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La telaraña
Si a alguien le
dicen que nada en el mundo es lo que parece:
que
las ideologías y los enfrentamientos bélicos; lo que lee en los grandes
medios de prensa mundiales; las grandes decisiones políticas y
económicas; los movimientos financieros y de armas; de tropas y de la
Bolsa mundial; los precios del oro y el petróleo; y la aparición de
virus mortales que arrasan con poblaciones enteras, entre muchas otras
cosas más, es todo digitado, controlado y observado por un selecto grupo
de pocas personas, puede llegar a esbozar una sonrisa socarrona y pensar
que su interlocutor no está en sus cabales o es gran consumidor de
películas de ciencia-ficción.
Sin embargo,
aunque ello no trascienda a la opinión pública, esos hechos y muchos
otros, que parecerían obra de la imaginación, son reales, tanto como lo
es la existencia de ese selecto grupo de personas. Un grupo que desde
1954 viene reuniéndose cada año y durante cuatro días en un país
distinto –siempre en Europa o América del Norte-, ocupando
exclusivamente un hotel de lujo, para lo cual sus huéspedes han sido
convenientemente desalojados. Un lugar que en esos cuatro días permanece
cerrado a la vista de los curiosos, de los fotógrafos y de la prensa,
que nunca tiene acceso a lo que sería una noticia espectacular dado el
origen, funciones y categoría de quienes acuden a ese encuentro,
protegido además por una mezcla de cientos de policías con perros,
militares y agentes de servicios secretos, entre ellos la CIA. Múltiple
protección externa para el más absoluto secreto de lo que se trata
puertas adentro del lugar elegido para ese encuentro anual. Protección
que incluye el maltrato físico y el arresto para aquel periodista o
fotógrafo que se atreva a acercarse por sorpresa, o que pretenda
“asaltar” a una de las figuras que eventualmente salga caminando de
allí, ya que por lo general llegan y se van en automóviles con vidrios
polarizados que en un costado de sus parabrisas llevan la letra “B”.
Se trata del Club
Bilderberg, así llamado porque su primera reunión se llevó a cabo en el
hotel de ese nombre, en la ciudad holandesa de Oosterbeeck. La
Enciclopedia Británica, única que lo registra, lo define brevemente así:
“Conferencia de tres días a la que asisten cerca de 100 de los
banqueros de Europa y Estados Unidos, economistas, políticos y líderes
gubernamentales más influyentes. Se realiza cada año en un país
occidental, en una atmósfera de rígido secreto”. Nada más podrá
encontrar quien pretenda saber algo de este Club, salvo algunas escasas
y siempre repetidas referencias en Internet, copiadas unas de otras, o
en dos o tres libros que se han escrito sobre el tema. Si intenta
buscar información en algún importante medio de prensa de cualquier
parte del mundo, sólo recibirá una mirada incómoda y evasivas o
expresiones de desconocimiento. Lo mismo si tiene la suerte de poder
acceder a algún Banco de prestigio o a un agente financiero de renombre.
A lo sumo, en medio de todo, quizás sólo perciba una sombra de temor. De
mucho temor.
El fundador del
Club Bilderberg fue el príncipe Bernardo de Holanda, padre de la actual
reina Beatriz y un hombre que cometió varios pecados de juventud. Como
por ejemplo haberse afiliado en 1933 al Partido Nazi de Adolfo Hitler,
con número de afiliación 2.583.009 y fecha de ingreso 1º de mayo de
1933.
Alemán de nacimiento, también colaboró con las tristemente
célebres “SS” con el grado de oficial, desafiliándose del Partido
Nazi en 1937 ya que iba a contraer matrimonio con la entonces princesa
Juliana y la casa real no quería escándalos, pero manteniendo siempre su
fervor nazi y su admiración por el Führer. Algo que le reiteró poco
antes de su casamiento y entrada en la casa real holandesa, cuando envió
al pequeño y demente cabo austríaco algunas cartas muy elogiosas en las
que además resaltaba su sentimiento alemán y hacía profesión de fe nazi,
saludándolo con aquel clásico “¡Heil,Hitler!” antes de firmar.
Dos de esas cartas fueron publicadas luego de su fallecimiento, en
diciembre de 2004, y luego archivadas en un museo alemán. Antecedentes
que, a decir verdad, resultan bastante más “pesados” que los del
argentino Jorge Zorreguieta, el padre de la princesa Máxima de Holanda,
a quien la casa real le prohibió asistir al casamiento de su hija porque
había trabajado unos meses en la secretaría de Agricultura durante la
dictadura militar que encabezó Jorge Rafael Videla.
Como sea,
Bernhard von Lippe Biesterfeld –nombre completo del príncipe nazi-
decidió fundar en 1954 el Club Bilderberg en el hotel homónimo de
Oosterbeeck, donde había concentrado a varios representantes de la
política, la banca y las finanzas occidentales, con el objeto de
implementar una “asociación interatlántica que fomentara los lazos de
cooperación y desarrollo económico entre Europa y Estados Unidos”.
