210707 -
¡Paren el mundo, quiero bajar!
Para el
gobierno de Néstor Kirchner acaban de transcurrir varias semanas
bastante movidas. Viene de atravesar
por
preámbulos tan duros como las
derrotas
electorales en la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego,
continuadoras de otras como las de Misiones, Río Negro y Neuquén, que
muy probablemente precederán a su vez a las que pueden producirse en
otros distritos del país. Además de debatirse entre sus mentiras
tratando de convencer, inútilmente, que “no hay crisis energética”,
acaba de sufrir en carne propia el desaguisado cometido por su delegada
personal en el ministerio de Economía,
Felisa Miceli, quien aún no
sabe explicar su estupidez de olvidar en su baño privado un bolso con
más de 60.000 dólares de muy dudoso origen. Y en medio de tantas
tribulaciones, el inquilino de la Casa Rosada ha decidido dar finalmente
el golpe de timón que venía preanunciando: dejarle la difícil tarea de
encarar las presidenciales de octubre a su esposa.
De acuerdo a los índices de imagen que venían
reflejando diversas encuestadoras pagadas por el gobierno –y por lo
tanto difíciles de creer-, el presidente contaba con un gran porcentaje
a su favor que superaba ampliamente al de Cristina. De allí que muchos
no entendieran muy bien el motivo por el cual Kirchner no siguió
adelante con el intento de ser reelecto. Algo que incluso en varios
círculos de su entorno consideran un error, por cuanto estiman que la
senadora –que no goza de mucho predicamento y confianza para gobernar,
en especial entre el electorado femenino- puede llegar a verse en la
peligrosa obligación de tener que ir a una segunda vuelta.
Claro que puede haber otro motivo nada grato para que
el presidente adoptara esa decisión, según se comenta en voz baja en
algunos pasillos del poder, y está referido a su salud. Según esos
rumores, que no harían más que confirmar lo que es un secreto a voces,
Kirchner padece una grave enfermedad gastrointestinal, a la que tuvo que
desatender cuando, dados los conflictos sociales que estallaron en Santa
Cruz y la manera con que lo recibiría su población, no pudo durante tres
meses viajar los fines de semana a su provincia natal, como lo hacía
habitualmente para descansar y a la vez continuar con el tratamiento
aplicado por su oncólogo personal. Y por otra parte, al presidente se lo
observa desde hace varios días muy demacrado y con evidentes signos de
cansancio o agotamiento.
Sea cual fuere la verdadera razón, lo cierto es que
finalmente se concretó -antes del tiempo previsto para anunciar la
decisión final- el lanzamiento de la “pingüina” como candidata al nuevo
período presidencial que arrancará el próximo 10 de diciembre. Pero hay
muchas dudas sobre las reales capacidades de Cristina para ocupar ese
alto cargo y conducir los destinos del país, sospechando muchos que su
esposo, algo más relajado, será el verdadero poder detrás del trono.
Ello fue reflejado, por ejemplo, por James Neilson en
una reciente edición de la revista “Noticias”, cuando señaló: “Todo
hace prever que el cuatrienio que comenzará en diciembre será
mucho más difícil de lo que ha sido el transcurrido desde que la pareja
se trasladó a Buenos Aires para encargarse del país, aún cuando el
gran boom económico mundial que tanto ha ayudado siga a todo vapor. Para
que su eventual gestión arrancara bien, a Cristina le sería necesario
mostrar desde el vamos que no es ‘chirolita’ de Néstor, que es mucho más
que una figura decorativa que obedezca sus órdenes sin chistar. El país
podría tolerar un arreglo de esta clase durante cierto tiempo, acaso un
par de semanas, pero pronto se cansaría de la telenovela matrimonial y
la especulación en torno a quién decide qué, las protestas contra la
opacidad del poder comenzarían a multiplicarse y con ellas los chistes
dudosos que con toda seguridad le harían mucho daño”.
Cristina Jeckyll y Mrs. Hyde
Por si fuera poco, han aparecido también algunos
cuestionamientos acerca del real estado psíquico de la “primera
ciudadana”. La misma publicación hace referencia a ese estado de
frecuentes ciclotimias de Cristina, indicando que la última vez ello fue
palpable en los días previos a la confirmación definitiva de su
lanzamiento como candidata, al alternar raptos de alegría y momentos
de irritación, cuando las dudas que generaba esa decisión de
Kirchner –a las que aludimos al comienzo- y que tanto funcionarios como
asesores del entorno se atrevieron a plantear, la hicieron estallar de
indignación. En tal sentido, “Noticias” recuerda que hace ocho meses
había tratado el tema de los abruptos cambios de personalidad de la
ahora candidata presidencial.
