los demócratas, estas leyes fortalecen la posición
del Partido Republicano. Las estadísticas son estremecedoras. Ryan King,
analista político del Sentencing Project en Washington, D.C., resumió
los datos más recientes:
Alrededor
de 5,3 millones de ciudadanos estadounidenses no tienen derecho a votar
debido a la ley de privación del derecho al voto por la comisión de
delitos mayores; 2 millones de ellos son afroestadounidenses. De ellos,
1,4 millones son hombres, lo que se traduce en un increíble 13 por
ciento de esa población, un nivel siete veces mayor que en la población
general. Cuarenta y ocho estados tienen en vigor alguna forma de
privación del derecho al voto por comisión de delitos mayores. Todos
prohíben votar desde prisión, también prohíben la participación
electoral mientras uno se halla en libertad condicional o libertad
vigilada. Dos estados, Maine y Vermont, permiten a los presos votar
desde prisión, al igual que ocurre en Canadá y otra serie de países.
Los políticos
y los analistas hablan con entusiasmo sobre de la masiva participación
en las primarias y los caucus. Hay cada vez mayores porcentajes de
mujeres que participan, y los informes iniciales indican que también hay
mayor participación de jóvenes. El voto joven es especialmente
importante, ya que los jóvenes tienen menos interés personal puesto en
el status quo y pueden mirar con ojos nuevos las
viejas injusticias que privan a tantos de sus derechos. En este
contexto, vale la pena repetir uno de los pronósticos del Sentencing
Project: “Dada la tasa actual de encarcelamientos, 3 de cada 10 hombres
negros de la próxima generación será privada del
derecho al voto en algún momento de su vida. En los estados que privan
del derecho al voto a los ex delincuentes, hasta el 40 por ciento de los
hombres negros podría perder de manera permanente su derecho al voto”.
Ryan King,
del Sentencing Project, declaró: “Estamos presionando constantemente en
todo el país para que haya un cambio de legislación. Pero la educación
del público es absolutamente crucial. Hay tantas leyes distintas que la
gente simplemente no sabe que se les ha restituido el derecho al voto...
Esto incluye al personal que trabaja en los gobiernos estatales y que
brinda información incorrecta”.
Llamé a mi amigo para decirle que estaba mal informado. Hacía años que
ya no estaba en libertad condicional o en libertad vigilada. “Puedes
votar”, le dije. “Solamente tienes que registrarte”. Pude oír cómo
sonreía al otro lado de la línea.
Amy Goodman es
la presentadora de Democracy Now! (www.democracynow.org/es),
noticiero internacional diario emitido
por más de 650 emisoras de radio y TV en Estados Unidos y el mundo.
© 2008 Amy Goodman - Traducido por: Ángel
Domínguez y Democracy Now! en español,
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