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¿Ayuda nuclear argentina a Irán?

Carlos Machado
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El largo viaje de un reactor atómico

En las últimas horas se pudo tomar conocimiento de un hecho que se habría producido el año anterior, mantenido por sus características bajo el más absoluto secreto por las partes involucradas, y que de confirmarse tras las investigaciones que se están llevando a cabo por parte de los organismos de inteligencia estadounidenses, y ahora también por la IAEA (International Atomic Energy Agency-Agencia Internacional de Energía Atómica), podría tener consecuencias imprevisibles para la Argentina.

    Se trata, nada más ni nada menos, que la llegada a Irán de un reactor nuclear argentino por medio de una triangulación en la que participó Venezuela.

    Como sabemos, el presidente venezolano Hugo Chávez mantiene sólidos lazos con el actual mandatario iraní, Mahmoud Ahmadinejad, refrendados con el intercambio de visitas que recientemente hicieron ambos a los respectivos países y con la firma de varios acuerdos, algunos de los cuales comenzaron a implementarse desde hace aproximadamente un año.

    Ambos países, como también sabemos, son fuertes productores petrolíferos, y a partir de ello comenzaron tiempo atrás conversaciones sobre ayuda e intercambio en materia energética. Una conversación trajo otra, y ello derivó en la oferta de colaboración de Chávez –siempre listo para apoyar toda causa que moleste al Norte- para hacerle llegar a Irán el reactor atómico que necesita para reforzar su plan nuclear, que va mucho más allá de su declamada necesidad de aumentar la generación eléctrica y en realidad contempla el enriquecimiento de uranio para otros fines. Unos fines que ponen los pelos de punta a Estados Unidos, a sus aliados de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y a Israel.

    Este año Ahmadinejad reconoció, ya sin evasivas, que Irán está enriqueciendo uranio, que nada lo hará desistir de ello y que continuará adelante con su política nuclear, enfrentándose así de lleno a Estados Unidos, a la IAEA –a la que le ha negado la solicitud de enviar expertos a revisar sus centrales nucleares y el proceso de enriquecimiento de uranio- y a todo el mundo occidental.

    Concretamente, Irán tiene en marcha su plan nuclear con el objetivo de construir su primera bomba atómica y entrar así en la misma carrera en la que participan, desde hace años, sus vecinos India y Pakistán. A la vez, con ello está avisando a Israel que está al alcance de sus misiles, los que podrán contar con ojivas nucleares, y a Estados Unidos que se cuide de seguir avanzando en Medio Oriente. Objetivos éstos que podría concretar muy pronto, gracias en buena parte a la inestimable ayuda del presidente venezolano Hugo Chávez y, de confirmarse los indicios, con la participación del gobierno argentino de Néstor Kirchner.

    Más adelante veremos en detalle de qué manera se habría gestado esta participación y las personas involucradas. Ahora, un poco de historia previa. 

La evolución nuclear iraní

    De lo que ahora no se habla es que a fines de la década de 1960 Irán recibió ayuda de Estados Unidos para comenzar a instalar reactores nucleares. Claro, entonces gobernaba el país el Sha Mohamed Reza Pahlevi, considerado un gran amigo por los norteamericanos pese a la falta de democracia y a las violaciones de los derechos humanos en lo que era la antigua Persia. Fue así como en 1967 se puso en marcha un reactor de 5 megavatios que Estados Unidos le había facilitado a la Universidad de Teherán. No se hacían muchas preguntas sobre el por qué del interés iraní por contar con energía nuclear para generar electricidad -como es el caso actual- cuando ese país cuenta con inmensas reservas de gas y petróleo que pueden cumplir sobradamente ese cometido. Obviamente un “tesoro” que mucho atraía a los norteamericanos, de allí que se olvidara ese detalle y se optara por complacer al Sha.