Uno de los que lo acompañó en esa fundación era Otto Wolf von Amerongen,
a quien pocas personas conocían, quizás por el hecho de haber sido
vinculado al robo nazi de pertenencias judías antes y durante la Segunda
Guerra Mundial, antes de recalar en el Deutsche Bank. Dicho sea de paso,
Estados Unidos seguramente estaba en conocimiento de las andanzas
nazistas del príncipe Bernardo, pero parecieron no importarle en tanto
su nuevo emprendimiento sirviera para frenar al comunismo. Por otra
parte, el Club no se reunió en 1976 ya que su entonces presidente, el
polifacético Bernardo, fue salpicado por el escándalo de la empresa
Lockheed al haber recibido coimas por la compra de aviones caza para
Holanda, por lo cual se vio obligado a renunciar a esa presidencia.
Eso sí, el Club
es tan exclusivo para las figuras más importantes de Occidente –a las
que ya se agregaron también los rusos- que nunca son invitados
africanos, asiáticos, latinoamericanos y mucho menos personajes
provenientes de Medio Oriente. Para ello cuenta con el Steering
Committee, integrado por unas 40 personas que seleccionan
rigurosamente, cada año, a quiénes se invitará, lo cual debe ir de
acuerdo con los temas que se tratarán en esa agenda. Y que en muchos
casos derivarán en graves perjuicios para uno o varios países, como se
verá más adelante. Porque si hay algo seguro que el Club Bilderberg
nunca hará, es obras de beneficencia.
Una larga alfombra
roja
Los invitados que
anualmente concurren al mágico encuentro de los bilderbergers
raramente superan la cantidad de cien. El Steering Committee
autoriza, de todas maneras, a que cada uno de ellos pueda a su vez
invitar a otros dos, lo que raramente ocurre, y también sucede que
algunos personajes se presentan “fuera de lista”, o sea habiendo
solicitado no figurar en la misma. Tal es lo que ocurrió, en la reunión
de mayo del 2004 en el Hotel Trianon de Versalles, Francia, con el
entonces secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, quien acudió
a informar sobre los “progresos” en la ocupación de Irak.
Es muy extensa la
nómina de quienes han transitado por la larga alfombra roja que conduce
a las deliberaciones del Club Bilderberg en sus distintas versiones
anuales. Por ello mencionaremos a los más notorios, y aunque esta lista
también es extensa, vale la pena repasarla.
En primer lugar,
cuando el príncipe Bernardo de Holanda creó el Club, contó con el apoyo
de la banca Rothschild, de Nelson y David Rockefeller y del que muchos
llaman “el príncipe de las tinieblas” –desde que ordenó los
bombardeos de Laos y Camboya, impulsó el golpe militar en Chile contra
Salvador Allende y, se dice también, tuvo que ver en el asesinato del ex
primer ministro italiano Aldo Moro-, Henry Kissinger, quienes no dejan
de concurrir, desde la primera, a todas las reuniones. Desde entonces
han desfilado los rostros, algunos de ellos desconocidos para el gran
público, de estos personajes: George Bush (padre); Hillary Clinton;
Donald Rumsfeld; Bill Clinton; Tony Blair; John Kerry (senador demócrata
y ex candidato presidencial); Romano Prodi (Primer Ministro italiano);
Kofi Annan, (ex secretario general de la ONU); Jean Claude Trichet
(Banco Central Europeo); Alan Greenspan (Reserva Federal EE.UU.);
Richard Holbrooke (llamado el “padre de los acuerdos de Dayton”, donde
se partió a Yugoeslavia, y considerado responsable de la guerra de
Kosovo); general James Jones (comandante de las fuerzas aliadas en
Europa); general retirado John Keane; George Soros (el millonario
húngaro-americano que tiene muchos intereses en la Argentina); Bill
Gates (el magnate de Microsoft) y su esposa Melinda; Jacques Chirac; la
reina Sofía de España (asistió a las reuniones de 1991, 1994, 1996, 2001
y 2005, y se encontraba en esta última cuando su nuera, la princesa
Leticia, anunció su primer embarazo); José María Aznar; Esperanza
Aguirre Gil de Biedma (ex ministra de Cultura en la administración Aznar
y una de las que más ha participado en las reuniones); Juan Luis Cebrián
(también uno de los más frecuentes visitantes, propietario del Grupo
PRISA, prensa española, donde no se ha publicado una palabra sobre las
reuniones del Club); Matías Rodríguez Inciarte (vicepresidente del Banco
Santander, quien sabe desde hace mucho que miles de españoles perderán
todos sus ahorros por el desplome inmobiliario, aunque no parece
preocupado); Bernardino León (secretario de Asuntos Exteriores de
España); Jaime Carvajal y Urquijo (financista, también miembro de la
Trilateral y amigo de la infancia del rey Juan Carlos); Rodrigo Rato (ex
ministro de economía y ex director del FMI); Javier Solana (responsable
