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100409 - Cuando el Presidente
Barack Obama hizo su aparición pública con el Presidente
turco Abdullah Gul el lunes, en el marco de su primer viaje a un
país musulmán, agentes federales de
Estados Unidos se
preparaban para arrestar a Youssef Megahed en Tampa, Florida.
Apenas tres días antes, el viernes, un jurado de un tribunal
federal de distrito de
Estados Unidos lo había absuelto de los cargos de
transportar ilegalmente explosivos y de posesión de un artefacto
explosivo.
Al reunirse con Gul,
Obama prometió “diseñar una serie de estrategias que puedan
resolver la división entre el mundo musulmán y Occidente y
hacernos más prósperos y más seguros”.
Al ser absuelto por un jurado integrado por sus pares, Youssef
Megahed pensó que estaba seguro, de regreso con su familia. Se
había anotado en su último curso en la Universidad de South
Florida que le permitiría obtener su título universitario.
Luego, la pesadilla de la que acababa de salir, volvió. Su padre
me dijo: “Ayer, cerca de las doce en punto del mediodía, llevé a
mi hijo a comprar algo a Wal-Mart, que está en Bruce B. Downs,
cuando recibimos una llamada de nuestro abogado diciendo que nos
encontráramos con él de inmediato, por algún motivo. Por eso
salí de la tienda, y cuando llegamos al estacionamiento, nos
vimos rodeados por más de siete personas. Vestían ropa normal
sin placas ni identificación de ningún tipo, nos rodearon y me
entregaron un papel. Y me dijeron, ‘Firme esto.’ ‘Firmar esto,
¿Para qué?’, pregunté, ‘¿Esto, para qué?’ Me dijeron ‘Vamos a
llevarnos a su hijo porque vamos a deportarlo’”.
Mientras avanza el procedimiento de deportación, Youssef Megahed
está bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de
Aduanas de Estados Unidos
(ICE, por sus siglas en inglés). Las acusaciones son las mismas
por las que fue absuelto. En agosto de 2007, Megahed y un
compañero suyo, también estudiante de la Universidad de South
Florida, hicieron un viaje en auto a Carolina del Sur y del
Norte. Cuando fueron obligados a detenerse por exceso de
velocidad, los policías descubrieron algo en el baúl del auto,
que describieron como explosivos. El otro acusado junto a
Megahed, Ahmed Mohamed, dijo que eran fuegos artificiales
caseros.
Los fiscales hiceron referencia a un video en
Internet realizado por Mohamed, en el que se dijo que
enseñaba cómo convertir un juguete en un detonador de
explosivos. Ante la posibilidad de pasar 30 años tras las rejas,
Mohamed hizo un acuerdo para declararse culpable y ahora cumple
una condena de 15 años. Youssef Megahed se declaró inocente. El
jurado federal del juicio estuvo de acuerdo con los argumentos
de la defensa de que era un pasajero accidental y totalmente
inocente de cualquier acto ilícito.
Aquí es donde entra el Servicio de Inmigración y Control de
Aduanas. A pesar de que se levantaron los cargos penales en su
contra, resulta que la gente aún puede ser arrestada y deportada
por los mismos cargos. La Constitución de
Estados Unidos protege
a la gente de ser acusada dos veces del mismo delito. Pero en el
turbio mundo de la detención de inmigrantes, resulta que
arrestar a alguien dos veces por el mismo delito es totalmente
legal.
Ahmed Bedier, el presidente del Consejo de
Derechos Humanos de Tampa y co-conductor de “True Talk”, un
programa sobre temas mundiales que se transmite en la radio
comunitaria de Tampa WMNF, y se centra en los musulmanes y los
estadounidenses musulmanes, critica los permanentes ataques del
gobierno federal contra la comunidad musulmana estadounidense y
señala en particular a la Fuerza de Tarea Conjunta Contra el
Terrorismo
(JTTF, por sus siglas en inglés). Bedier dice que la JTTF “no
solo incluye a agentes federales del FBI, sino también a
inspectores postales, agentes del Servicio de Impuestos Internos
(IRS, por sus siglas en inglés), subinspectores de policía
locales y sub comisarios de policía y todo tipo de agentes del
cumplimiento de la ley”, y cuando un organismo no logra detener
a un individuo, otro organismo entra en escena. “Es como un
pulpo”, dice.
Cuando el veredicto de “inocente” fue leído en el tribunal el
viernes pasado, el padre de Youssef Megahed, Samir, se acercó a
los fiscales. Bedier describe lo que hizo: “Sorprendió a mucha
gente. Se acercó a los fiscales, la gente que había estado tras
su hijo durante varios años, y les dio la mano, extendió su
mano, y le dio la mano a los fiscales y a los agentes del FBI, y
luego también le dio la mano al juez. El juez le dio un apretón
de manos a Youssef, y le deseó ‘buena suerte en el futuro’. Y
pensaron que estaban, ya sabes…el caso había terminado”.
El Presidente
Obama dijo en
Turquía: “No nos consideramos una nación cristiana, ni una
nación judía, ni musulmana. Nos consideramos una nación de
ciudadanos unidos por ideales y un conjunto de valores”.
Hasta el lunes, Samir Megahed elogiaba el sistema judicial de
Estados Unidos. Me
dijo en Democracy Now “Me siento feliz, y estoy muy orgulloso
porque el sistema funciona. Y siento felicidad porque el jurado
eligió el final feliz para la historia mala, que tuvo a mi hijo
detenido durante dos años”. En una conferencia de prensa luego
del arresto de su hijo por parte del Servicio de Inmigración y
Control de Aduanas, dijo: “Estados
Unidos es el país de la libertad. Creo que no hay libertad
aquí. Para los musulmanes no hay libertad”.
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta
columna.
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