    No pasó mucho tiempo para que otros países se sumaran a la idea de brindarle a éste más juguetes nucleares. Fue así como en 1974 la empresa Kraftwerk Union, subsidiaria de Siemens, de la entonces Alemania Federal, obtuvo un contrato para la instalación de dos reactores de 1.200 megavatios en Bushehr, sobre el Golfo Pérsico, cuya construcción comenzó en 1975 y 1976. En 1974 también Francia había acordado suministrarle reactores nucleares a Irán, pero hubo algunos contratiempos y el contrato formal, por el cual la empresa Franmatone construiría dos reactores de 900 megavatios en Karun, recién pudo firmarse en 1977.

    Los contratos con Alemania y Francia alcanzaron notoriedad en su momento por diversos hechos de corrupción: se estima que los amigos del Sha recibieron un 20% del total de los contratos, equivalente a varios cientos de millones de dólares por cada reactor, en forma de sobornos y “comisiones”. Además, Reza Pahlevi planeaba adquirir cuatro reactores alemanes más, que pagaría con petróleo, y ocho estadounidenses luego de firmar un acuerdo en 1978 con el entonces presidente James Carter. Sin embargo esos reactores nunca llegaron a ser construidos, ya que al año siguiente estallaría la revolución islámica encabezada por el ayatollah Khomeini.

    La ambición del Sha de lucrar con la energía nuclear fue más allá de la construcción de reactores. En 1975 había otorgado a Francia un préstamo de 1.000 millones de dólares a cambio de un 10% de las acciones de la planta enriquecedora de uranio de Eurodif, participación que increíblemente todavía posee el gobierno iraní actual, a pesar de las disputas y juicios internacionales.

    La revolución islámica de 1979 puso fin a la política nuclear del Sha, al menos en un principio, ya que en ese momento su programa fue rechazado y suspendido por considerárselo “satánico”. No obstante, unos años después, los ayatollahs cambiaron de opinión y decidieron que la energía nuclear podría resultar útil para “suministrar electricidad”. Durante la revolución, uno de los reactores de Bushehr estaba concluido en un 80% y el otro en un 50%, por lo que se decidió centrar el trabajo en estos dos reactores.

    Destrozados ambos por los bombardeos durante la guerra de la década de 1980 entre Irán e Irak, los iraníes no perdieron el tiempo en buscar nuevos socios para reconstruirlos. En las nuevas negociaciones estuvieron involucradas varias empresas, como ENSA y ENUSA de España, nuevamente la alemana Kraftwerk Union –hasta que el gobierno de Alemania Federal prohibió brindar más ayuda a Irán- y la estatal argentina INVAP (Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado). Esta última ya ha colocado reactores nucleares en diversos países, algunos de ellos árabes como Argelia y Egipto, además de Perú y Australia. Sin embargo, obedeciendo “sugerencias” de Estados Unidos, cesaron las negociaciones de INVAP con Irán cuando estaban a punto de concretarse. Era la época en que esas “sugerencias” provenientes del Norte hicieron desactivar el proyecto del buen misil argentino “Cóndor”, considerado peligroso si caía en manos islámicas.

    Finalmente, la elección de los iraníes recayó sobre Rusia, que en enero de 1995 obtuvo un contrato para completar el primer reactor con uno de los suyos, en reemplazo del destrozado reactor Siemens. Según el acuerdo, Rusia debía además proveer el combustible nuclear y llevarse los desechos. Un buen negocio para los rusos –pese a las críticas contrarias que le dirige Occidente- si se tiene en cuenta que Rusia necesita varias salidas para su petróleo a través de oleoductos, entre ellos los que lo lleven al Mar Mediterráneo y al Océano Indico.

    De todas maneras, Irán ya estaría en condiciones de prescindir del combustible nuclear ruso ya que podría fabricar el suyo propio. Mohammad Khatami, el antecesor del actual presidente Ahmadinejad, anunció en su momento que Irán había comenzado a extraer uranio de una mina cercana a la ciudad de Yazd, justo en el centro del país. De inmediato los iraníes crearon las instalaciones necesarias para desarrollar un ciclo de combustible de uranio completo, entre ellas una productora de las llamadas “tortas amarillas” (concentrado de uranio), otra de conversión del uranio, una planta de fabricación de combustible y otra destinada al enriquecimiento del uranio, ésta ubicada en Natanz. Y también la que más preocupa hoy en día al mundo occidental. Motivo, además, de la necesidad iraní de contar con más reactores nucleares.