de la política exterior de la Unión Europea); Pedro Solbes Mira
(ministro de Economía español y también miembro de la Trilateral);
Francisco González (presidente del BBVA); Joaquín Almunia Amann (ex
secretario general del PSOE-Partido Socialista Obrero Español); Manuel
Fraga Iribarne y Jordi Pujol (de la Junta de Galicia); la reina Beatriz
de Holanda (hija del fundador del Club Bilderberg); el príncipe Philippe
de Bélgica (su familia niega que pertenezca al Club); Jeroen van der
Veer (Shell); Mario Monti (presidente de la Universidad Bocconi, de
Milán, y miembro de la Comisión de Competencia de la Unión Europea);
Giovanni Agnelli (presidente de Fiat, fallecido en 2003); Michel
Camdessus (ex director del FMI); Etienne Davignon (vizconde belga y
último presidente del Club); Lord Carrington (ex secretario general de
la OTAN); Jaap de Hoop Scheffer (actual secretario general de la misma
organización); Valery Giscard D’Estaing (ex presidente francés); Paul
“medias rotas” Wolfowitz (ex subsecretario de Defensa de Estados
Unidos y presidente del Banco Mundial); Richard Perle (ex asesor de
George W. Bush y vínculo de los servicios secretos israelíes); el
general Peter Sutherland (presidente de British Petroleum y ligado a
Goldman Sachs); Anna Lindh (ex canciller de Suecia asesinada en
septiembre del 2003); Karl Otto Pöhl (Bundesbank); James Wolfensohn
(Banco Mundial); José Sócrates (primer ministro de Portugal); y Klaus
Schwab (presidente del Foro de Davos).
Como se dijo, la
nómina es mucho más extensa, y a la misma se agregan, además de
ministros del Parlamento Europeo, eurodiputados, académicos y militares,
los máximos jerarcas de la Banca y de varias multinacionales, entre
ellos los de los grandes Bancos como Rothschild, Morgan, Baruch, Schiff,
Goldman Sachs, Warburg y Loeb & Co., y de las compañías Mitsubishi,
Siemens, Bayer, Nokia, Lufthansa, Nestlé, Ericsson, Fiat, Coca Cola,
Pepsi Cola, General Motors, France Telecom, Danone, Heineken y Danish
Oil and Gas Corporation, entre las más renombradas.
Obviamente no
podían faltar, por su gran utilidad en el manejo de la información, los
directores y principales columnistas de diarios como “The Washington
Post”, “The New York Times”, “The Wall Street Journal”, “Die Zeit”,
“Corriere Della Sera” y “Financial Times”, además del ya mencionado
presidente del grupo español PRISA y ex director del diario “El
País”, Juan Luis Cebrián. Toda una pléyade de altos exponentes de la
prensa mundial, listos para difundir al mundo lo que el Club Bilderberg
dicte o permita, pero obviamente autocensurados para no decir una
palabra de lo que se prepara en una cocina tan selecta. Y tan secreta.
De masonería,
secretismos, ayudas y amenazas
Este Club funciona, efectivamente, como una sociedad
secreta. Muchos de sus miembros están influenciados por antiguas
sociedades de ese tipo como los Illuminatti y la Masonería. De hecho, no
es una logia reconocida pero sus fundadores y varios de los dirigentes
que han transitado por allí, o que lo siguen haciendo, son masones, y es
como tales que barajan sus cartas en los encuentros y deciden qué hacer
con tal o cual dirigente –ya sea premiarlo o quitarlo de en medio-, a
cuál promover a los máximos cargos políticos, qué guerras merecen
librarse, o qué país debe ser ahogado financieramente, entre otras
conspiraciones por el estilo.
Cristina Martín
es una periodista española que ha investigado a esta asociación
secretista y escrito el libro “El,Club Bilderberg-Los Amos del Mundo”.
En un reportaje realizado en 2006 a través del chat del sitio Terra,
reveló entre otras consideraciones que las religiones oficiales no
cumplen ningún papel en el Club, “aunque hay una conexión directa con
la Masonería”. Señaló que se propuso develar los secretos de “ese
grupo poderoso que actúa tan secretamente para dominar el mundo”, y
que para ello se contactó con “un investigador que lleva años
siguiéndoles la pista, cuyo nombre omitiré por su seguridad personal”.
Según la periodista, éste le dijo: “Bilderberg es igual que Gran
Hermano, el ojo que todo lo ve y controla. No actúan por dinero, ya que
tienen muchísmo; es por poder. El objetivo real es el poder absoluto;
convertir a la gente en esclavos”. Agregó que su interlocutor le
mostró a continuación un billete de un dólar para mostrarle la
simbología masónica que contiene: “El ojo sobre la pirámide, las 13
ramas, las 13 flechas. Debajo de la pirámide hay una frase que dice:
Nuevo Orden Mundial. No sólo se intuye la mano de la Masonería, sino del
Iluminismo”. Atendiendo a esta explicación, podríamos agregar por
nuestra parte que el billete de un dólar tiene la figura de George
Washington, y éste era un connotado masón.
