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Una educación verdaderamente humana
Carlos Blanco
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LOE Puntos principales - España Al día - Textos sobre Ciencias Sociales

La Ley Orgánica de Educación (LOE), planteada por el actual gobierno socialista de España, ha causado una gran polémica desde su misma gestación. Parece como si las sucesivas reformas educativas estuviesen sujetas a la sospecha desde el principio, a un envenenamiento originario y a una desconfianza totales de las que ninguna fuerza política puede librarse.

            Claro está, a mi juicio, que la educación no es una cuestión más. La educación no es una materia politizable sin más, porque una politización de la educación conlleva, en realidad, una deseducación, una ideologización, que es lo más contrario al espíritu de apertura, innovación y capacidad de trascender los propios criterios que todo modelo de educación debe albergar.

            Creo que la ley propuesta por el Gobierno adolece de defectos tan serios, que si realmente pretendía ser una alternativa a la LOCE (la Ley Orgánica de Calidad del anterior gobierno del Partido Popular, mediocre también donde las haya), su única semejanza con dicho deseo no pasa de la pura coincidencia. La ley es mala, simple y uniformista, no tiene ni unos objetivos generales buenos ni unos objetivos concretos razonables. Puede condenar a la educación española a otras décadas de postración, y hacer de nuestro país un verdadero invierno científico y educativo, el hazmerreír de los demás miembros de la Unión Europea, que ven cómo los modelos educativos no hacen justicia, ni de lejos, al potencial intelectual y cultural de España. Frente a un Reino Unido donde la mayoría de los niños han estudiado griego y latín, y discuten los dramas de Shakespeare en clase, nos encontramos con unos estudiantes españoles que escriben mal, no comprenden lo que leen, no saben expresarse, carecen de una cultura general mínima, no se interesan por temas intelectuales, tienen como referencias a figuras frívolas y anodinas, y que difícilmente van a ser capaces de aportar algo notable al futuro. Y no lo digo para exaltar la educación británica, que conozco por experiencia propia, ni los bachilleratos alemanes: Europa atraviesa una crisis (lo estamos viendo en Francia) cultural, intelectual y económica demasiado seria como para buscar modelos dentro de la misma Europa. Pero sí me parece que en muchos aspectos estos países nos superan con creces.

           

Para que esto no ocurra, pienso que deben tenerse en cuenta los siguientes factores:

1)       La Educación debe transmitir, ante todo, el afán de pregunta, de cuestionamiento y de fascinación ante lo que rodea al ser humano y lo que acontece en la historia y en el despliegue de las culturas.

2)       La Educación debe ser una puerta al espacio infinito de la tolerancia, donde se estudien las diversas escuelas de pensamiento, religiones, concepciones del mundo, teorías; con el mayor respeto y destacando en qué puede contribuir cada un en hacer un mundo más justo y humano.

3)       La Educación exige rigor; la Ciencia exige rigor y esfuerzo. Einstein no surge de la nada. Su genio fue sorprendente, sin duda alguna, pero antes de publicar sus revolucionarios artículos en Annalen der Physik estudió en profundidad la física clásica en la Escuela Politécnica de Zurich, tuvo que someterse (muy a su pesar) a una disciplina que quizás no coincidía en todo con sus preferencias- Y análogamente podríamos decir de grandes artistas, literatos, filósofos, estadistas e historiadores. Toda educación, por concepto, es estrecha, porque es imposible encuadrar el vasto océano del saber y las ansias potencialmente infinitas de conocimiento en unos límites temporales y espaciales. Precisamente por ello, los modelos educativos tienen que combinar la disciplina con la amplitud: ni un modelo franquista violento, ni una educación “a lo Bertrand Russell”, donde los niños hagan lo que quieran y no tengan por qué esforzarse. Un mínimo de exigencia, pero también un mínimo de libertad. Una escuela que no se dedique sólo a transmitir contenidos (por ejemplo, una lectura aséptica y acrítica de la historia de la literatura, sin enseñar a los alumnos a discutir las ideas de los escritores, a situarlas en sus contextos, a sacarles partida para el día de hoy), sino que trate a los alumnos como verdaderos sujetos educativos, y no como simples objetos a los que transmitir conocimientos. La escuela como espacio de aprendizaje, más que como contenido concreto de aprendizaje, donde el alumno tome las riendas de la educación: es lo que podríamos calificar como una “revolución copernicana en la educación”.