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Doble juego

    La presunta participación argentina en el envío a Irán de un reactor nuclear de última generación mediante una triangulación Buenos Aires-Caracas-Teherán –cuyo destino final no habría sido ignorado por el gobierno argentino- se inició en 2005 mediante las primeras conversaciones que sostuvieron en tal sentido Hugo Chávez y Néstor Kirchner, las que contaron además con los buenos oficios de la entonces embajadora argentina en Venezuela, Nilda Garré, quien por su parte había cultivado la amistad del mandatario venezolano. A propósito –y detalles al margen- es conocida la afición de un “galán” como Chávez por conquistar la amistad de las últimas embajadoras argentinas en su país, primero Nilda Garré y ahora Alicia Castro.

    La razón inicial de esas conversaciones había sido la propuesta de Chávez de adquirir un reactor nuclear para Venezuela, a lo que rápidamente asintió el presidente argentino. Después, el tema fue girando hacia el envío del reactor a Irán. No se sabe aún si ésa era en realidad la idea de Chávez desde un comienzo o si fue tomando consistencia luego de las charlas con su amigo Ahmadinejad, o incluso ante un pedido directo de éste, ya poco proclive a depender exclusivamente de los rusos. Tampoco se sabe aún si Kirchner ignoraba inocentemente el destino final del reactor o si, conociéndolo, se hizo el distraído.

    Lo cierto es que el reactor argentino ya estaría en Irán desde el año anterior, y que habría viajado probablemente en uno de los barcos venezolanos que habían sido traídos a los astilleros de Río Santiago para su reparación. Su traslado hacia Irán, en cambio, fue dejado a la imaginación combinada de Chávez y el presidente Ahmadinejad.

    Esto no significa que el interés venezolano-iraní por otros productos estratégicos argentinos haya finalizado allí. Kirchner colocó posteriormente a Nilda Garré en un puesto clave, como titular del ministerio de Defensa, y se estima que no sólo como un premio por su gestión diplomática en Venezuela o solamente para irritar a los militares argentinos –otra de sus aficiones- designando como jefa suya a una mujer. Con ella allí, se daría otro importante paso más en la colaboración con Venezuela para proveerle productos bélicos, habida cuenta de las febriles adquisiciones encaradas por Chávez en los últimos dos años. Recordemos que ha comprado, por ejemplo, aviones de combate españoles y modernos fusiles de asalto rusos, con la excusa de “defender su territorio” de una posible invasión norteamericana. Delirios que en estos últimos días alcanzaron su pico máximo con la denuncia de Chávez acerca de las “pruebas” con que dice contar respecto de un plan para asesinarlo.

    Y uno de los productos bélicos argentinos que desvela tanto a Chávez como a su par iraní, Mahmoud Ahmadinejad, es ni más ni menos que el misil “Cóndor”. Es sabido que durante la presidencia de Carlos Menem llegó la orden estadounidense de desactivarlo y deshacerse de todo el proyecto, incluyendo los planos. Ordenes que Menem acató de inmediato, respondiendo a las “relaciones carnales” que en ese tiempo disfrutaban Argentina y Estados Unidos. Lo que no significa que la Fuerza Aérea argentina fuera a deshacerse tan alegremente de su principal proyecto en muchos años, una criatura que vio crecer al amparo de su planta de la provincia de Córdoba.

    De allí que ahora, con Nilda Garré en un puesto clave como el área de Defensa, la funcionaria tenga todas las facilidades para hacerse del misil y luego, según lo que disponga el presidente Kirchner, manejarlo como quiera éste, incluyendo el probable negocio de vendérselo a Venezuela y, quizás en otra posible triangulación, a Irán, que lo adaptarían a sus necesidades disfrazándolo un  poco, además, para que no se vea tan “argentino”. Si es que ya no lo hicieron.