En otro orden, la
periodista española señaló que “en el año 1960 diversos miembros del
Bilderberg y de otras sociedades secretas se reunieron para analizar la
situación internacional. De allí salió el informe ‘Iron Mountain’
(Montaña de Hierro), en el que concluyeron que no existen medios más
eficaces que las guerras para sacar beneficios. Han implantado una
economía de guerra donde con su dinero arman a los dos bandos, crean
situaciones de peligro y se aprovechan con las reconstrucciones, los
créditos, y acaban dominando las vidas de los países afectados”.
El investigador
al que se refería Cristina Martín, evitando nombrarlo “por su
seguridad personal” es Daniel Estullin, ruso de nacimiento y
nacionalizado canadiense, quien efectivamente sigue el rastro del Club
Bilderberg y de sus participantes desde hace casi quince años. Ello le
ha valido no pocas amenazas contra su vida y hasta un atentado en 1996,
cuando sabotearon un ascensor que iba a tomar. De allí que cambia
frecuentemente de lugar de residencia, haciéndolo actualmente en España,
y en los reportajes que se le hacen elude mencionar aspectos de su vida
privada, como por ejemplo su domicilio y si es casado y tiene hijos.
Estullin, de 40
años, ya ha publicado dos libros, uno a continuación del otro. El
primero, editado en 2005, se titula “La verdadera historia del Club
Bilderberg” y se constituyó en un best-seller mundial, que llegó a
38 países y fue traducido a 21 idiomas, recibiendo en Canadá el premio
“The Kingston Eye Opener” al mejor libro de no ficción extranjero, pese
a que algunos –seguramente enviados por el Club- lo tildaron de “conspiranoico”.
En el segundo, “Los secretos del Club Bilderberg”, su autor
revela las intrigas ocultas de los principales políticos y empresarios,
demuestra cómo el Club manipula la cultura hasta convertirla en “un
instrumento de lavado de cerebro de las masas” y cómo se ha servido
de conflictos como los de Kosovo y Afganistán para consolidar su
monopolio en uno de los negocios más lucrativo de todos los tiempos: el
tráfico de drogas.
Estullin asegura
tener abundante documentación sobre todo lo concerniente al Club
Bilderberg, además de haber logrado contar con un contacto que le ha
filtrado parte de esos documentos. Asegura además que de la invasión a
Irán ya comenzaba a hablarse en la reunión que el Club realizó en 2005
en Rotach-Egern, un pueblo ubicado en Bavaria, Alemania. Lo que
equivaldría a pensar que quizás, a casi dos años de ese encuentro, esa
invasión podría estar muy cercana.
Durante la
reunión de los bilderbergers en 2003 en el Hotel Trianon, de
Versalles, hubo por primera vez un ligero enfrentamiento entre algunos
participantes europeos y
norteamericanos por
la invasión de Estados Unidos a Irak, ya que un grupo de los primeros se
había opuesto el año anterior a la misma, además de que en ese encuentro
del 2002, Donald “el pastorcito mentiroso” Rumsfeld había
asegurado tajantemente que esa invasión “no se realizará”.
Por otra parte, y
como se señaló anteriormente, el Club Bilderberg se encarga muy bien de
ayudar a sus socios a acceder a diversos altos cargos. Es así como, por
ejemplo, Bill Clinton y Tony Blair estuvieron en una reunión del Club
antes de llegar a ser, respectivamente, presidente de Estados Unidos y
Primer Ministro del Reino Unido. Lo mismo ocurrió con Jaap de Hoop
Scheffer antes de acceder al cargo de secretario general de la OTAN.
Menos suerte tuvo, en cambio, el senador demócrata norteamericano John
Kerry, candidato presidencial en las últimas elecciones de Estados
Unidos en que enfrentaba la reelección de George W. Bush, y que había
participado en la reunión del Bilderberg en Suecia, en 2001. Una suerte
que, de acuerdo a la sintonía más afinada de este último y muchos
miembros de su administración con el Club, fácilmente pudo haber sido
desviada hacia los republicanos.
Hay otras
maniobras achacadas al Club, que han sido denunciadas por algunas
publicaciones tanto de derecha como de izquierda. Por ejemplo, en el
encuentro realizado en 1999 en Sintra, Portugal, se decidió dar “luz
verde” a Rusia para que bombardeara Chechenia. A su vez, los seguidores
de la ex Primer Ministro británica Margaret Thatcher lo acusan de
haberla apartado de la política por haberse opuesto a la adopción del
euro como moneda única en la Unión Europea.
