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131008 - Las crónicas ya han llegado, y el
reciente debate de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos,
celebrado en la ciudad de Nashville, Tennessee, fue para dormir a
cualquiera. Uno de los problemas es que, en un debate, es importante que
los participantes estén realmente en desacuerdo. Pero los senadores
Barack Obama y John McCain coinciden sustancialmente en muchos asuntos.
Ésta es una de las razones más importantes por las que los debates
deberían ser abiertos y por las que los candidatos de los terceros
partidos e independientes deberían ser incluidos.
Consideremos el colapso financiero global. Ambos senadores votaron en
favor del polémico proyecto de ley de rescate financiero que
inicialmente fue rechazado en la Cámara de Representantes de Estados
Unidos. En el Senado fue aprobado de manera rotunda y, engordado con
favores económicos para lograr el apoyo de los poco colaboradores
miembros de la Cámara de Representantes, finalmente también fue aprobado
por la Cámara Baja. Las noticias que aparecen día a día sugieren que el
plan de rescate no ha solucionado el problema. Más bien, el contagio
económico se está expandiendo a todo el mundo, y ya hay bancos europeos
y asiáticos al borde del colapso. Islandia –no sólo sus bancos, sino el
país entero– se enfrenta a la ruina financiera.
El martes temprano, antes del debate, la Reserva Federal de Estados
Unidos anunció que por primera vez en su historia empezaría a comprar la
deuda de empresas privadas para ayudarlas a satisfacer sus necesidades
de efectivo a corto plazo para que cumplan con obligaciones tales como
el pago de los sueldos. Poco después de que finalizara el debate, los
principales bancos centrales del mundo, de nuevo por primera vez en la
historia, recortaron los tipos de interés de forma simultánea. Y aún
así, en el debate no había una sensación de que el sistema financiero
mundial necesite algo más que un simple recorte de impuestos por aquí,
un vale de pago por allá. Lo más importante que faltó en el debate fue,
precisamente, el propio debate.
Bob Barr, candidato a la presidencia por el Partido Libertario, opinó
sobre el debate. Escribió: “El senador McCain, el senador Barack Obama y
los otros miembros del Congreso que han apoyado un plan de rescate
financiero tras otro han convertido la responsabilidad fiscal en un
absurdo... No hay una diferencia significativa entre los dos principales
partidos.” La campaña del candidato independiente Ralph Nader hizo
circular un correo electrónico de seguimiento del debate, en el que se
pedía a sus partidarios que estuvieran atentos a palabras y frases
clave, entre ellas “clase trabajadora”, “Ley Taft-Hartley”, “sindicatos
de trabajadores”, “complejo militar-industrial”, “sistema de salud de
pagador único”, “juicio político”, “impuesto al carbono” y “poder
corporativo”. Ninguna de estas expresiones fue mencionada.
Los seguidores de Obama hicieron notar que McCain no mencionó ni una
sola vez “clase media”. Pero ninguno de los dos candidatos
presidenciales mencionó la pobreza. Obama y McCain se esforzaron para
demostrar quién era más afín a la industria de la energía nuclear. Ambos
se inclinaron ante la industria del carbón y su controvertida táctica
del “carbón limpio”. Apenas si se diferenciaban sus posturas con
respecto a la cautela a la hora de bombardear Pakistán.
El núcleo del problema de los debates presidenciales en Estados Unidos
es que los organiza una empresa privada, la Comisión para los Debates
Presidenciales (CPD, por sus siglas en inglés), fundada en 1987 por los
partidos Republicano y Demócrata. La CPD le arrebató la responsabilidad
del proceso de los debates a la Liga de Mujeres Votantes. Solamente en
una ocasión desde entonces un candidato de un tercer partido logró
participar en el debate (Ross Perot, en 1992). Después de haber obtenido
buenos resultados, Perot fue excluido de los debates de 1996. La CPD
exige a los candidatos que tengan al menos 15 por ciento de intención de
voto en las encuestas para poder participar en los debates.
Nader llama al límite de 15 por ciento “un círculo vicioso, un nivel de
apoyo que es casi imposible obtener para cualquier candidato de un
tercer partido político sin conseguir en primer lugar participar en los
debates”.
George Farah dirige Open Debates, una organización que trabaja “para
asegurar que los debates presidenciales sirvan al pueblo estadunidense
antes que a nadie más”. Farah me dijo que “históricamente, han sido los
terceros partidos, no los partidos mayoritarios, los que han apoyado y
han sido responsables por la abolición de la esclavitud, el sufragio de
las mujeres, las escuelas públicas, el poder público, el seguro de
desempleo, el salario mínimo, las leyes contra el trabajo infantil. La
lista sigue y sigue. Los dos partidos principales no son capaces de
enfrentar un asunto particular; surge un tercer partido, recibe el apoyo
de decenas de millones de estadunidenses, y obliga a los partidos
Republicano y Demócrata a apropiarse del problema, o el tercer partido
tiene éxito y se establece como una organización mayoritaria, que es
exactamente lo que ocurrió en su momento con el Partido Republicano”.
Existe una iniciativa para organizar un debate entre los terceros
partidos en Nueva York, más o menos un día después del último debate
entre McCain y Obama, que será el 15 de octubre. La CPD aún tiene la
oportunidad de insuflar nueva vida al último debate –y servir así al
electorado y a la historia– abriéndolo a todos los candidatos y
candidatas que hayan obtenido al menos una presencia significativa en
las boletas electorales de los diferentes estados. Tanto Ralph Nader
como Bob Barr están en las boletas de casi 45 estados. Cynthia McKinney,
del Partido Verde, está en las boletas de 30 estados, y el candidato del
Partido Constitucional, Chuck Baldwin, está en las de más de 35 estados.
Abramos los debates y tengamos una enérgica y honesta discusión sobre
hacia dónde debe encaminarse el país. No sólo estaríamos contribuyendo a
una mejor televisión, sino ayudando a tener una mejor democracia.
Denis Moynihan colaboró en la investigación para desarrollar esta
columna.
* Amy Goodman es presentadora de Democracy Now!, un informativo diario
de televisión y radio de una hora de duración en inglés que se emite en
más de 500 estaciones de Estados Unidos y más de 200 radioemisoras de
todo el mundo en español. Ha sido galardonada con el Premio Right
Livelihood 2008, también llamado “Nobel Alternativo”, y recibirá el
galardón en diciembre en el Parlamento de Suecia.
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