Franco Lindner, autor de la nota titulada “Cristina
Kirchner-El
factor bipolar”, con el subtítulo “Los especialistas
debaten si puede gobernar con un trastorno psiquiátrico”, señala que
“en noviembre pasado, ‘Noticias’ reveló que ese comportamiento
habitual de Cristina tenía una explicación. Según fuentes muy cercanas a
la Primera Dama, incluido uno de los psiquiatras que la ha tratado,
ella sufriría de
trastorno bipolar, antes llamado psicosis maníaco
depresiva. Es una enfermedad que combina picos de euforia con otros
de depresión, que afecta a entre tres y cuatro de cada cien personas y
que se estabiliza con tratamiento psiquiátrico y una adecuada
medicación: la droga más antigua es el litio, y a eso se suman dos
sustancias químicas como el divalproato y la lamotrigina, a las que los
especialistas llaman ‘estabilizadores del ánimo’. Según el psiquiatra de
Cristina, que pidió reserva de su nombre, el caso de la senadora sería
leve y estaría bien controlado. El hombre es una eminencia en trastorno
bipolar y atiende a unos seis pacientes por día en su consultorio
porteño”.
La nota de Lindner concluye con un párrafo no menos
inquietante: “Luego de esa revelación, que mereció comentarios en
la prensa internacional y silencio entre los medios kirchneristas del
país, no hubo ninguna confirmación o desmentida del gobierno, como
si la situación no lo ameritara. Sí trascendió la molestia de la ahora
candidata presidencial cuando un secretario le llevó la revista y la
dejó sobre su escritorio. ‘Bipolar... ahora puedo ser presidenta y vice’,
bromeó ella con una mueca burlona ante los funcionarios presentes. La
seriedad del tema merece un debate entre los especialistas ahora que se
sabe que Cristina tiene posibilidades de ganar las elecciones y de
gobernar la Argentina a partir de diciembre. ‘Noticias’ consultó a
varios de los psiquiatras que se especializan en trastorno bipolar para
entender cómo podría influir esa enfermedad a la hora del ejercicio
del poder”.
Conclusión
Ante este inquietante panorama las dudas se
acrecientan. Si resulta extraño, como señalamos al principio de esta
nota, que Néstor Kirchner haya tomado la decisión de cederle la posta a
su esposa cuando él mismo estaba mejor posicionado para al menos dar la
pelea por su continuidad al frente del Ejecutivo, no menos extraño es
que haya mantenido esa decisión a sabiendas del tambaleante estado por
el que atraviesa la psiquis de Cristina. A menos que efectivamente sea
el actual presidente quien continúe ejerciendo ese cargo aún cuando éste
eventualmente se encuentre en manos de la, por el momento, senadora de
la Nación.
Por otra parte, en un panel de figuras femeninas de
la política que fueron reunidas recientemente en un programa
periodístico televisivo, entre las que se encontraban entre otras las
dirigentes políticas María José Lubertino, Margarita Stolbizer y
Patricia Bullrich, las dos últimas criticaron lo que parece constituir
una “sociedad conyugal” para retener el poder, cuando precisamente la
presidencia del país no debe ser motivo para exponerla como “bienes
gananciales”.
Habrá que aguardar, entonces, las derivaciones
futuras en estos tres meses y medio que restan de cara a las elecciones
del 28 de octubre, habida cuenta de las inquietudes que se abaten en
diversos círculos políticos, e incluso entre las propias filas
kirchneristas, respecto de la candidatura de Cristina y de sus reales
facultades para gobernar en caso de que triunfe en esos cruciales
comicios.
Más aún con las graves dificultades que ella
heredará, que no son pocas. La crisis energética, una inflación
descontrolada, la corrupción extendida en diversos estamentos oficiales,
unas paupérrimas relaciones internacionales y ausencia de inversiones en
el país, son sólo algunas de las cuentas de un pesado rosario que
Cristina Fernández de Kirchner deberá, en caso de acceder a la primera
magistratura, colgarse de su cuello.
A no ser que el hombre que vino del frío tenga
guardada, en su Caja de Pandora, alguna nueva y extraña carta a ser
jugada.
Aunque debería recordar que, según la leyenda
mitológica, cuando esa caja fue abierta por su dueña, que no pudo
resistir la ambición de lograr más poder, de ella salieron los males más
inimaginables que se diseminaron por el mundo.