|
301007
- Argentina, el país del vale todo
Finalmente todo ha sido dicho en materia de estas
elecciones
por las que acaba de transitar la Argentina. Se ha consumado lo
que se preveía, y mucho más aún.
La candidata oficial,
Cristina Fernández de Kirchner,
logró la presidencia de la Nación para un período de cuatro años, si
bien mayormente traccionada por la provincia de Buenos Aires, el
baluarte en el que más se respaldaba la pareja presidencial. En el resto
del país no obtuvo la contundencia que tanto pronosticaban la mayoría de
los encuestadores a sueldo del gobierno.
Los mayores distritos aparte del
bonaerense reflejaron las victorias de sus principales oponentes. En
Córdoba y Mendoza triunfó
Roberto Lavagna,
y tanto en la provincia de Santa Fe como en la ciudad de Buenos Aires la
gran ganadora fue
Elisa Carrió, que logró
resultados más optimistas de lo que ella misma preveía hasta hace un mes
atrás, y por supuesto de los que le adjudicaban los dichosos
encuestadores. Asimismo, Carrió hizo una muy buena elección en el
conurbano bonaerense.
En el principal estado
argentino, la provincia de Buenos Aires, triunfó con comodidad Daniel
Scioli, aportando como se dijo su buena ayuda a los guarismos obtenidos
por la candidata oficial.
Con ello, sumado a los votos
obtenidos en provincias a las que consideraba “difíciles” como las del
noreste y noroeste del país, a Cristina Kirchner le fue suficiente para
obtener una victoria cómoda, sin necesidad de llegar al tan temido –por
el gobierno- ballotage.
Ahora bien, ¿qué es lo que se
consumó en estas elecciones?.
En primer lugar, las mayores
irregularidades sucedidas en toda la historia electoral del país desde
el retorno de la democracia en 1983.
La candidata oficial obtuvo la
presidencia del país tras haber sido designada “a dedo” por su esposo,
sin pasar como corresponde por un congreso e interna partidaria. Para
los Kirchner, la Casa Rosada y la residencia de Olivos parecen haberse
constituido en un bien ganancial.
El flamante gobernador electo de
la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, era en los hechos un
candidato “ilegal” ya que nunca llegó a residir en la provincia ni el
mínimo de dos años requerido para poder ser candidato a gobernarla.
Faltaron infinidad de
presidentes y fiscales de mesa, una muestra de la típica abulia
argentina frente a uno de los actos electorales que menos expectativa
generó entre la ciudadanía.
Faltaron boletas de los
principales partidos de la oposición, abundando eso sí las
correspondientes al oficialismo. Cuando algún votante se quejaba a los
fiscales de esa falta, éstos le respondían que vuelva más tarde o que
buscara él las boletas en otras mesas, cuando lo que corresponde es que
precisamente ellos estén atentos a cualquier contingencia. Incluso fue
detenido un individuo cuando se retiraba escondiendo bajo su campera
–pese al calor reinante- una enorme cantidad de boletas de la fórmula
liderada por Elisa Carrió.
Muchos lugares de votación
abrieron sus puertas bastante más tarde de la hora de inicio estipulada
–las 08.00 de la mañana-, ya sea por la falta de autoridades de mesa o
porque no llegaban todas las boletas habilitadas.
Todo ello originó que se
produjeran muchas demoras, que en la ciudad de Buenos Aires debiera
prolongarse el cierre del comicio por una hora más y que, incluso,
muchos votantes se quedaran sin emitir su sufragio.
Un párrafo aparte merece la
provincia presidencial, Santa Cruz. Con uno de los registros más bajos
de electores, por su escasa población, y con prácticamente todos sus
habitantes en contra del matrimonio Kirchner, resulta llamativo que
tanto la candidata presidencial del oficialismo como el candidato
–también oficial- a la gobernación, ganaran la elección con mucha
ventaja.
Cabe señalar que en las últimas
semanas habían circulado numerosas denuncias de fraude en esa provincia
austral, que iban desde la falsificación de firmas para los avales de
las listas a la existencia de casi 3.000 documentos de identidad “en
blanco”.
Sin embargo, todas las
irregularidades mencionadas pasaron, como es habitual en un país en el
que impera la impunidad, por el tamiz de la indiferencia, de que no se
impugnara nada ni a nadie, y que todo se dejara transcurrir más allá de
algunas presentaciones judiciales realizadas por los candidatos
opositores en relación a la falta o el robo directo de sus boletas,
denuncias que, como también es habitual, serán echadas al cajón del
olvido.
Una muestra más de que la
Argentina es el país del “vale todo”.
Lo que vendrá
En cuanto al futuro político de
la Argentina, todavía es una incógnita, ya que lo que permanece hasta el
momento como cierto es que poco o nada cambiará, habida cuenta de que el
nuevo período sólo es una continuidad del kirchnerismo en el poder.
En su discurso como presidenta
electa, Cristina Kirchner utilizó un tono moderado, incluso con algún
toque de la humildad de que había carecido siempre. Claro que ese
discurso solamente se dedicó a los agradecimientos de rigor y, algo
usual en todo candidato triunfante, a la convocatoria a “todos los
argentinos”, sin banderías políticas, para sumarse al “proyecto” del
nuevo gobierno.
Proyecto del que aún no hay
ninguna noticia. No habló, como tampoco lo hizo en sus escasos actos de
campaña, de planes de gobierno. Tampoco mencionó las dos palabras que
tanto vienen castigando a los ciudadanos: “inseguridad” e “inflación”.
Ambas tampoco habían estado en sus discursos previos y a la inflación
sólo la mencionó tangencialmente al defender los falsos índices que
desde comienzos del año viene dibujando en tal sentido el gobierno.
Entonces sólo queda esperar.
Habrá que aguardar cómo encarará Kirchner estos cuatro años futuros, y
nos referimos a Kirchner dado que será él quien seguirá manejando los
hilos del gobierno entre bastidores.
Hay que aguardar también si se
mantendrá el mismo nivel de aislamiento en cuanto a las relaciones
internacionales –hasta ahora proclives únicamente a ser mantenidas
empecinadamente con gobiernos también cada vez más aislados del mundo,
como los de Venezuela y Bolivia-, o si esta vez se tratará de
recomponerlas con las potencias que en realidad rigen la política y la
economía mundial, Estados Unidos y la
Unión Europea.
En ese sentido, por ahora el
triunfo de Cristina Kirchner es celebrado casi exclusivamente por los
gobernantes de los citados países sudamericanos,
Venezuela y
Bolivia, además de otros amigos
“progresistas” como
José Luis Rodríguez Zapatero en España. No tanto quizás por los
empresarios españoles, aunque seguramente ahora, para calmarlos, los
Kirchner liberarán de una vez las famosas tarifas congeladas de los
servicios públicos, en su mayoría en manos hispánicas.
Como dicen en algunos sitios caribeños, “amanecerá
y veremos”.
|