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Cristina Kirchner, su estado psíquico y la candidatura
Carlos Machado
karlos121@gmail.com

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210707 - ¡Paren el mundo, quiero bajar!
Para el gobierno de Néstor Kirchner acaban de transcurrir varias

semanas bastante movidas.

Viene de atravesar por preámbulos tan duros como las derrotas electorales en la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, continuadoras de otras como las de Misiones, Río Negro y Neuquén, que muy probablemente precederán a su vez a las que pueden producirse en otros distritos del país. Además de debatirse entre sus mentiras tratando de convencer, inútilmente, que “no hay crisis energética”, acaba de sufrir en carne propia el desaguisado cometido por su delegada personal en el ministerio de Economía, Felisa Miceli, quien aún no sabe explicar su estupidez de olvidar en su baño privado un bolso con más de 60.000 dólares de muy dudoso origen. Y en medio de tantas tribulaciones, el inquilino de la Casa Rosada ha decidido dar finalmente el golpe de timón que venía preanunciando: dejarle la difícil tarea de encarar las presidenciales de octubre a su esposa.
 

    De acuerdo a los índices de imagen que venían reflejando diversas encuestadoras pagadas por el gobierno –y por lo tanto difíciles de creer-, el presidente contaba con un gran porcentaje a su favor que superaba ampliamente al de Cristina. De allí que muchos no entendieran muy bien el motivo por el cual Kirchner no siguió adelante con el intento de ser reelecto. Algo que incluso en varios círculos de su entorno consideran un error, por cuanto estiman que la senadora –que no goza de mucho predicamento y confianza para gobernar, en especial entre el electorado femenino- puede llegar a verse en la peligrosa obligación de tener que ir a una segunda vuelta.
 

    Claro que puede haber otro motivo nada grato para que el presidente adoptara esa decisión, según se comenta en voz baja en algunos pasillos del poder, y está referido a su salud. Según esos rumores, que no harían más que confirmar lo que es un secreto a voces, Kirchner padece una grave enfermedad gastrointestinal, a la que tuvo que desatender cuando, dados los conflictos sociales que estallaron en Santa Cruz y la manera con que lo recibiría su población, no pudo durante tres meses viajar los fines de semana a su provincia natal, como lo hacía habitualmente para descansar y a la vez continuar con el tratamiento aplicado por su oncólogo personal. Y por otra parte, al presidente se lo observa desde hace varios días muy demacrado y con evidentes signos de cansancio o agotamiento.
 

    Sea cual fuere la verdadera razón, lo cierto es que finalmente se concretó -antes del tiempo previsto para anunciar la decisión final- el lanzamiento de la “pingüina” como candidata al nuevo período presidencial que arrancará el próximo 10 de diciembre. Pero hay muchas dudas sobre las reales capacidades de Cristina para ocupar ese alto cargo y conducir los destinos del país, sospechando muchos que su esposo, algo más relajado, será el verdadero poder detrás del trono.
 

    Ello fue reflejado, por ejemplo, por James Neilson en una reciente edición de la revista “Noticias”, cuando señaló: “Todo hace prever que el cuatrienio que comenzará en diciembre será mucho más difícil de lo que ha sido el transcurrido desde que la pareja se trasladó a Buenos Aires para encargarse del país, aún cuando el gran boom económico mundial que tanto ha ayudado siga a todo vapor. Para que su eventual gestión arrancara bien, a Cristina le sería necesario mostrar desde el vamos que no es ‘chirolita’ de Néstor, que es mucho más que una figura decorativa que obedezca sus órdenes sin chistar. El país podría tolerar un arreglo de esta clase durante cierto tiempo, acaso un par de semanas, pero pronto se cansaría de la telenovela matrimonial y la especulación en torno a quién decide qué, las protestas contra la opacidad del poder comenzarían a multiplicarse y con ellas los chistes dudosos que con toda seguridad le harían mucho daño”.

 

Cristina Jeckyll y Mrs. Hyde

 

    Por si fuera poco, han aparecido también algunos cuestionamientos acerca del real estado psíquico de la “primera ciudadana”. La misma publicación hace referencia a ese estado de frecuentes ciclotimias de Cristina, indicando que la última vez ello fue palpable en los días previos a la confirmación definitiva de su lanzamiento como candidata, al alternar raptos de alegría y momentos de irritación, cuando las dudas que generaba esa decisión de Kirchner –a las que aludimos al comienzo- y que tanto funcionarios como asesores del entorno se atrevieron a plantear, la hicieron estallar de indignación. En tal sentido, “Noticias” recuerda que hace ocho meses había tratado el tema de los abruptos cambios de personalidad de la ahora candidata presidencial.
 

