210807
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Los últimos días en materia
política no han hecho sino remarcar la decadencia del régimen gobernante
en la Argentina. Se aclara que la calificación de “régimen” a una
administración elegida democráticamente le
cabe muy bien en este caso al
gobierno de Néstor Kirchner. Es que no otro puede ser el calificativo
para una gestión que en sus cuatro años de existencia se preocupó
fundamentalmente de estafar a la ciudadanía de muchas formas.

Cabalgando sobre
los índices favorables de la macroeconomía como su máximo –y único-
logro a exhibir, el gobierno comenzó en poco tiempo a mostrar su
verdadero rostro. Larga es la lista de desaguisados cometidos, por lo
que nos referiremos solamente a los que más se han destacado en ese
triste catálogo.
La
inflación ya llegó a índices que espantan. Los índices reales, por
supuesto, no los que empecinadamente pretende mostrar el gobierno a
través de la falsificación lisa y llana que hace en los del INDEC, y que
para fin de año los expertos estiman en las cercanías del 35% al 40%.
Un guarismo bastante alejado del 10% a que aspiraba llegar,
utópicamente, el presidente y a la vez ministro de Economía argentino.
El caso
del desaparecido en democracia
Julio López es otra llaga en el cuerpo del Estado. Por más que
se siga tirando la pelota hacia delante y, como es habitual en otros
temas, se trate de olvidarlo no mencionándolo, en algún momento tendrán
que llegar las explicaciones de algo que muy probablemente no tenga ya
solución. A estar por las investigaciones del director de “Tribuna de
Periodistas”,
Christian Sanz –publicadas en este medio- con el agregado de que
el periodista acaba, por fin después de varios juegos de las escondidas,
ser recibido para aportar su testimonio en la causa por el juez platense
Arnaldo Corazza, la cruda realidad es que el anciano difícilmente
aparezca.
Los
casos de corrupción en una administración que su titular inició
mostrando sus manos limpias diciendo que iba a combatirla “caiga
quien caiga”, se han sucedido con una preocupante continuidad en los
últimos meses: desde el Caso Greco, que involucró a la ex
ministra de Economía,
Felisa Miceli; los sobreprecios y facturas “truchas” en torno a
la construcción de gasoductos adjudicada a la empresa sueca
Skanska; la estupidez de la misma ex ministra de Economía de
olvidarse en su baño privado una bolsa con más de 60.000 dólares
que aún no tienen justificación; la generosidad de la secretaria de
Medio Ambiente,
Romina Picolotti, al dilapidar indiscriminadamente grandes
recursos monetarios y contratar a un ejército de parientes, amigos y
demás deudos con salarios que en mucho superan a los del presidente y su
gabinete; la subfacturación en el envío de repuestos de armas al
exterior que envuelve a la ministra de Defensa,
Nilda Garré; hasta derivar en los
últimos días en el tema de la maleta cargada con casi 800.000 dólares
que un combo de funcionarios argentinos y venezolanos, con la
colaboración de un empresario colado en el viaje y probablemente otro
colado no registrado, pretendieron hacer pasar en el Aeroparque
Metropolitano. En tanto, las sombras de la corrupción parecen estar
alcanzando en estos momentos también a la hermana presidencial,
Alicia Kirchner,
titular del ministerio de Desarrollo Social, quizás otra de las nada
despreciables “cajas” gubernamentales y emblemático nido del cual salen
a revolotear los obsequios para los pobladores de menores recursos con
el fin de cambiarlos por votos para el oficialismo.
Como
puede apreciarse, una “cadena de favores” en la cual los únicos
favorecidos son, obviamente, los corruptos en banda que están
involucrados.
Otra
maniobra del gobierno en sus cuatro años de gestión fue comprar con
dádivas de variado tipo a la mayoría de los medios que conforman la
llamada “gran prensa”, y hacer objeto de aprietes y presiones a los que
no transaron. En el medio quedan los únicos verdaderamente
independientes, que son los periódicos digitales, y a éstos también se
les encontró la vuelta para silenciarlos o al menos intentar
amedrentarlos, mediante el hackeo, las amenazas y a veces el intento de
comprar su silencio, como también ocurrió con este sitio.
De allí
que el kirchnerato pudo asegurarse por lo menos que se mantengan tantos
temas que le son urticantes fuera de la consideración pública, en
especial los citados casos de corrupción en serie. ¿O acaso se volvió a
hablar de los casos Greco, Skanska, Miceli, Picolotti y Garré?. Lo mismo
que pretende ahora hacer con la cuestión de la
valija dolarizada, cuya propiedad, en sintonía con el gobierno
de
Hugo Chávez, intenta adjudicar solamente al empresario Guido
Alejandro Antonini Wilson, “olvidándose” –y rogando a la vez que
todos se olviden- de la complicidad del resto de sus acompañantes y
fundamentalmente del origen, destino y aplicaciones de ésa y tantas
valijas más que seguramente han transitado por los principales
aeropuertos argentinos.
