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130510 - El capitalismo tiene
legiones de apologistas. Muchos lo hacen de buena fe, producto
de su ignorancia y por el hecho de que, como decía
Carlos Marx, el sistema es opaco y su naturaleza explotadora
y predatoria no es evidente ante los ojos de mujeres y hombres.
Otros lo defienden porque son sus grandes beneficiarios y amasan
enormes fortunas gracias a sus injusticias e inequidades.
Hay además otros ("gurúes" financieros, "opinólogos",
"periodistas especializados", académicos "bienpensantes" y los
diversos exponentes del "pensamiento único") que conocen
perfectamente bien los costos sociales que en términos de
degradación humana y medioambiental impone el sistema. Pero
están muy bien pagados para engañar a la gente y prosiguen
incansablemente con su labor. Ellos saben muy bien, aprendieron
muy bien, que la "batalla de ideas" a la cual nos ha convocado
Fidel es absolutamente estratégica para la preservación del
sistema, y no cejan en su empeño.
Para contrarrestar la proliferación de versiones idílicas acerca
del capitalismo y de su capacidad para promover el bienestar
general examinemos algunos datos obtenidos de documentos
oficiales del sistema de
Naciones Unidas. Esto es sumamente didáctico cuando se
escucha, máxime en el contexto de la crisis actual, que la
solución a los problemas del capitalismo se logra con más
capitalismo; o que el G-20, el
FMI, la Organización Mundial del Comercio y el Banco
Mundial, arrepentidos de sus errores pasados, van a poder
resolver los problemas que agobian a la humanidad. Todas estas
instituciones son incorregibles e irreformables, y cualquier
esperanza de cambio no es nada más que una ilusión. Siguen
proponiendo lo mismo, sólo que con un discurso diferente y una
estrategia de "relaciones públicas" diseñada para ocultar sus
verdaderas intenciones. Quien tenga dudas mire lo que están
proponiendo para "solucionar" la
crisis en Grecia: ¡las mismas recetas que aplicaron y siguen
aplicando en América Latina y África desde los años ochenta!
A continuación, algunos datos (con sus respectivas fuentes)
recientemente sistematizados por CROP, el Programa Internacional
de Estudios Comparativos sobre la Pobreza radicado en la
Universidad de Bergen, Noruega. CROP está haciendo un gran
esfuerzo para, desde una perspectiva crítica, combatir el
discurso oficial sobre la pobreza elaborado desde hace más de
treinta años por el Banco Mundial y reproducido incansablemente
por los grandes medios de comunicación, autoridades
gubernamentales, académicos y "expertos" varios.
Población mundial: 6.800 millones, de los cuales
1.020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009)
2.000 millones no tienen acceso a medicamentos (www.fic.nih.gov)
884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008)
924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat
2003)
1.600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, “Urban Energy”)
2.500 millones sin sistemas de dreanajes o cloacas (OMS/UNICEF
2008)
774 millones de adultos son analfabetos (www.uis.unesco.org)
18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría
de niños menores de 5 años. (OMS)
218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en
condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes
como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la
construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del
trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006)
Entre 1988 y 2002, el 25% más pobre de la población mundial
redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1,16% al
0,92%, mientras que el opulento 10% más rico acrecentó sus
fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71,1% de la riqueza
mundial . El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso
el empobrecimiento de muchos.
Sólo ese 6,4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería
suficiente para duplicar los ingresos del 70% de la población
mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y
sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se
lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento
adicional producido entre 1988 y 2002 del 10% más rico de la
población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas.
Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para
las clases dominantes del capitalismo mundial.
Conclusión: si no se combate la pobreza (¡ni se hable de
erradicarla bajo el capitalismo!) es porque el sistema obedece a
una lógica implacable centrada en la obtención del lucro, lo que
concentra la riqueza y aumenta incesantemente la pobreza y la
desigualdad económico-social.
Después de cinco siglos de existencia esto es lo que el
capitalismo tiene para ofrecer. ¿Qué esperamos para cambiar al
sistema? Si la humanidad tiene futuro, será claramente
socialista. Con el capitalismo, en cambio, no habrá futuro para
nadie. Ni para los ricos ni para los pobres. La sentencia de
Federico Engels, y también de
Rosa Luxemburgo: "socialismo o barbarie", es hoy más actual
y vigente que nunca. Ninguna sociedad sobrevive cuando su
impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su
motor es la ganancia. Más temprano que tarde provoca la
desintegración de la vida social, la destrucción del medio
ambiente, la decadencia política y una crisis moral. Todavía
estamos a tiempo, pero ya no queda demasiado -
Atilio
Borón
Pateando traseros
Atilio A. Boron
Rebelión
Días atrás el presidente Barack Obama pidió a sus colaboradores
que le dijeran cuál era el trasero que tenía que patear para
castigar al culpable del peor desastre ecológico de la historia
producido por la BP en el mar Caribe. Recogiendo tan sana
inquietud me permito proponerle una lista, preliminar, de
traseros a patear.
