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071106 - Desde España - España es uno de los países que más ha progresado en los últimos años. Así, al menos, lo reflejan los distintos estudios socioeconómicos que se han venido realizando hasta el momento. Pero, ¿nos hemos parado a pensar en qué se basa ese progreso y si es realmente un progreso auténtico?
El progreso español tiene como principio, casi sin excepción, el crecimiento urbanístico. La España del “ladrillo”, de la inversión a corto plazo con beneficios inmediatos, la España de los “pelotazos” y de la vida fácil como modelo, no es una España progresista o que aspire a progresar verdaderamente. Es una España con graves deficiencias, un gigante con pies de barro que en poco colapsará y se quedará a la cola de la Unión Europea.
Para que un país progrese, su crecimiento y su desarrollo deben tener como pilar fundamental, como eje vertebrador, el conocimiento. Si no logramos que España se transforme en una sociedad del conocimiento, progresista, innovadora, tolerante, respetuosa, que sepa interpretar el tiempo que le toca vivir y que trata de de construir espacios donde cada vez quepamos más, España seguirá sin progresar. El progreso no se mide sólo con varemos económicos, sino ante todo, con varemos educativos. Una sociedad progresista es aquélla que valora el conocimiento en sus distintas formas, que quiere estar en la vanguardia de la investigación, una nación en la que sus miembros más destacados y con mayor poder económico invierten pensando a largo plazo e invierten, sobre todo, en educación. Esto último no existe en España. Nuestra clase empresarial es corta de miras, está muy por detrás de la de otros países como Estados Unidos (pensemos en Bill Gates: no se trata sólo de tener mucho dinero, sino de invertir en cosas que realmente contribuyan al progreso de todos y a la mejora de la vida de tantos hombres y mujeres), y en España se busca el enriquecimiento rápido, sin esfuerzo, sin amplitud, sin horizontes más amplios que los del consumismo y el “derrochismo”.
España no puede quedarse detrás de las grandes naciones. España debe invertir en conocimiento, en educación…: en progreso. Si no, ninguna gran idea, en el terreno científico o en el humanístico, vendrá de nuestro país. Pero los españoles se merecen ser agentes, protagonistas de nuestro tiempo, y para ello deben esforzarse por construir una sociedad del conocimiento. |
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