Por su parte, en
el año 2000 Donald Rumsfeld trabajó junto al general Peter Sutherland en
la dirección de la compañía suiza de energía ABB, y fue esta compañía la
que le vendió dos reactores nucleares a Corea del Norte, supuestamente
enfocada como uno de los integrantes del “eje del mal” que tanto
preocupa al gobierno norteamericano. Otra particularidad de los
bilderbergers es que suelen encontrarse unos días antes y cerca del
lugar de cada reunión del Grupo de los 8 (G-8). Las casualidades, a
veces, no existen.
De todas maneras,
al Club Bilderberg no se le reconoce ideología específica alguna, y así
lo demuestra frecuentemente a través de sus acciones. Se lo sindica a la
vez de nazi, antisemita, conservador y socialista. Lo cierto es que
tiene una ideología muy propia, no importa quiénes sean ni de dónde
provengan sus socios. Allí dentro, sólo existe una, que más que
ideología es un culto: el del poder y la dominación mundial.
De Kofi Annan, ciertos medios y Putin
Pasando a otro
reportaje interesante, el que se le realizó a Arcadi Oliveres -doctor en
Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona y presidente de la
organización catalana “Justicia i Pau” (Justicia y paz), quien
también ha investigado al Club Bilderberg- contiene también datos para
tener en cuenta. Oliveres revela que el Club, además de las cuotas de
miles de dólares que recibe de cada uno de sus socios, tiene sus
“mecenas” para financiar sus costosos encuentros, destacándose entre
ellos la familia Wallenberg, la más rica de Suecia ya que es accionista
mayoritaria de empresas como Electrolux, ABB y Ericsson. Señala el hecho
llamativo de que una de las hijas de Wallenberg está casada con Kofi
Annan, el ex secretario general de la ONU que antes de serlo fue
secretario del Steering Comittee del Club Bilderberg, y explica
que “es necesario que se difunda todo este tipo de informaciones, que
la gente sepa quién está decidiendo, quién es Kofi Annan y por qué ha
decidido unas cosas y no otras”.
Al recordársele
que los medios de prensa nunca informan sobre las reuniones de los
bilderbergers, Oliveres explica: “Hay demasiados intereses
económicos en los grandes grupos de comunicación. Como ejemplo baste
analizar qué pasó con ‘Le Figaro’, el diario más vendido de Francia.
Cuando murió el último propietario, sus ocho hijos decidieron vender el
80% de las acciones. La mitad fue adquirida por Marcel Dassault, el
primer fabricante de aviones de combate de Francia (N.del A.: los
Mirage), quien tiene prohibida la entrada a Bélgica por negocios
ilegales. El otro 40% fue adquirido por el Grupo Carlyle, cuyo principal
accionista es George Bush padre. ¿Qué va a estar dispuesto a escribir
‘Le Figaro’ con estos dos señores detrás?”.
También
resultaron de interés algunas apreciaciones de Oliveres respecto del
desastre ecológico provocado por el barco petrolero “Prestige” en
las costas de España en el 2002. Se recuerda que ese barco, con bandera
de Bahamas y procedente de Letonia, que se dirigía hacia Gibraltar,
sufrió una grieta en uno de sus costados y posteriormente se partió en
dos –por causas que aún no se aclararon debidamente y continúan
envueltas en la polémica- cuando se encontraba a 250 kilómetros de las
costas de Galicia. Cuando se enviaron remolcadores para arrastrarlo a
que se hundiera mar adentro, su capitán se resistió durante horas,
tiempo en que, antes de partirse, explotó uno de los tanques durante una
tormenta. Allí comenzó el derrame de petróleo cuyas consecuencias fueron
desastrosas para la costa gallega y una zona que iba desde el norte de
Portugal hasta el sur de Francia. El entonces presidente de la Junta de
Galicia, Manuel Fraga Iribarne (casualmente uno de los que transitó por
el Club Bilderberg), había asegurado entonces que el hundimiento “no
tendría efectos sobre el medio ambiente”. Un grosero error de
apreciación que aún hoy recuerdan los ciudadanos de Galicia.
Sobre este tema
Oliveres recordó que casi todos los datos del “Prestige” los
había encontrado en el diario francés “Le Monde”, indicando:
“Durante semanas estuve preguntándome quién sería el propietario del
barco, porque tenía claro que el capitán era sólo un ‘cabeza de turco’.
Finalmente, ‘Le Monde’ publicó que era propiedad de una pequeña compañía
suiza, la que a su vez pertenecía a otra rusa, ‘Alpha Group’. Vladimir
Putin tiene intereses personales en esta empresa. Un día después el
diario (español) ‘El País’ reprodujo el artículo de ‘Le Monde’,
pero cortó la línea en que salía Putin. Casualmente sólo se saltó esa
referencia”. Al preguntársele entonces si Putin era tan poderoso,
Oliveres respondió: “Cuando Putin aspiraba a ser presidente de Rusia,
las encuestas le daban sólo un 5% de posibilidades. Entonces se
produjeron tres atentados en Moscú en los que murieron 280 personas.