Extraños contactos

    En mayo del 2005 se había realizado en Venezuela el Primer Foro Latinoamericano y Caribeño de Trabajadores Energéticos, con la participación de delegados de 17 países y de Francia como invitado especial. Entre los resultados de ese foro se registra el acuerdo de “trabajar por un vínculo permanente de enlace, comunicación e intercambio entre los trabajadores que realizamos actividades en ciencia y desarrollo tecnológico y en aplicaciones de la energía nuclear”. Ello tomó cuerpo en el Primer Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Trabajadores Nucleares, que se llevó a cabo en la ciudad de México desde el 8 al 10 de septiembre del mismo año, con la participación de delegaciones de Argentina, Cuba, Venezuela (envió a miembros del Congreso Bolivariano de los Pueblos, organismo ligado al gobierno chavista) y México.

    Al cabo de dicho encuentro, las delegaciones de los cuatro países declararon, entre otros conceptos, su decisión de “establecer una coordinación que enlace a todos los trabajadores latinoamericanos de la tecnología nuclear, como primer paso hacia una Federación Latinoamericana de Trabajadores Nucleares; establecer una comunicación permanente que permita el intercambio de experiencias en aplicaciones nucleares, ‘tanto energéticas como no energéticas’; intercambiar experiencias en la generación de energía por reactores nucleares”.

    Lo llamativo de la cuestión -aparte del interés de venezolanos y cubanos por introducirse en los vericuetos de la energía nuclear de la mano de un país más experto en la materia como Argentina-, son las comunicaciones que después del último encuentro se cursaron a muchos contactos de otros países.

    En tal sentido, pudo saberse que se dirigieron correos electrónicos, entre otros, a individuos identificados como: Mohamed Lashtar Lashtar; Prakash Key (probablemente pakistaní); Gamal Khalifa (estos tres de indudable origen islámico); Bo Lindblom (sueco); Michel Lowy (francés); y Zbigniew Kowalewski (polaco); así como también a miembros del gobierno venezolano, a algunos destinatarios de España y, en Argentina, a la Corriente Patria Libre y al Movimiento Liberación, ambas organizaciones marxistas ligadas entre sí.

Conclusión

    Al comienzo de esta nota se hacía referencia al hecho de que, si se confirmara la triangulación aquí expuesta luego de las investigaciones encaradas por la inteligencia norteamericana y por la IAEA -la agencia encargada de regular la energía nuclear, dependiente de las Naciones Unidas-, ello podría acarrearle consecuencias imprevisibles a la Argentina.

    De hecho, las primeras investigaciones fueron encaradas desde la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires por un hombre apodado “Mac”, quien en la superficie figura como “a cargo de la seguridad de la embajada” pero que en realidad es el “hombre de la CIA” destacado allí. El caso es que “Mac”, luego de la sorpresa inicial y de los obvios chequeos y contra chequeos efectuados, había recibido la información, o parte de ella, de un elemento de segunda o tercera línea del gobierno argentino, y que rápidamente transmitió a sus superiores en Langley, Virginia, sede central de la CIA, en donde al parecer ya sospechaban algo.

    Se desconoce aún si la confirmación de estos hechos ya es firme o está en camino. Lo cierto es que el presidente Néstor Kirchner nos tiene habituados, en los últimos tiempos,  a cometer un desaguisado tras otro. Y si cometió éste que ha sido expuesto aquí, los argentinos deberemos agradecerle no sólo un nuevo papelón a nivel internacional, sino algo mucho peor.

    Que con las “malas compañías” que cultiva y las “ayuditas para los amigos” que tan generosamente brinda sin medir sus consecuencias, nos haya hecho víctimas de la reprobación de la mayoría del mundo occidental, si es que éste no opta por sanciones mucho más duras para el país.

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