140507
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Santa Cruz y su derrumbe
La agresión sufrida en su propia ciudad
por la senadora en uso de licencia, ministra de Desarrollo Social y,
hasta ese momento al menos, candidata a la gobernación de la provincia
de Santa Cruz, Alicia Kirchner, está marcando
una bisagra
muy difícil de
digerir para el gobierno de su hermano. Indigestión que había comenzado
hace algo más de un mes en su propio terruño, con las primeras marchas
de protesta de docentes y estatales, y que el hartazgo generalizado de
la gente que los acompaña hicieron desembocar en los nunca esperados y
temidos “cacerolazos” y en el fatídico grito que el kirchnerato jamás
pensó que llegaría a retumbar en sus oídos: “¡Que se vayan todos!”.
El intento de convertir a Alicia en una verdadera
“torta frita” al hacerla objeto de una lluvia de harina y huevos, que la
mayoría de los medios nacionales denominó eufemísticamente (y
piadosamente) “escrache”, tiene al menos dos lecturas.
Por un lado, es probable que la gastronómica mezcla
haya sido arrojada efectivamente por un grupo de exaltados empleados de
la docencia y el Estado provincial que, como se dijo, están hartos de
las dilaciones respecto de sus justos reclamos y de que el encaprichado
gobierno central continúe “pateando la pelota hacia afuera”, en lugar de
actuar decididamente y solucionarlos.
Se ha hecho evidente además que los santacruceños
perdieron el miedo ganado hace varios años, a través de las malas artes
del antes gobernador y actual presidente, por el cual la población era
sojuzgada mediante censuras, aprietes, amenazas y hasta golpizas de
parte de las patotas encabezadas por el máximo alcahuete presidencial, y
virtual delegado personal de Kirchner en Santa Cruz -sobre todo para las
operaciones sucias-, el incombustible Rudy Ulloa Igor.
Por otra parte, han comenzado a circular algunas
especulaciones sobre la real autoría de la “cosmética” aplicada a Alicia
Kirchner después de pasearse muy campante (¿y provocativamente?) por las
calles de Río Gallegos y salir de almorzar en un céntrico restaurante
local. Hay quienes murmuran que el agravio puede haber sido digitado por
el propio gobierno, buscando otra forma más de victimizarse luego de
haber intentado hacerlo, vergonzosamente, tras la alocada carrera de un
camión y su posterior vuelco frente a la vacía casa de los Kirchner en
la capital provincial, hecho que los siempre dispuestos voceros
presidenciales, los Fernández, calificaran rápidamente de “atentado”.
Ocurre que la agresión a Alicia, según comentan
algunas fuentes santacruceñas, fue bastante “liviana” para la furia
contenida que se hizo carne en la población. Y además no deja de llamar
la atención la relativa tranquilidad con que reaccionó el presidente y
hermano de la agredida, cuando, habiendo sucedido el hecho del camión
volcado, salió con todo su habitual nerviosismo de los últimos meses,
utilizando todos los atriles que tuvo a mano, a hablar de “atentados” y
de que iban a continuar “atacándolo”.
De todas maneras, por el momento nos quedaremos con
la versión de que los huevazos y harinazos provinieron de un grupo de
los cansados manifestantes docentes y estatales, ya que éstos hasta el
cierre de esta nota no habían desmentido ni corregido dicha versión.
Lo que sí puede llegar a ocurrir, aseguran tanto en
medios de aquella provincia como en círculos de la oposición en la
capital del país, es que la desesperación del kirchnerato frente a la
posibilidad –ya muy latente- de que pierda las elecciones en Santa Cruz,
sumada a la derrota cierta en junio en la ciudad de Buenos Aires y a un
confuso panorama de cara a las elecciones generales de octubre próximo,
lo haga diagramar verdaderos atentados de mucho más peso o “amenazas de
desestabilización”, que en todo caso le permitan decretar un estado de
sitio con el cual ejercer un férreo –y supuestamente justificado-
control de la situación.
En el entorno de Kirchner deben recordar el año 1985,
cuando en las cercanías de unas elecciones cruciales para su gobierno,
el entonces presidente Raúl Alfonsín inventó –a través de su ministro
del Interior, el finado Antonio Tróccoli- un “complot” en el que se
involucró a periodistas, analistas políticos y ex militares, dictándose
aquella medida extrema y ordenándose su detención. Aunque cabe
preguntarse si el gobierno actual recuerda que esa aventurada idea
concluyó en un verdadero papelón.
¡Ladran, Sancho!
El caso es que, como se señaló al comienzo, la
agresión a Alicia Kirchner marca una durísima bisagra para el gobierno,
que hasta hace tres meses atrás derrochaba optimismo, y un anticipado
triunfalismo, frente al panorama electoral en ciernes.
Ahora resultará muy difícil que la maltratada Alicia
Kirchner continúe siendo la carta de triunfo que su hermano tenía
guardada para gobernar Santa Cruz. Salvo, claro está, que predomine la
tozudez habitual en el presidente y logre convencer a la ministra de que
acepte ser la candidata del oficialismo.
Es que Kirchner sabe perfectamente que no cuenta con
ningún candidato realmente potable para presentar en su provincia. Quien
se hizo cargo en estos días en un endeble intento por “salvar las
castañas del fuego”, Daniel Peralta, no tiene el “plafón” suficiente
para congeniar con los díscolos, y su primer intento en tal sentido ya
fracasó de entrada, al pretender convencer al obispo Juan Carlos Romanín
de mantener una entrevista con él y el prelado, con elegancia, desechó
la invitación argumentando que tenía programado un viaje. Además Peralta
también tiene sus antecedentes en contra, y los santacruceños recibieron
su elevación al Ejecutivo provincial opinando que “es más de lo mismo”.
De todas formas Peralta sólo es una ficha de
transición jugada por Kirchner, quien le encomendó la difícil tarea de
que pueda sostenerse al menos hasta las elecciones de octubre, en que
los comicios en Santa Cruz se realizarán paralelamente a las
presidenciales. Allí se verá si el candidato “final” será de todos modos
Alicia Kirchner o quizás Julio De Vido, a quien se escuchó días atrás
comentar, en rueda íntima de amigos, que sería él quien se presentará a
esa postulación. Una probable especulación del actual ministro de
Planificación frente a la certeza de que, si finalmente la candidatura a
la presidencia queda en manos de la “pingüina”, Cristina Fernández de
Kirchner, ésta no lo quiere en su equipo ministerial.
El caso es que Santa Cruz hoy en día ha dejado de ser
el lecho de rosas que tanto declamaba Néstor Kirchner. Con el agregado
de que puede ser el primer eslabón de una larga cadena de conflictos que
se extiendan, como reguero de pólvora, en el resto del país. Una de las
tantas cuestiones que actualmente mantienen al presidente sumido en la
desazón y el nerviosismo, muy malos ingredientes para soportar su
conocida, y nunca comentada, dolencia intestinal.
La población de Santa Cruz sigue manteniendo una
firmeza ya incontenible en sus reclamos y en su decisión de que no
quiere saber más nada con los Kirchner y sus esbirros. Ya le gritó al
eyectado Carlos Sancho que ladraba y que seguiría cabalgando. ¿Volverá a
gritarle lo mismo a Daniel Peralta?.
Y yendo aún más
allá, ¿se lo gritará también, en un futuro no muy lejano, a toda la
familia Kirchner?.