También
ha logrado que su ceguera y la de los grandes medios soslaye otros casos
terribles en un país que se cuenta en el mundo entre los de mayores
recursos alimentarios: las enfermedades y muertes por desnutrición
–por hambre- que están sufriendo centenares de niños y adultos en
varias provincias.
No son
pocas las lacras impuestas por la administración kirchnerista, cuya
única preocupación en estos días es sostener a rajatabla la candidatura
de la consorte presidencial. Un sostén que parece cada vez más hecho con
alfileres, a la luz del hartazgo de la población, que se está reflejando
en los índices de aceptación –los reales y no los comprados- de los
inquilinos de la residencia de Olivos.
Autos
chocadores
Una
acabada muestra de cómo le importa al matrimonio Kirchner “su pueblo”,
el mismo con que tantos políticos de cuarta se llenan la boca sólo en
instancias pre-electorales, ocurrió recientemente en su provincia de
Santa Cruz.
Decididos finalmente a hacer una breve visita a Río Gallegos, luego de
casi cinco meses de ausencia obligada ya que “el horno no estaba para
bollos” y les hubiera resultado muy oneroso sufrir los escraches y
cacerolazos con que los recibirían los santacruceños –con la sangre en
el ojo después de tantos años de sojuzgamiento, represión y censura y
azuzados por el sacudimiento que les significó las marchas de protesta
por mejores salarios-, a los Kirchner no les quedaba otra opción que
presentar a la candidata en su propio reducto.
Para
ello se ampararon en el cerrado y vallado círculo que rodeaba a un club
de box y en los cientos de gendarmes que controlarían cualquier intento
de acercamiento, a menos de 300 metros, de grupos de manifestantes.
Desde allí, con la habitual asistencia asegurada de empleados públicos
“invitados” a concurrir si no querían perder sus empleos, los muchachos
aportados por el testaferro Rudy Ulloa, más los aportes de intendentes
oficialistas con gente de sus municipios y hasta de residentes de otras
provincias, incluso de la de Buenos Aires, para “hacer número”, Cristina
Fernández de Kirchner volvió a toquetear los micrófonos, a jugar con las
extensiones de su cabello y a balancearse hacia uno y otro lado como
gran dominadora de la escena, y soltó una vez más su discurso de
presentación. Como siempre, dicho sea de paso, sin aportar nada respecto
de plataforma electoral o planes de gobierno.
Con lo
que no contaban los Kirchner es con la tremenda piedra en el zapato que
les puso un hombre de su propio riñón, el ex ministro de Gobierno
provincial
Daniel Varizat, quien no tuvo mejor idea que atropellar y pasar
por encima a varios manifestantes que se expresaban en otro sector de la
ciudad, y a los que se encontró de improviso a bordo de su camioneta. El
video del hecho, que recorrió el mundo, es tremendo y bien gráfico a
respecto.
Esto
sucedió poco antes de que la candidata comenzara con su discurso,
bastante cerca de allí, y evidentemente fue informada de lo ocurrido.
Sin embargo, muy lejos de suspender el acto, y siempre con su dedito
alzado, sólo se remitió a atacar a la oposición señalando que “no
puede ser que la intolerancia, la agresión y la violencia sean las que
ganen las calles, porque ésta no es la Santa Cruz que construimos entre
todos”. Después de ello, el matrimonio presidencial corrió a
refugiarse a su residencia también muy bien custodiada de El Calafate,
sin siquiera interesarse por el estado de los heridos por Varizat y, por
lo tanto, ni por sus derechos humanos.
Al
parecer, la candidata –quizás probándose ya el traje de presidenta “K”-
solamente sabe proferir retos o amenazas, aunque en sus dichos olvidó
que “la Santa Cruz que construimos entre todos” debió padecerla, junto a
su esposo, por muchos años antes de que desembarcaran en la Casa Rosada,
y luego desde ésta.
A esto
último, a seguir padeciéndolos, es a lo que se están resistiendo tanto
los santacruceños como el resto de los argentinos. Y esa sensación no
escapa a la percepción kirchnerista. Es que tantos temas no deseados,
como los aquí expuestos, y que tanto están afectando la campaña de
Cristina hacia la presidencia, son muy difíciles de resolver en los
escasos dos meses que faltan para las elecciones.
En
estos momentos el gobierno sólo cuenta, como único aliento para alcanzar
con relativo éxito la meta del 28 de octubre, con la abulia y la falta
de capitalización por parte de la oposición de tantos elementos que se
interponen en el camino del oficialismo. Y es obvio que aquella no
debería limitarse a esperar sólo con la débil ilusión de que se caigan
solos.
Sólo
dos meses hasta las elecciones, y ninguna de las partes está mostrando
cartas a su favor. La oposición continúa durmiendo el sueño de los
justos. El kirchnerismo sigue barranca abajo, y aspira a alcanzar la
meta con el último aliento.
Muy poco y nada para armar un nuevo proyecto de país
por cuatro años más.
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