Putin apareció en televisión pidiendo ser elegido para garantizar la paz
y la seguridad. Finalmente ganó las elecciones. Recientemente se
descubrió que aquellas bombas no fueron chechenas, como se dijo, sino
que las colocó la KGB, la organización que hasta poco antes había
dirigido Vladimir Putin”.
Cuestiones éstas
que explican, entre otras cosas relativas al presidente ruso, el por qué
del rápido ascenso de Putin en los ámbitos internacionales –seguramente
impulsado por el Club Bilderberg- y, muy probablemente, los motivos de
que se quite de encima a tantos periodistas de su país que le son
críticos –30 asesinados en el tiempo que lleva como presidente-, entre
ellos su última víctima, la tan perseguida Anna Politkovskaya, baleada
en octubre del 2006. Por cuenta propia o también con la ayuda del Club.
Para el caso es lo mismo.
Por algo dijo la
periodista española Cristina Martín, respecto del “selecto” grupo que se
reúne año tras año en algún lugar del norte de Occidente: “No tienen
escrúpulos a la hora de matar personas para conseguir lo que quieren”.
El archivo del terror
Aquella última frase, que es mucho más abarcativa de lo que
parece, va a cobrar una espantosa realidad a continuación, al referirnos
a algunos documentos que lograron ser filtrados de algunas reuniones del
Club Bilderberg y llegaron a manos del investigador Daniel Estullin. Es
que los socios son gente muy prolija, y pese al riguroso secretismo con
que se manejan en relación al mundo exterior, han llevado actas de todos
los temas que han tratado, en especial los más siniestros, encabezadas
con la frase “Estrictamente personal y confidencial”. Las copias
de algunas de esas actas pueden observarse anexadas al pie de esta nota.
Comenzaremos por
mencionar los documentos en los que se trata un fuerte incremento en los
precios del petróleo. Entre los temas tratados durante la reunión
efectuada en Suecia en mayo de 1973, se había decidido elevar el precio
del petróleo en un 350%. En una de las fojas del acta correspondiente,
puede verse cómo los bilderbergers comentaron que el precio del barril
de petróleo “subirá de u$s 3,50 en junio a entre 10 y 12 dólares”.
En diciembre, el barril subió “milagrosamente” a u$s 11,65.
Otro de los
documentos, donde puede verse arriba y a la izquierda la leyenda
“Desclasificación indefinida. Excluido de desclasificación automática”,
reproduce una declaración del entonces director de la CIA, William J.
Casey, en la que revela una conversación privada que mantuvo con su
antecesor en el cargo, William Colby, en la que éste -“cándidamente”,
según sus palabras- admitió el plan de asesinar a las cúpulas marxistas
latinoamericanas y el tráfico de drogas por parte de la agencia de
inteligencia, en nombre de la “lucha contra los comunistas” en
América Central. Operaciones denominadas “A-6 - Red Mist” y
“A-7 – Project Sandman” que, como señaló Colby, se realizaron sin el
conocimiento ni la autorización del Congreso de Estados Unidos, del
presidente Ronald Reagan ni del resto del aparato de inteligencia
estadounidense.
Un memorándum
calificado como “secreto” y fechado a las 02:02:55 horas del 4 de
diciembre de 1985, emitido por Oliver North –el coronel involucrado en
el escándalo “Irán-Contras”- describe cómo éste y los gobiernos
de Israel e Irán negociaban la venta de armas a los iraníes en plena
guerra de éstos con Irak. Y recordemos que entonces a Irak le
suministraba armas Estados Unidos. Una operación redonda, muy del estilo
Bilderberg: jugar a dos puntas y, como se mencionó anteriormente al
referirnos al informe “Iron Mountain”, alentar guerras y armar a
los dos bandos para obtener beneficios.
Otro memorándum,
también emitido por Oliver North y fechado a las 21:50:26 horas del 12
de septiembre de 1986, revela como éste y el entonces primer ministro
israelí, Yitzak Rabin, tramaban el envío de armas a su supuesto
“archienemigo”, Irán.
Pero si estos
documentos hasta aquí mencionados constituyen un ejemplo de las
maniobras que son capaces de realizar, sin que se les mueva un cabello,
los siniestros barones de la política, la banca, la industria y el
sector militar, agrupados en una organización tan oscura como el Club
Bilderberg, lo que sigue alcanza ribetes verdaderamente terroríficos, y
debería hacer que sus mentores fueran acusados por lo menos de
incitación al genocidio a nivel planetario.
Se trata, nada
menos, que el plan para reducir la población mundial a la mitad. Es
decir, “suprimir” a 3.500 millones de los 7.000 millones de
habitantes que pueblan el planeta Tierra.
