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25052007 -
¿Nuevos halcones
en el horizonte?
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Paul Wolfowitz, de 63 años, fue el décimo presidente del Banco Mundial desde su creación, en 1944 en Bretton Woods, donde también fue fundado el Fondo Monetario Internacional. Poseedor de una licenciatura en matemáticas en la Universidad de Cornell y un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago, es considerado un neoconservador con puntos de vista beligerantes, que defiende la política israelí y fue promotor de la guerra contra Irak.
Durante el gobierno presidido por Ronald Reagan permaneció tres años en Indonesia como embajador de Estados Unidos, recibiendo críticas ante su complacencia e incluso su apoyo al régimen dictatorial de Mohamed Suharto en ese país. De hecho, una continuidad de los republicanos, ya que poco tiempo atrás habían visitado al dictador indonesio el entonces presidente Gerald Ford y el secretario de Estado Henry Kissinger, dando su aprobación a las represalias de Suharto contra los rebeldes de Timor Oriental, que fueron víctimas de un genocidio que acabó con la vida de 200.000 personas.
Más cerca en el tiempo, Wolfowitz se desempeñó como subsecretario de Defensa en la actual administración Bush, siendo el segundo de Donald Rumsfeld, con quien compartió, junto al presidente, sus incontenibles deseos de invadir Irak, incluso inventando, con la complicidad del entonces secretario de Estado Colin Powell y los falsos informes de la CIA, la existencia de “armas de destrucción masiva” en los búnkers de Saddam Hussein.
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Su posterior candidatura a la presidencia del Banco Mundial no hizo más que continuar la tradición de que sea un estadounidense quien esté al mando en ese organismo y un europeo en la presidencia del FMI. De allí que George Bush haya rechazado algunos sondeos provenientes del entorno de su amigo, el británico Tony Blair, para que al dejar próximamente su cargo de Primer Ministro pase a ocupar la conducción del Banco Mundial. Estos “halcones” de la política norteamericana, Kissinger, Rumsfeld y Wolfowitz, participan en las reuniones del oscuro “Club Bilderberg” –del que nos hemos ocupado en una nota anterior-, un encuentro entre políticos, economistas, empresarios y hasta miembros de la realeza europea que se lleva a cabo todos los años en una ciudad distinta de Europa o América del Norte, donde se deciden cuestiones sobre cómo manejar el mundo a través de guerras, venta de armas, precios del petróleo y el oro, aprobación de futuros presidentes y las hambrunas en los países pobres, entre otras despojadas de todo aspecto moral. Reuniones mantenidas bajo el más riguroso secreto y protegidas por abundantes fuerzas policiales locales, además de un ejército de agentes secretos, y en las que al menos en una oportunidad participó también, en 2003, Colin Powell, cuando fue a rendir informes sobre la recién lanzada invasión a Irak. En resumen, considerado un verdadero ideólogo de la violencia a la vez que sumamente apto para conducir el Banco Mundial, Paul Wolfowitz se vio ahora obligado a dejar un cargo con el que planeaba coexistir por un largo tiempo más, gracias a un error cometido por muchos hombres, el de halagar al máximo al objeto de sus desvelos. Sólo que en este caso, la posición de Wolfowitz en el Banco Mundial hizo que sus halagos al objeto de sus desvelos, Shaha Riza, fueran demasiado excesivos. Ahora el gobierno de Estados Unidos está buscando aceleradamente a su sucesor. Posibles candidatosEn una reciente edición, el diario financiero estadounidense “The Wall Street Journal” informó que la Casa Blanca ya está preparando una lista de potenciales candidatos para reemplazar a Wolfowitz en la presidencia del Banco Mundial, y una de sus principales prioridades es hallar a alguien que cuente con la aceptación de toda la comunidad internacional. Entre los primeros nombres en conocerse figuran los del secretario de Comercio y ex presidente ejecutivo de la compañía Kellogg, Carlos Gutiérrez, y el de John Danforth, ex senador de Missouri y embajador ante las Naciones Unidas. Para el diario financiero, otro nombre que figura en los primeros planos y que despierta “especial interés” es el del ex líder de la bancada republicana en el Congreso, Bill Frist, un cirujano que ha viajado extensamente por Africa y que durante sus diez años pasados en el Congreso ha luchado por elevar las asignaciones de Estados Unidos a programas para combatir el contagio de enfermedades infecciosas en el mundo, incluyendo fondos para la lucha contra el SIDA. Según fuentes cercanas –señala “The Wall Street Journal”- Frist “es uno de los predilectos de Stephen Hadley, el asesor de seguridad nacional del presidente Bush”. Otros nombres barajados son los del subsecretario del Tesoro, Robert Kimmit, anteriormente embajador en Alemania y ampliamente conocido en Europa, y el de Robert Zoellick, ex representante comercial durante la primera presidencia de George Bush, quien actualmente se desempeña en el gigante financiero Goldman Sachs. Durante su anterior cargo, Zoellick promovió activamente tratados de libre comercio con países de América Latina. Cabe señalar que los grandes grupos que conforman el lobby financiero y ejercen un gran poder en los centros de decisión, entre ellos instituciones como Goldman Sachs, Morgan Stanley y Lehman Brothers, entre otras, y los principales bancos como Citigroup, Merrill Lynch y JP Morgan, siempre han influido decisivamente en el nombramiento de los titulares de la Reserva Federal, el Tesoro, la secretaría de Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Un ejemplo de ello, además de haber elevado en su momento a Paul Wolfowitz a la presidencia del Banco Mundial, fue la designación de Henry Paulson, presidente ejecutivo de Goldman Sachs, como secretario del Tesoro de Estados Unidos. A la vista de algunos de los nombres de los personajes e instituciones financieras aquí mencionados, no pueden escapar a la memoria su participación en las reuniones del también citado “Club Bilderberg”. Un entramado en el que se deciden los ascensos y descensos de mandatarios y titulares de organismos de crédito, además de varios otros aspectos en el que los miembros de ese club manejan a personas, instituciones y hasta a países enteros cual piezas de un maquiavélico juego de ajedrez. Muy probablemente tendrá que ver también con la designación del futuro presidente del Banco Mundial, como tuvo que ver en su momento con la de uno de sus afamados miembros, el “halcón” Paul Wolfowitz. Por lo que no es aventurado arriesgar que el próximo titular de ese organismo de crédito será otro integrante de la bandada de “halcones” que, anidando en el Partido Republicano, sobrevuelan sobre la Casa Blanca, el Capitolio y el Pentágono. |
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