4)       Soy realista: muchos grandes genios difícilmente acabaron la escuela elemental (Edison, Saramago…), y sin embargo han aportado al mundo mucho más que los prototipos uniformizados y en ocasiones ridículos que hacen másters en Estados Unidos y acumulan títulos. Me entra la risa cuando hablan de que tal o cual político estudió en tal o cual prestigioso centro: ¿realmente le ha servido? ¿Piensa por su cuenta? Además, la mayoría de estos personajes (pensemos, por ejemplo, en familias burguesas españolas que mandan a sus hijos a Harvard) han accedido a una buena educación no por méritos (soy escéptico sobre los méritos de las grandes familias: me parecen nulos e inexistentes. Pueden haber contado con miembros ilustres, pero las familias que sólo se dedican a recordar su memoria y que se permiten el lujo de “vivir de las rentas”, de un prestigio social que ellos no han conseguido, sino sus ancestros, no me merecen mucha estima), sino por medios. Precisamente una buena educación en España tiene que comprometerse con el cese de la injusticia educativa: una educación de calidad para todos, donde todos reciban un mínimo riguroso y amplio de educación, donde también se contemplen las necesidades de los más capaces (que podrán aportar más a la sociedad) y de los menos capaces, que también tienen mucho que aportar (a veces más). Una educación pública de calidad, donde la igualdad exista, pero sin confundir igualdad con mediocridad o inoperancia. Lo público debe ser el espacio de la excelencia, de la exquisitez, de la amplitud, porque lo que prima es lo social, donde el hombre se descubre como hombre en los demás.

5)       No estoy en contra de la escuela privada, y creo que la LOE peca de excesivo intervencionismo a la hora de dejar elegir a los padres la educación de sus hijos. Pero también estoy en contra de que la escuela privada prospere a costa de la pública de que la gente prefiera la privada porque la pública sea mala. Me parece un fracaso social, que fomenta particularismos esclerotizantes (como ocurre, por ejemplo, con las diversas escuelas francesas, británicas o alemanas, que no niego que enseñen idiomas, pero que corren el riesgo de convertirse en “madrasas”, donde se enseña a ensalzar de modo acrítico una cultura en detrimento de otras, y donde se da una formación fragmentaria, localista y deficiente). El Estado debe garantizar, ante todo, la calidad de la escuela pública, y secundariamente de la privada (ciertamente, su deber es asistir a ambas). El problema es que la LOE no garantiza ni siquiera la calidad de la pública.

