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200906 - PROVOCACIÓN PAPAL
El extinto Papa Juan Pablo II fue un notorio aliado de Estados Unidos, y el entonces presidente Ronald Reagan enviaba con frecuencia al Vaticano a su embajador itinerante, el general Vernon Walters, quien además de militar y católico siempre estuvo ligado a la CIA. De allí que el Papa era abastecido con abundante información sobre los movimientos religiosos, entre ellos el Islam y hasta los propios católicos “desobedientes” de América Latina enrolados en la Teología de la Liberación, además de proveer ayuda financiera y logística a Solidaridad, el partido que en Polonia comenzó como un sindicato, liderado por Lech Walesa. El
sucesor de Juan Pablo II, en otros tiempos su más estrecho colaborador y
coincidente en ideas ultra conservadoras, lo cual demostró
suficientemente persiguiendo a los “teólogos de la liberación” y a todo
apóstata o “hereje” que se le cruzara –por algo estuvo al frente de la
Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, antes más conocida como
la Santa Inquisición-, no le va en zaga a su antecesor. Eso en cuanto a
ideas y al hecho de continuar como un sólido aliado de Occidente, pero
no en lo que respecta a su habilidad política y discursiva. Benedicto
XVI, el ex Cardenal Joseph Ratzinger, no se ha caracterizado hasta ahora
por su facilidad o claridad en el lenguaje. En el año y medio que lleva
en el papado, ha elaborado por ejemplo pocas encíclicas y éstas de
contenido muy “lavado”, documentos que no alcanzaron por el momento la
trascendencia –según sus destinatarios- de los elaborados por el
papa Wojtyla. Y para colmo de males acaba de demostrar que su
lenguaje no es precisamente de mejor nivel. ![]()
Estudiantes musulmanes quemaron una efigie del Papa en Allahabad. India
![]()
En Srinagar, Cachemira, la policía detuvo a manifestantes de la Liga Musulmana
Mas que pésimo comienzo en sus funciones le tocó al flamante secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Tarcisio Bertone, frente a lo que le espera en su debut. Recluido a su regreso de Alemania junto a éste y otros colaboradores en su residencia veraniega, el Papa está ahora “muy molesto”, según fuentes romanas, por la interpretación y el giro que han ido tomando sus palabras pronunciadas en la Universidad de Ratisbona, cuando en un discurso afirmó que “el profeta Mahoma sólo había traído al mundo cosas malvadas e inhumanas, al ordenar difundir su fe con la espada”. No tardaron mucho en estallar las primeras reacciones entre los musulmanes, mientras el Pontífice hasta ahora no se ha disculpado, como le pidió por ejemplo el parlamento de Pakistán, y sólo dejó que el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, expidiera un comunicado diciendo que el Papa “no había tenido intención de ofender a los musulmanes”. Sin embargo, pese a esa declaración los dichos del Papa han despertado la ira de todo el mundo islámico, como señaló el líder de la Hermandad Musulmana de Egipto, Mohammed Mahdi Akef, en tanto un líder a cargo de los asuntos religiosos de Turquía, Alí Bardakoglu, afirmó que el Papa parece estar demostrando “odio y enemistad” hacia el Islam, y recordó las atrocidades cometidas por las Cruzadas católicas dispuestas por el Vaticano contra cristianos ortodoxos, judíos y musulmanes en la Edad Media. Las reacciones y declaraciones se fueron extendiendo como reguero de pólvora en varios países, llegando hasta la Cumbre de los No Alineados desarrollada en Cuba, donde el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, y el primer ministro de Malasia, Abdullah Ahmad Badawi –asistentes a la misma-, afirmaron que el Papa “no debería subestimar la sensación de enojo que sus comentarios provocaron en el mundo musulmán”. Cabe recordar además que Ratzinger tiene programada para noviembre una visita a Turquía, país mayoritariamente de religión musulmana.
Ahora bien, cabe preguntarse: ¿realmente el Papa cometió una simple equivocación, un error que le impidió calcular el peso de sus palabras?. Si fue así, sería alarmante para los millones de cristianos católicos ver que quien dirige los destinos de la Iglesia está, a sus 79 años de edad, algo flojo de la cabeza. Si no es así, por lo tanto lo que queda de esto es mucho más grave.
Y éste sería el quid de la cuestión. Lo que cuenta con más probabilidades es que el ex Cardenal Joseph Ratzinger esté bien en sus cabales y haya lanzado su anatema antiislámico con total premeditación. Lisa y llanamente, que haya pergeñado –por sí o en combinación con sus “socios” de Occidente- otro acto de provocación que sirva para generar lo que generó y, tras cartón, dar nuevamente validez a los delirios de Estados Unidos, Israel y sus aliados de que deben mantener tropas en Medio Oriente y, en cuanto sea posible, desarrollar una guerra más profunda, con nuevos objetivos y exterminadora. Una nueva Cruzada, ésta por supuesto con equipamiento mucho más moderno y sofisticado que el que utilizaron sus predecesoras unos 800 años atrás.
Por último, a muchos no se les escapa que esta provocación aparece –quizás no casualmente- en momentos en que se recuerda que hace 24 años ocurrieron las masacres de Sabra y Chatila, en Líbano, cuando durante tres días de septiembre falanges cristianas, con el apoyo logístico de los israelíes, quienes además rodearon a las víctimas con un cerco que no les permitió escapar, asesinaron a miles de palestinos allí refugiados, fundamentalmente mujeres, niños y ancianos. |
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