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El juego de la (mala) memoria
La testarudez de Néstor Kirchner

Carlos Machado
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Daniel Filmus: Perfil de un oportunista - Filmus y el mundial de fútbol: ofensa, subestimación e insulto - Des aparición de Julio López

070607 - Dijo Benjamín Disraeli, ex Primer Ministro de Inglaterra: “La diferencia entre un estadista y un

político es que mientras el primero


Néstor Kirchner, Carlos Menem y Carlos Grosso juntan sus manos en los dorados 90

piensa en las siguientes generaciones, el segundo sólo piensa en las próximas elecciones”.

    Es harto evidente que la paliza propinada el último domingo 3 de junio por Mauricio Macri a sus oponentes en la primera vuelta de las elecciones porteñas -primer capítulo que a poco estuvo de convertirse en un resultado definitivo dado el guarismo tan cercano al 50% obtenido por el ganador-, dejó una brasa ardiente que está quemando la compostura, coherencia y ética de los principales perdedores.

Es así como, desde pocas horas después de finalizados esos comicios y con una continuidad diaria que sin duda habrá de repetirse constantemente hasta el mismo domingo 24, fecha de la terminal segunda vuelta, el gobierno encabezado por el hombre que vino del frío -fuera de sí tanto él en primer término como su consabido séquito de alcahuetes- viene avanzando peligrosamente en el lanzamiento de munición de alto calibre, sin medir términos ni reflejar educación política alguna (carencia de larga data en el país), sobre el candidato triunfante en ese primer tramo.


Daniel Filmus cuando trabajaba para Carlos Grosso en los dorados 90

Desde el primer momento en que salió a destilar su veneno ante la aplastante derrota de su dedocrático candidato, Daniel Filmus, en forma continuada y aprovechando cualquier excusa figurativa, sea por la inauguración de un complejo edilicio en San Juan, por la firma de convenios con algún municipio o desde el atril que tenga más a mano, el presidente Kirchner -mandatario nacional que, tal su costumbre de creer que “con él todo, sin él nada” decidió invadir una puja electoral a nivel del gobierno capitalino- no cesa de atacar a Macri con estigmatizaciones de barricada, que serían dignas por otra parte de un serio diagnóstico psiquiátrico.

    No tiene sentido repetir todas las expresiones que ha desgranado hasta ahora, sin orden y como “al voleo”, el Gran Pingüino, ya que han sido reflejadas suficientemente por los medios de prensa, con mayor o menor centimetraje según el grado de complacencia que le dispensen, y con el crudo realismo que le dan los medios más independientes, en primer lugar los sitios digitales.

    Pero en todas ellas, como en las que son vertidas por su coro de estorninos, se hace harto evidente una tremenda carencia: la total ausencia de memoria. Esa misma memoria que el presidente declama constantemente todos los días y que parece adjudicable solamente al electorado.

La vida de los otros

    La carencia absoluta de memoria en un ya psicótico Kirchner y su patética banda de adulones se hace patente, fundamentalmente, en hacer hincapié en la figura de Macri vinculándolo como un ejemplo de la década del ’90. Década que, dicho sea de paso, el presidente y su entorno están trayendo de nuevo a la fama. Cabe recordarles, entonces, algunos aspectos que los involucra activamente a ellos en esa década.

    En primer lugar y como gobernador de Santa Cruz, Kirchner recibió la visita del entonces presidente Carlos Menem -uno de sus actuales caballitos de batalla para comparar su “modelo” descalificando el de este último-, ocasión en que, besos y abrazos mediante, lo condecoró oralmente con el calificativo de “el mejor presidente de la Argentina”. Eran tiempos en que la provincia patagónica recibía la generosa ayuda menemista tanto en subsidios, como en facturar en las boletas de servicios eléctricos un aporte para “obras en Santa Cruz” –de las que nada se sabe como del destino de ese dinero- y que aún persiste en esas facturas, y la figuración de Kirchner en las listas de gobernadores del menemismo para las elecciones de 1995.