6)       La religión en la escuela ha pasado de ser un tema “tabú” en España a convertirse en una de las principales coartadas de los diversos grupos políticos y sociales. Pero, ¿coartada de qué? ¿Le beneficia a alguien que la religión, puesto que se enseña, se enseñe mal? No: cuanta más educación y cultura adquieran los alumnos, mejor. En religión no sólo se estudian dogmas y doctrinas de un grupo confesional particular (en este caso, católico, pero que esperamos en breve se amplíe a otras confesiones religiosas e incluso modelos culturales –budismo, agnosticismo…- que demanden también su espacio en la escuela pública); también se aprende a estudiar, a hablar, a leer, a escribir, a apreciar una dimensión de la persona humana que ha sido fundamental a lo largo de su historia, para bien o para mal (a mi juicio, más para bien que para mal). No habría habido Ilustración (anti-cirstiana) sin Cristianismo, sin ateísmo sin teísmo. Heidegger o Sartre serían impensables sin un bagaje religioso previo, sin tradiciones filosóficas, muchas de ellas teístas y religiosas, previas. Si queremos que la escuela sea el espacio de desarrollo de la persona en su plenitud, ¿por qué negar espacio a una dimensión de iure y de facto de la persona humana? Puede alegarse que faltan medios, o que hay otras prioridades. Pero, ¿cuáles son dichas prioridades? Todas las materias son prioritarias, todas las dimensiones del hombre son prioritarias.  Si se concibe la escuela como un espacio verdaderamente público, al que pueda acceder el hombre en su integridad, no podemos marginar una parte esencial de la cultura y del pensamiento, como es la religión (o, en su caso, modelos culturales alternativos: nihilistas, existencialistas, marxistas…, que podrían demandar, si contasen con el suficiente número de demandantes y con un programa de estudios riguroso, claro y pedagógicamente organizado, un lugar en la escuela). Por ello, no comprendo como la LOE no garantiza la enseñanza de la religión en horario escolar y con pleno reconocimiento académico (empiezo a pensar que los que han redactado la ley no han puesto sus ilustres pies en un colegio nunca: dicen que sería injusto que alguien dejase de acceder a la Universidad por suspender la religión. Primero, no conozco ningún caso de alguien que suspenda religión. Es más, en ella los niños sacan, por lo general, buenas notas. Si alguien suspende religión, es que estamos ante un caso grave de falta de trabajo, y en ese caso no me parecería oportuno que accediese a la Universidad para empeorar aún más la ya de por sí pésima calidad de muchos de estos centros de estudios superiores). Me parece absurdo, contra-social y reaccionario.

 

Con todo ello, y sin entrar en detalles particulares (itinerarios, número de materias suspensas con las que se puede pasar de curso, etc.) me creo capacitado para calificar de mala, o mejor, de muy mala la ley propuesta por el Gobierno. Un insulto a la Pedagogía, a los avances más recientes en dinámica educativa; un insulto a los profesores, a los padres y a los alumnos. Una ley “de urgencia”, escrita de modo prematuro, con la única finalidad de proponerse como alternativa a la LOCE. Pero, ¿acaso podemos plantear como alternativa algo incluso peor? La Educación es demasiado seria como para dejarla en manos de mediocres ministros, consejeros, políticos de tres al cuarto de uno y de otro bando (sin nivel intelectual alguno, sin propuestas firmes, vendidos al mejor postor). Un pacto educativo ya.

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El proyecto de Ley Orgánica de Educación (LOE) del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero viene con una suculenta memoria económica aparejada a la reforma. Son 6.000 millones de euros a cinco años vista, de los que el Ejecutivo pondrá el 55%.

Entre otras novedades del texto, destaca que se podrá repetir dos veces en 4º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), la promoción con tres suspensos en cada uno de los tres primeros cursos de la ESO, la creación de una asignatura fusión de la Etica, la Filosofía y los valores ciudadanos llamada Educación ético-cívica (en Secundaria) y Educación para la Ciudadanía (en Primaria) y la existencia de una prueba de madurez, a modo de Selectividad, que sólo examinará de los contenidos de 2º de Bachillerato.

Estos son algunos de los principales puntos que se incluyen en la sexta reforma educativa que hay en España en 27 años de democracia:

Asignatura de Religión

No será computable para pasar de curso, ir a la universidad u obtener becas. Según especificó la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, la materia no «se debe imponer en la escuela como una asignatura ni obligatoria ni evaluable» y «no debe condicionar el futuro de los estudiantes a la hora de decidir si quieren ser médicos, jardineros, matemáticos o arquitectos».

El proyecto de reforma se preocupa de dejar claro el trato igualitario que dará la Administración a todas las confesiones religiosas. Con respecto a la católica, se ciñe a señalar que se basará en los Acuerdos Iglesia-Estado.

En la actualidad, la Religión se imparte como asignatura voluntaria a los alumnos que así lo deseen. Generalmente, su alternativa es o bien las llamadas actividades de estudio -que cada centro configura a su manera- o bien Sociedad, Cultura y Religión. Las notas obtenidas en Religión no cuentan para promediar de cara a la universidad, pero sí para pasar de curso.

Promoción de curso en la ESO

Los alumnos con cuatro suspensos repetirán curso. Los que tengan dos podrán pasar. Los que pinchen en tres promocionarán sólo si así lo decide un equipo docente; eso sí, teniendo siempre que acudir luego a clases de refuerzo en las asignaturas que no fueron superadas.

