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Para Mahmoud Elkassas, periodista de la BBC de Londres, “en Irak se ha visto, por un lado, el interés de muchos países europeos en que sus compañías participen en los contratos petroleros, y por el otro la insistencia de Estados Unidos en permitir el acceso a esos convenios únicamente a firmas norteamericanas y británicas, competencia que refleja la importancia estratégica de aquel país”. Y en realidad es así, esta importancia no es solamente económica sino también estratégica y política, en especial para grandes importadores de petróleo como Estados Unidos, consumidor actualmente de 20 millones de barriles por día, más de la mitad de los cuales son precisamente importados. Y esa vital necesidad de petróleo importado hace que la estabilidad económica y social del país del Norte dependa, en gran medida, de factores externos. De allí que garantizar un suministro de crudo cuantioso y barato desde Irak reviste una importancia estratégica para Washington. Vamos por todo, muchachos Por eso, y no por otra cuestión, el presidente George W. Bush necesitó imperiosamente lanzar su inconcebible guerra contra Saddam Hussein, acompañado alegremente por su vicepresidente Dick Cheney –con intereses en el mercado del petróleo, al igual que la familia Bush-, la Northrop Grumman y otros complejos industriales que giran en torno al equipamiento bélico en general. Sus iniciales fundamentos de la existencia de armas de destrucción masiva y la probable iniciación en el manejo de energía nuclear por parte de Irak cayeron, en poco tiempo, como un castillo de naipes en medio del viento, como están cayendo día a día los índices de confianza de sus gobernados –los que lo hicieron a esta hora lamentan en gran parte haberlo vuelto a votar- y está creciendo a pasos agigantados la oposición a esa guerra y a mantener tropas en Irak y Afganistán. Bush ya no será reelecto una vez más pues habrá completado –se supone- los dos períodos permitidos en Estados Unidos para que gobierne un presidente. Pero le quedan aún dos años y medio de mandato, lo que es equivalente a decir que le queda mucho tiempo aún para seguir haciendo daño por acá y por allá en el planeta. Ya sea la ambición por el petróleo, o la ingerencia en algún país cuyo gobierno se esté tornando peligrosamente “enemigo”, o el nuevo objeto de conquista mundial que es el agua potable, no le faltarán excusas al etílico mandatario para enviar a sus muchachos –a esos mismos muchachos por los que sus familias claman por que estén en sus casas- a arrasar todo lo que sea necesario para ir conformando, de acuerdo a sus delirios, las nuevas colonias de Estados Unidos en el mundo. De hecho, la guerrera administración Bush está sintiendo ahora una fuerte tentación de lanzarse contra Irán, bajo el pretexto de que este país decidió reanudar sus investigaciones en energía nuclear y estimulado, a la vez, porque allí accedió al nuevo gobierno un grupo muy radicalizado y decididamente antinorteamericano. Y en América Latina ya puso pie en el vecino Paraguay, con el asentamiento de una base militar –aeropuerto incluido- capaz de contener aviones de gran porte y decenas de miles de soldados, desde donde podrá controlar a su antojo, y desde corta distancia, a todos los países sudamericanos. Para muchos que están observando con preocupación este costado de la política exterior estadounidense, el juego ha comenzado. |
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