Eran los últimos
meses de Richard Nixon como presidente de Estados Unidos, ya que el
escándalo Watergate, que había comenzado en 1972, había alcanzado su
pico máximo para abril de 1974, y Nixon finalmente renunciaría seis
meses más tarde. Pero el 24 de abril de ese año, el presidente y su
entonces siniestro “alter ego”, Henry Kissinger -uno de los principales
personajes del Club Bilderberg desde sus comienzos hasta hoy-,
elaboraron y firmaron un informe encabezado como “Memorándum 200 –
Estudio de Seguridad Nacional”. En realidad, aunque Nixon firmó ese
documento, con lo cual le daba su aprobación, se sindica como su autor
exclusivo a Kissinger. El mismo iba dirigido al secretario de Defensa,
al de Agricultura, al Director de la CIA, al secretario de Estado y al
Administrador de la Agencia para el Desarrollo Internacional. Como
“Objeto” de dicho memorándum figuraba: “Implicancias del crecimiento
de la población mundial para la seguridad de Estados Unidos y sus
intereses de ultramar”.
En el punto 29 del
informe, que por supuesto apareció poco después en una reunión del Club
Bilderberg en las manos de Kissinger, sus ideólogos sugieren
“intensificar programas de población” para poder “reducirla”,
desde ese año 1974 hasta el año 2000 en unos 500 millones de habitantes,
y hacia el año 2050 en unos 3.000 millones, basándose en la premisa de
que “el planeta se está quedando sin recursos naturales para
abastecer a casi 7.000 millones de personas”.
Tal parece que en
poco tiempo esa “intensificación de programas de población” comenzó a
tomar cuerpo. Los conflictos en diversas partes del mundo y las
consecuentes guerras que muchos de ellos generan fueron aumentando cada
vez más, obviamente alimentados, como se dijo antes, por el
indiscriminado suministro de armas a uno y otro bando. Además de un buen
negocio, algo que colaboraría en la disminución de la población mundial.
Pero también
caben algunas preguntas que erizan la piel. ¿Tiene que ver el Club
Bilderberg con la proliferación de enfermedades terminales de todo tipo
que han aparecido en el planeta, en especial algunas que lo hicieron en
los últimos 25 años?. Puede parecer aventurado, pero para las siniestras
mentes de muchos de sus miembros la acción de “plantar” nuevos virus,
con algunos de los cuales se estuvo experimentando, podría contribuir
también a disminuir los índices de población, algo a lo que aspiran
desde hace más de treinta años.
Por ejemplo el
virus que provoca el SIDA, que apareció en Africa en 1981, no se conocía
ni existía esa enfermedad en el mundo hasta ese año. Algo similar había
ocurrido cinco años antes con el virus de Ebola, que se identificó por
primera vez en el Congo (otra vez Africa) y que generó epidemias con el
resultado de un 50% a un 90% de mortalidad en ese país y en Costa de
Marfil, Gabón y Uganda. Por su parte, en 2004 se confirmó una nueva
epidemia del Ebola en el sur de Sudán. Y otro virus parecido al de Ebola
es el que apareció en 2002 en la ciudad alemana de Marburg, por lo que
lleva su nombre, aunque aún es poco conocido.
A la vez, el
virus de la llamada “Gripe Española”, que en 1918 acabó con 40 millones
de personas en el planeta, fue reconstruido recientemente en un
laboratorio de Canadá, y no solo éso sino que además ha sido
modificado, de manera que una liberación de ese virus podría llegar a
sumar incontables víctimas en todo lugar donde aparezca.
Como para
acrecentar las sospechas, un tema afín a lo que se acaba de mencionar es
que en los últimos tiempos comenzó a acusarse a algunas multinacionales
químico-farmacéuticas -por ahora veladamente hasta que aparezcan pruebas
fehacientes- de que en realidad ya cuentan con las vacunas que
solucionarían graves enfermedades como el cáncer y el SIDA, pero que las
guardan bajo siete llaves. ¿El motivo?. El gran negocio que para ellas
significa que los afectados que cuentan con buen poder adquisitivo
continúen pagando por los largos tratamientos necesarios para mantenerse
un tiempo más con vida, mientras los restantes millones de pobladores
pobres que no pueden hacerlo sólo pueden esperar la muerte. ¿Otra
“contribución” más a los oscuros designios de los bilderbergers
para disminuir la población mundial?.
Además, ¿tienen
algo que ver las instalaciones de Fuerte Detrick con la fabricación de
agentes bacteriológicos?. Y si es así, ¿con qué fines?. Unos años
después de terminada la Segunda Guerra Mundial, el gobierno
norteamericano instaló en el estado de Maryland un complejo de
laboratorios militares conocido como Fuerte Detrick, que muy pronto
llegó a albergar a mil científicos dedicados a la investigación de armas
biológicas. En 1972 se firmó un acuerdo por el que se renunciaba a la
fabricación y almacenamiento de ese tipo de armas, firmado por Estados
Unidos, Gran Bretaña, Rusia y otros 130 países. Sin embargo, las
investigaciones en Fuerte Detrick continuaron, y más aún, el Pentágono
incrementó a partir de 1980 sus inversiones para la investigación de
armas biológicas y químicas en un 554% en relación a años anteriores.