    Era también la época en que esa provincia recibía el obsequio del entonces ministro menemista Domingo Cavallo de jugosos aportes por regalías mal liquidadas en la venta de petróleo, los ahora famosos “fondos de Santa Cruz” hace tiempo exiliados al exterior y nunca retornados al país como miente el inquilino de la Casa Rosada. Además de la participación, como convencionales constituyentes, de Kirchner y su esposa Cristina en la reforma constitucional abrochada en Santa Fe, que de paso allanó el camino para el “Pacto de Olivos”. Al margen, previamente, de las excelentes relaciones de este heroico luchador por los “derechos humanos” con los militares procesistas destacados en su provincia entre 1976 y 1983.

    Son muchos recuerdos repentinamente evaporados del centro de la memoria en el fatigado cerebro de Kirchner.

    Como se ha evaporado del de Daniel Filmus su activa participación también en el menemismo, tanto en su rol de secretario de Educación durante la intendencia porteña del olvidable Carlos Grosso –incluido el escándalo de la “escuela shopping” en el medio- como en el de asesor en el ministerio de Educación bajo las gestiones de Jorge Rodríguez y de Susana Decibe, siempre bajo el menemismo .

    También incurre en una súbita amnesia el segundo de Filmus en la fórmula, Carlos Heller, destructor de las finanzas del Club Boca Juniors durante su conducción junto a Carlos Alegre y de los ahorros de cientos de depositantes en el Banco Credicoop, también en tiempos de Menem. Al igual que el “palanqueador” de Filmus, el incombustible jefe de gabinete Alberto Fernández, funcionario de la Administración de Seguros –siempre en la ahora vituperada por todos ellos “década del ‘90”-, luego candidato a legislador en la lista para jefe de Gobierno de la Ciudad de Domingo Cavallo y más adelante jefe de campaña de Eduardo Duhalde, otro execrado hoy día por el kirchnerismo. Como también resulta patético el regreso a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires de un Aníbal Ibarra que a su vez erradicó de su memoria que aún carga con 194 muertos en el incendio de la disco “Cromañón”.

    En fin, son muchas más las cuentas del rosario de participaciones de Kirchner y su entorno en la década del ’90, que testarudamente se empeñan en utilizar como blasón en la campaña antimacrista, con la desvergüenza además de hacerlo impunemente ignorando lo que les están refrescando en tal sentido no pocos medios y sectores políticos. Vale mencionar que lo hicieron hasta candidatos de la izquierda en las recientes elecciones porteñas, como Patricia Walsh y Claudio Lozano.

Conclusión   

    La furia asociada al temor que apareja la segura pérdida de una baza tan crucial como la ciudad de Buenos Aires, sumados al descenso en los índices de popularidad de Kirchner (reales y no dibujados, como los del INDEC), y a la amenaza cierta de perder más bastiones provinciales, como sucedió en Misiones y Neuquén, y hasta el peligro que se va cerniendo sobre las propias presidenciales de octubre, están haciendo desastres en la compostura presidencial.

    Su testarudez ha hecho que hasta amenazara, hace horas, a los ciudadanos porteños, amonestándolos con que si votan a Macri en la segunda vuelta “van a aumentar las tarifas de los transportes públicos porque les quitaremos los subsidios”. La misma falta de respeto a los votantes exhibió Daniel Filmus al señalar que “votaron equivocados”, como si el ejercicio de un acto tan democrático como el voto y el libre pensamiento de los electores pudieran ser bastardeados tan alegremente por quienes la palabra “democracia” es, en los hechos, sólo una decoración discursiva.

    Como se dijo, el temor y la furia se han hecho carne en el presidente, que a su vez los contagia a sus atribulados miembros del entorno. Y por si fuera poco, al Gran Pingüino lo carcome uno de los siete pecados capitales: la envidia. Otra plaga que sumada a las fobias antes mencionadas puede hacerle cometer varios desatinos más de aquí hasta el 24 de junio y luego hasta el 28 de octubre.

    Bien decía José Ingenieros sobre la envidia: “Es el rubor de la mejilla abofeteada por la gloria ajena; es el grillete que arrastran los fracasados; es el acíbar que paladean los impotentes”.

    El caso es que los únicos que hablarán con la verdad, de aquí en más, habrán de ser los electores y el tiempo.

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