Repeticiones en la ESO

Los alumnos podrán repetir una vez cada curso y sólo dos veces por etapa. Como novedad, el anteproyecto de la LOE establece que los estudiantes de 4º de ESO podrán repetir dos veces ese mismo año siempre y cuando no lo hubiesen hecho antes alguna vez durante la Secundaria. Habrá pruebas extraordinarias también en este curso centradas sólo en las asignaturas suspendidas.

La idea es que este curso sirva de preparación al Bachillerato, de puente con la etapa posterior, más aún cuando los expertos coinciden en que en España el Bachillerato es demasiado corto.

Bachillerato

El Bachillerato constará de dos cursos, como hasta ahora. Quienes suspendan dos podrán pasar al curso siguiente, aunque tendrán pendientes las materias no aprobadas y deberán matricularse en ellas. La materia de Historia de la Filosofía, marginada en un principio como materia común a las tres modalidades de Bachillerato que hay, se incluye por fin y estará presente como asignatura obligatoria se estudie lo que se estudie.

Prueba de acceso

La prueba de acceso a la Universidad calca en lo básico el modelo de la actual y denostada Selectividad. Los estudiantes sólo tendrán que examinarse para este control de las materias cursadas en 2º de Bachillerato.

Pruebas de diagnóstico

El proyecto establece dos evaluaciones de diagnóstico en dos momentos determinados: 1º) Cuando los estudiantes terminen cuarto de Primaria (nueve años). 2º) Al concluir segundo de ESO (13 años).

La esencia de estas pruebas -que no computarán en el historial del alumno ni acarrearán calificaciones- es ver el estado de salud del 'enfermo' y las posibles recetas para mejorarlo. Precisamente el pasado curso, la Comunidad de Madrid (PP) realizó unas pruebas similares que no estuvieron exentas de polémica. Algunos padres no llevaron a sus hijos a hacer estos exámenes.

Educación Infantil

Según el Gobierno, la etapa tendrá «un carácter preventivo y compensador de las desigualdades». Dice el proyecto que las administraciones garantizarán la gratuidad en el segundo ciclo de la etapa, de tres a cinco años -algo que, por cierto, ya sucede en muchas comunidades autónomas- y la oferta suficiente de plazas para todos los alumnos. El perfil del profesorado será de «especialista en educación infantil y contará con la ayuda de otros profesionales en el primer ciclo, de cero a tres años».

Planes de apoyo

Los alumnos con peores calificaciones tendrán, ya desde Primaria, clases más reducidas e individualizadas con el objetivo de que recuperen el terreno en las asignaturas en las que cojean.

Deber de estudiar

Tal y como pidió expresamente el Consejo de Estado, la LOE recoge el «deber de estudiar» como el primero de los cometidos del alumnado. Podría decirse que es una perogrullada, pero lo cierto es que no aparecía así citado (cosa que sí hacía la Ley de Calidad) y se habían recibido muchas críticas por ello.

Educación ético-cívica

Se crea una asignatura nueva que se impartirá en Primaria y en 4º de ESO. En Primaria se denominará Educación para la Ciudadanía. En Secundaria, Educación ético-cívica. Los populares critican que la materia será como la franquista Formación del Espíritu Nacional. El Gobierno señala que el objetivo es inculcar valores democráticos y adoctrinar en la tolerancia.

Vertebración

Los contenidos básicos de las enseñanzas mínimas «no requerirán más del 55% de los horarios escolares para las comunidades que tengan lengua oficial, ni del 65% para aquéllas que no lo tengan». Las críticas a este texto van el sentido de que se garantiza un tope, pero no un mínimo común a toda España.

Profesorado

Aunque el Gobierno señala que la LOE dignificará la figura del profesorado, lo cierto es que -con la intención de no enfadar más a las patronales de la enseñanza- se atenta contra el sentido común en algunos artículos. 'Verbi gracia', los centros concertados que despidan improcedentemente a un profesor sólo serán sancionados con falta leve.


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