Desde ese mismo
año, las instalaciones de Fuerte Detrick fueron remodeladas bajo
esquemas de “alta seguridad” e investigadores del USAMRIID
(siglas en inglés del Instituto Médico del Ejército de Estados Unidos
para el estudio de Enfermedades Infecciosas) se encuentran aplicadamente
concentrados en los efectos que provocan numerosos virus, entre ellos
los de Ebola, Marburg, Lasa, encefalitis equina, fiebre amarilla y
viruela, entre otros, como también resultan de gran interés militar
bacterias como las del ántrax, la brucelosis, el botulismo, el tifus y
el tétano, por ejemplo. Incluso desde hace tiempo se vienen realizando
experimentos con presidiarios, soldados y hasta con poblaciones enteras
no avisadas para estudiar los efectos de determinados engendros allí
obtenidos. Algo que hubiera causado la envidia de un médico tan abocado
a practicar estudios en seres humanos como el nazi Josef Mengele.
¿Cuáles serán los destinatarios finales de todas estas investigaciones y
de las armas químico-bacteriológicas que de allí surgen?.
Conclusión
Existen otros
“lobbys” y encuentros de personalidades, algunos de los cuales podrían
ser considerados “parientes” del Club Bilderberg ya que entre sus
miembros hay muchos socios de este Club. Tenemos así al Foro Económico
Mundial de Davos, El Club de Roma, la Mesa Redonda de Industriales
Europeos –cuyos miembros son representantes de alrededor de 50 grandes
compañías que facturan más de 950.000 millones de euros y tienen gran
influencia sobre decisiones de la Unión Europea-, y la Trilateral,
fundada en 1973 por David Rockefeller y que tiene entre sus más
destacados miembros a otro bildeberger como (cuándo no) Henry
Kissinger. Más miembros de una familia numerosa que hacen de las suyas
cada vez que se sientan a la mesa, por lo general en detrimento de
entidades, organismos y familias de menos recursos económicos y
estratégicos ubicados en lo que se define como Tercer Mundo.
Se estima que la
reunión del 2007 del Club Bilderberg se llevaría a cabo en Turquía, la
que es considerada como la llave de entrada desde Europa en Asia. Quizás
por ello a la reunión del año anterior, desarrollada en Canadá, fueron
invitados por primera vez funcionarios del gobierno turco y los
directores de dos de los diarios más importantes de ese país. Los temas,
según aprecian algunos analistas, ya no serían en adelante la guerra de
Irak –en todo caso sí el Irak de posguerra-, sino fundamentalmente China
y su explosión comercial, Irán y su plan nuclear, la relación entre el
presidente venezolano Hugo Chávez y Fidel Castro y los tratados de Libre
Comercio.
Lo cierto es que
el Club Bilderberg pretende hace tiempo imponer un Nuevo Orden Mundial,
y según los investigadores entre los objetivos que se ha fijado para
ello figuran establecer una era de post-nacionalismo en un mundo en que
no haya más países, sino solamente regiones y valores universales: un
gobierno universal, designado y no elegido; una sola economía universal;
un ejército también universal, conformado por tropas de las Naciones
Unidas; una sociedad post-industrial de crecimiento cero; un estricto
control sobre la educación; y la existencia de sólo tres monedas, como
el dólar para el futuro Mercado de las Américas –luego de extender los
Tratados de Libre Comercio (TLC) por todo el continente-, el euro para
Europa y otra moneda para la unión Asia-Pacífico.
En tal sentido,
resultan bien gráficas las expresiones que no hace mucho tiempo
emitieron dos destacados bilderbergers, y que no dejan de causar
escalofríos.
David Rockefeller
dijo en un reportaje a la revista “Newsweek”: “Algo debe
reemplazar a los gobiernos y el poder privado me parece la entidad
adecuada para hacerlo”.
Por su parte, el
banquero James P. Warburg afirmó: “Guste o no guste tendremos un
gobierno mundial. La única cuestión es si será por concesión o por
imposición”.
¿El orwelliano
“1984” escrito en 1930, con su “Gran Hermano”, se ha instalado ya en
el Siglo XXI?.
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Anexos
En el punto 29,
los Bilderbergers sugieren “intensificar programas de población” para
poder reducirla (desde 1974) en unos 500 millones hacia el año 2000, y
en unos 3.000 millones hacia el año 2050.

El entonces director de
la CIA, William Casey, revela una conversación secreta con su
predecesor, William Colby, quien “cándidamente” le admitió el tráfico de
drogas por parte de la agencia, en nombre de la “lucha contra los
comunistas” en América Central.

Descripción de cómo
Oliver North y los gobiernos de Israel e Irán negociaban la venta de
armas a los iraníes en plena guerra de éstos con Irak, mientras a su vez
Irak era armado por Estados Unidos.
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