Se suponía que el paquete de rescate financiero de
700 mil millones de dólares, conocido como el Programa de Alivio de
Activos en Problemas, TARP, por sus siglas en inglés, obligaría a
eliminar las compensaciones exorbitantes a ejecutivos y los llamados
“contratos blindados”. Mientras los contribuyentes estadounidenses
pagan con los dólares que tanto les costó ganar, los ejecutivos de
alto vuelo y los directorios de las empresas ahora están
considerando adjudicarse bonificaciones multimillonarias.
Según el Washington Post, el lenguaje específico de
la ley TARP que prohibía dichos pagos extraordinarios fue cambiado a
último momento, mediante una pequeña pero importante edición de una
oración realizada por el gobierno de Bush. El Post informó: “El
cambio estipuló que la pena se aplicaría solamente a las empresas
que recibieron fondos del rescate mediante la venta al gobierno de
activos en problemas en una subasta”.
Lea la letra chica. De los fondos de rescate del
TARP a ser desembolsados, tan sólo se les impondrían límites en el
pago a ejecutivos a aquellos fondos que técnicamente se gastaron “en
una subasta”. Pero el Secretario del Tesoro Henry Paulson y su ex
colega de Goldman Sachs, Neel Kashkari (sí, se pronuncia “cash carry”,
que en inglés significa ‘llevar dinero’), que está a cargo del
programa, no tienen intención de gastar los fondos en subastas.
Prefieren su Programa de Compra de Capital, que entrega dinero en
efectivo en forma directa. Recuerden el curriculum vitae de
Henri Paulson:
comenzó como asistente especial de John Ehrlichman durante el
gobierno de Nixon y luego continuó trabajando durante un cuarto de
siglo para
Goldman Sachs, una de las mayores receptoras de fondos del
rescate financiero y principal competidora de
Lehman Brothers, la
empresa que
Paulson dejó que quebrara.
La Oficina de Responsabilidad del Gobierno publicó
un informe sobre el TARP el 10 de diciembre, en el que expresa
preocupaciones sobre la falta de supervisión de las empresas que
recibieron fondos del rescate. El informe plantea que “sin una
fuerte función de supervisión y monitoreo, la capacidad del Tesoro
de asegurar un nivel adecuado de rendición de cuentas y
transparencia será limitada”. La organización de noticias sin fines
de lucro ProPublica ha hecho un seguimiento del programa de rescate
que reveló detalles que permanecen ocultos por el Tesoro. Al martes
pasado, 202 instituciones habían obtenido fondos de rescate por un
total de alrededor de 250 mil millones de dólares.
La Presidenta de la Cámara de Representantes,
Nancy Pelosi, dijo recientemente: “La implementación del TARP por parte
del Departamento del Tesoro no es suficientemente transparente y no
rinde cuentas a los contribuyentes estadounidenses”. Barney Frank,
diputado demócrata de Massachussetts y presidente del Comité de
Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, dijo
anteriormente: “La utilización de estos fondos (…) para
bonificaciones, para el pago de indemnizaciones por despidos, para
dividendos, para la adquisición de otras instituciones, etc., es una
violación a las disposiciones de la ley”.
El senador Republicano Charles Grassley de Iowa dijo
acerca del vacío legal: “Las delgadas restricciones a las
compensaciones a ejecutivos en el proyecto de ley original
desaparecieron”. Dejando de lado por el momento que los tres votaron
a favor de la legislación, la ley claramente debe ser corregida
antes de que se otorguen fondos adicionales.
Las sumas de dinero que se están llevando estos
titanes de
Wall Street son estremecedoras. En su informe anual
“Exceso Ejecutivo”, los grupos United for a Fair Economy (Unidos por
una economía justa) y el Institute for Policy Studies (Instituto de
Estudios sobre Políticas) informaron que la compensación de 2007
para Lloyd Blankfein, Presidente de Goldman Sachs (el sustituto de
Paulson) fue de 54 millones de dólares, y la de John Thain,
Presidente de Merril Lynch, fue la cifra astronómica de 83 millones
de dólares. Desde entonces Merrill fue vendida a Bank of America,
luego de perder más de 11 mil millones de dólares este año; sin
embargo, Thain aún quiere una bonificación de diez millones.
Paulson, Kashkari y su jefe, el Presidente
George W.
Bush, quizá no sean las personas más indicadas para gastar los
próximos 350 mil millones de dólares del dinero de los
contribuyentes estadounidenses, apenas semanas antes de que se reúna
el nuevo Congreso, el 6 de enero, y de que
Barack Obama asuma la
presidencia, el 20 de enero. Al igual que el informante de
Watergate, Garganta Profunda, le habría dicho a Bob Woodward cuando
Paulson recién comenzaba: “Sigue la pista del dinero”. El pueblo
estadounidense, sus representantes en el Congreso y el nuevo
gobierno de Obama deben seguir el rastro del dinero, remediar el
vacío legal en relación con el pago a ejecutivos y exigir rendición
de cuentas de los bancos rescatados por el público.
Denis Moynihan colaboró como investigador para esta
columna.
Amy Goodman es presentadora de Democracy Now! un
noticiero diario de una hora que se emite por radio y televisión en
más de 550 emisoras en inglés y 200 emisoras en español.
© 2008
Amy Goodman