En primer lugar, debería solicitarle a la Primera Dama que le
propine una buena patada en su presidencial trasero porque usted
no es “el negrito del batey” -como le llaman en el Caribe al
chico de los mandados- sino el primer magistrado de la más
formidable superpotencia que jamás haya existido sobre la faz de
la tierra. Y si los bandidos de la BP contaminan las costas de
su país es porque usted –así como sus predecesores- ha sido
blando, débil y timorato con los oligopolios petroleros que hace
décadas vienen practicando un verdadero “ecocidio” en Alaska y
en el Golfo de México, donde accidentes como el que hoy lo
desvela era seguro que, más pronto que tarde, irían a
producirse. Blandura y complicidad también evidenciada con los
truhanes del casino financiero global, con sede en Wall Street,
que primero provocan una crisis y luego exigen un rescate que
usted ejecuta con fondos públicos, expropiando el ahorro y los
ingresos de los contribuyentes norteamericanos. Un puntapié en
su trasero por ignorar que esas grandes firmas están casi
invariablemente dirigidas por delincuentes de “guante blanco”,
protegidos por la Casa Blanca, los congresistas de ambas
cámaras, los grandes medios y los lobbies que financian las
campañas políticas de representantes y senadores a cambio de
garantizar la impunidad de los oligopolios en su agresión al
medio ambiente. Pero además su esposa Michelle debería darle
otro puntapié a su trasero por caer en el infantilismo de creer
que se construye poder político apelando a los twitters,
facebooks y demás gadgets informáticos. Eso puede,
ocasionalmente, crear un efímero clima de opinión pero nada más.
Para combatir a los tiburones de Wall Street y al complejo
militar-industrial se requiere mucho más que eso. Mire lo que
hizo uno de sus predecesores, Franklin D. Roosevelt, que pudo
realizar muy significativos cambios en la economía de EEUU (ley
del seguro social, riguroso control del sistema bancario,
impuestos a la riqueza y la renta, banco central, etcétera)
apoyado en dos instituciones que movilizó y potenció en su
gravitación: sindicatos obreros y su propio partido. Usted,
deslumbrado por los progresos de la informática, pensó que en la
época actual estos recursos ya no sirven. Y se equivocó.
Pero no es usted el único que merece un buen puntapié. Otros
conspicuos traseros que claman por fuertes patadas son los del
Secretario de Energía de EEUU, los de los presidentes de las
comisiones de Energía de la Cámara de Representantes y del
Senado y, por supuesto, los sucios traseros de los integrantes
de su equipo de asesores económicos (y muy especialmente
Lawrence Summers y Robert Rubin, artífices de la completa
desregulación del mercado financiero y autores intelectuales de
la actual crisis económica). No se olvide también de propinarle
otro a los estafadores de Goldman Sachs, que “dibujaron” los
números macroeconómicos de Grecia (¡y vaya uno a saber de
cuántos países y empresas más!) y los bribones de Moody’s, que
con sus fraudulentos cálculos de “riesgo país” favorecieron a
sus socios sumiendo a numerosos países en profundas crisis
económicas.
Ya que estamos en esto no se olvide de asestarle también una
violenta patada en el trasero a sus compinches y peones en Tel
Aviv, que se creen que tienen licencia para matar impunemente a
palestinos, o someterlos, como en Gaza, a un lento genocidio
parecido al que el pueblo judío tuvo que soportar a manos de los
nazis, por ejemplo, en el ghetto de Varsovia. Y, de paso, usted
merece otro puntapié en su insigne trasero por olvidarse que es
un Premio Nóbel de la Paz y respaldar a ese gobierno de
fanáticos fundamentalistas, racistas y genocidas -que gracias a
la política imperialista de sucesivos gobiernos estadounidenses
disponen de las únicas armas atómicas que hay en Medio Oriente-
y permitir que continúen burlando las disposiciones de la ONU y
las reglas más elementales de la legalidad internacional.
Puntapié más que merecido porque sabiendo todo esto usted se
empecina en denunciar el armamento nuclear que... ¡podría llegar
a tener Irán, pero que ahora no tiene! De paso, podría darle un
buen puntapié a la Secretaria Hillary Clinton, preocupadísima
por la carrera armamentista según ella desencadenada por
Venezuela, pese a que su gasto militar apenas equivale a la
cuarta parte del de Colombia. ¡Ay!
Director del Pled/Centro Cultural de la Cooperación
www.atilioboron.com
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