    Franco Lindner, autor de la nota titulada “Cristina Kirchner-El factor bipolar”, con el subtítulo “Los especialistas debaten si puede gobernar con un trastorno psiquiátrico”, señala que “en noviembre pasado, ‘Noticias’ reveló que ese comportamiento habitual de Cristina tenía una explicación. Según fuentes muy cercanas a la Primera Dama, incluido uno de los psiquiatras que la ha tratado, ella sufriría de trastorno bipolar, antes llamado psicosis maníaco depresiva. Es una enfermedad que combina picos de euforia con otros de depresión, que afecta a entre tres y cuatro de cada cien personas y que se estabiliza con tratamiento psiquiátrico y una adecuada medicación: la droga más antigua es el litio, y a eso se suman dos sustancias químicas como el divalproato y la lamotrigina, a las que los especialistas llaman ‘estabilizadores del ánimo’. Según el psiquiatra de Cristina, que pidió reserva de su nombre, el caso de la senadora sería leve y estaría bien controlado. El hombre es una eminencia en trastorno bipolar y atiende a unos seis pacientes por día en su consultorio porteño”.
 

    La nota de Lindner concluye con un párrafo no menos inquietante: “Luego de esa revelación, que mereció comentarios en la prensa internacional y silencio entre los medios kirchneristas del país, no hubo ninguna confirmación o desmentida del gobierno, como si la situación no lo ameritara. Sí trascendió la molestia de la ahora candidata presidencial cuando un secretario le llevó la revista y la dejó sobre su escritorio. ‘Bipolar... ahora puedo ser presidenta y vice’, bromeó ella con una mueca burlona ante los funcionarios presentes. La seriedad del tema merece un debate entre los especialistas ahora que se sabe que Cristina tiene posibilidades de ganar las elecciones y de gobernar la Argentina a partir de diciembre. ‘Noticias’ consultó a varios de los psiquiatras que se especializan en trastorno bipolar para entender cómo podría influir esa enfermedad a la hora del ejercicio del poder.

 

Conclusión

 

    Ante este inquietante panorama las dudas se acrecientan. Si resulta extraño, como señalamos al principio de esta nota, que Néstor Kirchner haya tomado la decisión de cederle la posta a su esposa cuando él mismo estaba mejor posicionado para al menos dar la pelea por su continuidad al frente del Ejecutivo, no menos extraño es que haya mantenido esa decisión a sabiendas del tambaleante estado por el que atraviesa la psiquis de Cristina. A menos que efectivamente sea el actual presidente quien continúe ejerciendo ese cargo aún cuando éste eventualmente se encuentre en manos de la, por el momento, senadora de la Nación.
 

    Por otra parte, en un panel de figuras femeninas de la política que fueron reunidas recientemente en un programa periodístico televisivo, entre las que se encontraban entre otras las dirigentes políticas María José Lubertino, Margarita Stolbizer y Patricia Bullrich, las dos últimas criticaron lo que parece constituir una “sociedad conyugal” para retener el poder, cuando precisamente la presidencia del país no debe ser motivo para exponerla como “bienes gananciales”.
 

    Habrá que aguardar, entonces, las derivaciones futuras en estos tres meses y medio que restan de cara a las elecciones del 28 de octubre, habida cuenta de las inquietudes que se abaten en diversos círculos políticos, e incluso entre las propias filas kirchneristas, respecto de la candidatura de Cristina y de sus reales facultades para gobernar en caso de que triunfe en esos cruciales comicios.

 

    Más aún con las graves dificultades que ella heredará, que no son pocas. La crisis energética, una inflación descontrolada, la corrupción extendida en diversos estamentos oficiales, unas paupérrimas relaciones internacionales y ausencia de inversiones en el país, son sólo algunas de las cuentas de un pesado rosario que Cristina Fernández de Kirchner deberá, en caso de acceder a la primera magistratura, colgarse de su cuello.

    A no ser que el hombre que vino del frío tenga guardada, en su Caja de Pandora, alguna nueva y extraña carta a ser jugada.
 

    Aunque debería recordar que, según la leyenda mitológica, cuando esa caja fue abierta por su dueña, que no pudo resistir la ambición de lograr más poder, de ella salieron los males más inimaginables que se diseminaron por el mundo.

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