210508 - La Tierra está
cubierta por una frágil capa de suelo que se ha formado muy lentamente,
pero que puede ser barrida por el viento o arrastrada por el agua en
pocos años. Es lo que está ocurriendo en muchas zonas. En ninguna parte
es más grave el problema que en las zonas áridas, semiáridas y
subhúmedas secas, que representan más de un tercio de la superficie
terrestre. La desertificación es un proceso por el que las tierras
afectadas pierden su capacidad productiva. A menudo se vincula la
degradación de tierras con la seguridad alimentaria y la pobreza, en una
relación de causa y efecto.
No es casualidad que nuestro planeta se llame Tierra. Toda la vida
terrestre depende de la frágil y friable corteza de suelo que recubre
los continentes. Sin ella, los seres vivos nunca habrían salido de los
océanos: no habría plantas, ni cosechas, ni bosques, ni animales... ni
hombres.
La desertización es una palabra muy moderna, y en ella se refleja la
percepción clara de una realidad que ahí ha estado desde siempre, pero
que al no haberla advertido, era para nosotros, los humanos, como si no
existiese. Fue precisamente la ciencia que estudia el hábitat, la
ecología, la que nos llamó la atención sobre el fenómeno de la
progresiva desertización del planeta.
Este problema es un fenómeno global, que afecta a todos los continentes,
originando movimientos transfronterizos y transcontinentales, que fuerza
a la población originaria de estas regiones, marginada por la pobreza y
la degradación del ambiente, a buscar mejores condiciones de vida en
las ciudades, en otras regiones y otros países, donde es muy posible que
se produzcan, posteriormente, tensiones sobre los en tornos sociales y
naturales.
Las tres principales causas de la desertificación son el sobrepastoreo,
la deforestación y las prácticas de una agricultura no sustentable. El
sobrepastoreo y la deforestación destruyen el estrato de vegetación
protectora que cubre las regiones áridas y semiáridas, haciendo posible
que la erosión hídrica y eólica decapiten los fértiles estratos
superiores del suelo. Las prácticas agrícolas no sustentables eliminan
los nutrientes del suelo, salinizándolo, desecándolo, compactándolo o
sellando su superficie y provocando la acumulación de sustancias
tóxicas.
La desertificación y la sequía amenazan seriamente los medios de
subsistencia de más de 1.200 millones de personas en todo el mundo, que
dependen de la tierra para satisfacer la mayoría de sus necesidades.
Estos fenómenos menoscaban la productividad de la tierra y la salud y
prosperidad de las poblaciones en más de 110 países.
Los principales indicadores socio-económicos para la región de América
Latina son:
1) La degradación de las tierras áridas,
semiáridas y subhúmedas secas constituye uno de los mayores problemas
ambientales globales de la actualidad.
2) Alrededor de un cuarto de la superficie de América Latina esta
constituida por áreas susceptibles de desertificarse.
3) La mayoría de la población que vive en áreas de desertificación son
pobres. La pobreza y la presión sobre los recursos naturales causan
degradación de las tierras.
La República Argentina ocupa más del 80%
de su territorio con actividades agrícolas, ganaderas y forestales,
generando un impacto importante en la base de sus recursos naturales,
que se expresa en la actualidad con más de 60.000.000 de hectáreas
sujetas a procesos erosivos de moderados a graves. Cada año se agregan
650.000 ha, con distintos grados de erosión.
Los pobladores de las zonas áridas enfrentan problemas muy serios de
tenencia de la tierra, litigios de títulos, ausentismo, minifundio y
latifundio, lo que unido al bajo valor de la producción primaria y a las
dificultades de comercialización, generan pobreza y migración. Muchos de
los estados provinciales argentinos presentan ingresos per capita
promedio inferiores a la media nacional, y los porcentajes de hogares
con necesidades básicas insatisfechas duplican la media nacional.
Problemas graves como el ausentismo, bajo valor de la producción
primaria, dificultades en la comercialización y escasas alternativas
productivas, presionan sobre los procesos de desertificación, originando
problemas de marginalidad y exclusión en la periferia de las grandes
ciudades.
El proceso de deterioro es agravado por políticas macroeconómicas y
sectoriales que privilegian la orientación exportadora, favoreciendo la
concentración y la explotación de los recursos naturales de una manera
no sustentable. A esta situación se suma el hecho que los productores
tradicionales y minifundistas carecen de una política de protección o
promoción por lo que las condiciones actuales sobreexplotan los recursos
como estrategia de supervivencia.
Cerca de una tercera parte de las 37 millones argentinos/as vive en
zonas secas y de éstas proviene la mitad de la producción agrícola y
ganadera del país. Es de destacar que las zonas secas son las áreas más
pobres del territorio. La tala masiva de los bosques naturales, el
sobrepastoreo o la quema de la vegetación de las estepas y el empleo de
técnicas inadecuadas de labranza y riego han producido una disminución
de la cubierta vegetal y de la fertilidad de la tierra y, en última
instancia, erosión y salinización.
La lucha contra la desertificación implica a todas las actividades que
forman parte de un aprovechamiento integrado de la tierra de las zonas
áridas, semiáridas y subhúmedas secas para el desarrollo sostenible y
que tienen por objeto la prevención o la reducción de la degradación de
las tierras, la rehabilitación de tierras parcialmente degradadas, y la
recuperación de tierras desertizadas.
La desertización representa un obstáculo para el desarrollo sostenible,
ya que tiene una estrecha relación con la pobreza, la inseguridad
alimentaria y la sobreexplotación del recurso tierra, específicamente en
las zonas secas, donde la degradación y el aprovechamiento excesivo de
los bosques son algunas de las causas principales de la degradación del
suelo.
Los medios de comunicación suelen destacar el gran avance de la
desertificación en Argentina o la creciente contaminación de los suelos.
A pesar de ello, se trata de problemas mal enfocados y a los que se
dedican escasos recursos.
La desertificación es un elemento que influye cada vez más en la
degradación ambiental del planeta y desempeña un papel importante en la
contaminación del agua, el aire y el suelo, la deforestación, las
pérdidas de suelo y el cambio climático. Combatir la desertificación es
esencial para asegurar la productividad a largo plazo de las tierras
secas deshabitadas. Desafortunadamente, los esfuerzos por combatir este
problema cada vez más creciente han fracasado con frecuencia y, como
resultado, la degradación de la tierra sigue empeorando. Para dominar la
desertificación es indispensable que las sociedades humanas aprendan
otra vez lo que aprendieron por primera vez hace miles de años, esto es,
que la vida social y cultural sólo es posible en las zonas secas si se
es capaz de elaborar una economía que esté en armonía con la naturaleza,
adaptada a las condiciones del lugar.
Cristian Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y
Técnico Superior en Comunicación Social – E-mail:
cristianfrers@hotmail.com