|
0306 -
Un “10” devaluado
Los argentinos nos vanagloriamos de ser poseedores,
además de la calle más ancha del mundo, de la más larga, del río más
ancho y estupideces similares, de la última joya que Dios –del que
decimos que también es argentino- depositó en nuestras manos. Se trata
del mejor jugador de fútbol del mundo. Sin embargo, tal parece que Dios
decidió hace rato quitar su mano protectora de nosotros. Al menos es
seguro que la quitó, quizás por cansancio, de la figura de Diego Armando
Maradona.
En sólo tres años hemos visto hasta el cansancio las tribulaciones en
materia de salud por las que atravesó “el 10”: su obesidad creciente,
sus problemas del habla y la coordinación, fruto de su saturación de
cocaína, sus idas y vueltas con sus ataques y los viajes entre quintas y
sanatorios, y sus caprichosos cabildeos entre internarse en una clínica
local o en Brasil, Suiza o Cuba. Vaivenes cubiertos superlativamente por
los medios de comunicación con el tácito agradecimiento del gobierno de
turno, ya que no venían mal para distraer a la población, cada vez más
díscola, de los diversos desaguisados y corruptelas en curso.
Finalmente, Diego recaló una vez más en la isla caribeña, donde
supuestamente se produjo el gran milagro: la cura de su adicción a las
drogas.
Al poco tiempo de su regreso triunfal, “el 10” alcanzó la gloria
completa –muy distante por cierto de las alcanzadas en materia
futbolística- al efectuársele una operación que redujo su estómago y le
devolvió una figura más que aceptable en relación a la anterior. Desde
entonces, Diego Armando Maradona se ha volcado definitivamente a su
nueva vida, atrapada por la noche y la farándula. Una vida que ya
conocía largamente, pero que se había visto interrumpida por razones de
salud. Por otra parte, en las antípodas de la imagen del jugador de
fútbol que fue, su comportamiento como persona ha ido degradándose a
pasos agigantados.
Estimulado por su propio ego pero más todavía por la continua adulación
con que se lo cubre, la mayoría proveniente del notable imbecilismo
ejercido por centenares de periodistas que lo cortejan, “el 10” ya no
repara en nada para mostrar que el nombre de Dios –también adjudicado
por su cortejo de chupamedias- a pasado a ser de su exclusiva
propiedad, además de acrecentar su ancestral patoterismo y su falta
total de escrúpulos para agraviar a quien no sea complaciente con él,
sea hombre o mujer y de cualquier manera, incluso ante el periodismo.
La última prueba de ello sucedió en los últimos días, cuando los medios
informativos se solazaron con las corridas del ex futbolista detrás de
una media-vedette, madre de dos hijos, para lograr sus favores y el
rechazo, real o supuesto, de ésta a su persecución, hasta desembocar en
un intercambio de cartas-documento como para matizar esta novela. En el
medio de ello, surgió la estocada dirigida por Maradona a un periodista
de espectáculos –que justamente no está en la nómina de los
complacientes- a quien trató de “huevo duro” por no poder engendrar
hijos propios. Este periodista le respondió al “10” con una altura que
éste nunca va a llegar a entender, al reconocer su imposibilidad de
engendrar hijos propios pero también la alegría de tener hoy dos
hermosas hijas adoptivas, y de paso le recordó a Maradona que también él
pudo haber tenido un hermoso hijo varón al que, sin embargo, le volvió
la espalda, en alusión al hijo italiano nunca reconocido por el ex
futbolista, que hoy cuenta con casi 20 años de edad y que varias veces
intentó que su padre siquiera le hablara.
Ahora se avecinan algunos juicios contra Maradona, por un lado el del
periodista y su esposa por los dichos que afectaron también a sus hijas,
y por otro el de la media-vedette, ya que “el 10” incluso se refirió de
forma poco elegante a los hijos de aquella. De todas maneras, a Maradona
no le afectan los embates que pueda lanzar la Justicia en su contra.
Sabe de la debilidad de ésta, en especial cuando es su figura la
comprometida, y recuerda con ironía que tiene ya una condena de dos años
y diez meses en suspenso por haber baleado desde una casa-quinta a
varios periodistas que, a su juicio, lo molestaban esperándolo afuera.
Nadie con sentido común cree que “el 10” esté curado de su adicción a
las drogas, sobre todo en el estado tan grave en que se encontraba en su
caso, y parece demostrarlo cada vez más con su despliegue en la
farándula y en la noche y con su estado visible y permanentemente
“acelerado”. Pero su cortejo de imbéciles jamás va a reconocer esto, y
peor aún, le festeja todo. Maradona siempre dice que “nadie se meta con
sus hijas”, pero no tiene reparo en “meterse” cruelmente con los hijos
de otros. Es sólo una de las facetas que muestra, dentro de su
permanente caída libre, una ex figura víctima de la cocaína y la
pedantería que por un tiempo fue Dios, fue “el 10”, y que ya como
persona está seriamente devaluado. Una sombra que resulta enemiga de sí
mismo.
|
|