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280508 -
La educación es, a la vez,
producto social e instrumento de transformación de la sociedad
donde se inserta. Por lo tanto, los sistemas educativos son al
mismo tiempo agente y resultado de los procesos de cambio
social. Ahora bien, si el resto de los agentes sociales no actúa
en la dirección del cambio, es muy improbable que el sistema
educativo transforme el complejo entramado en el que se asientan
las estructuras socioeconómicas, las relaciones de producción e
intercambio, las pautas de consumo y, en definitiva, el modelo
de desarrollo establecido.
Para comprender qué es la educación ambiental, es
conveniente explicar lo que no es. La educación ambiental no es un campo
de estudio, como la biología, química, ecología o física. Es un proceso.
Para muchas personas, este es un concepto que se le hace difícil
comprender. Mucha gente habla o escribe sobre enseñar educación
ambiental. Esto no se puede llevar a cabo. Uno puede enseñar conceptos
sobre esta problemática, pero no educación ambiental.
La falta de consenso sobre lo que es la educación
ambiental puede ser una razón de tales interpretaciones erróneas. Con
frecuencia educación al aire libre, educación para la conservación y
estudio de la naturaleza son todos temas considerados como educación
ambiental. Al mismo tiempo, parte del problema se debe también a que el
mismo término de educación ambiental es un nombre no del todo apropiado.
En realidad, el término Educación para el Desarrollo
Sostenible sería un término más comprensible, ya que indica claramente
el propósito del esfuerzo educativo: educación sobre el desarrollo
sostenible, el cual es en realidad la meta de la educación ambiental.
Esto implica la necesidad de incluir los programas de
educación ambiental en la planificación y en las políticas generales,
elaboradas a través de la efectiva participación social. Demasiadas
veces se cae en la tentación de realizar acciones atractivas, con una
vistosa puesta en escena y grandes movimientos de masas, que no
comprometen demasiado ni cuestionan la gestión que se realiza. La
educación ambiental debe integrarse con la gestión y no ser utilizada
como justificación ante las posibles deficiencias de ésta.
Para hacer posible los propósitos de la educación para el
desarrollo sostenible, es decir, mejorar todas las relaciones ecológicas
incluyendo las del mismo hombre con la naturaleza y las del hombre entre
sí; así como también generar conciencia, interés, aptitudes,
motivaciones y compromisos con el ambiente, la educación ambiental debe
transmitir conceptos básicos como: El reto que debemos plantearnos hoy
en día es el de favorecer la transición hacia la sostenibilidad y la
equidad, siendo conscientes de que esta transición requiere profundos
cambios económicos, tecnológicos, sociales, políticos, además de
educativos.
Un propósito fundamental de la educación para el
desarrollo sustentable es lograr que tanto los individuos como las
colectividades comprendan la naturaleza compleja del ambiente resultante
de la interacción de sus diferentes aspectos: físicos, biológicos,
sociales, culturales, económicos, entre otros; y adquieran los
conocimientos, los valores y las habilidades prácticas para participar
responsable y eficazmente en la prevención y solución de los problemas
ambientales en la gestión de la calidad del ambiente.
La educación ambiental resulta clave para comprender las
relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales, así como
para conseguir una percepción más clara de la importancia de los
factores socioculturales en la génesis de los problemas ambientales. En
esta línea, debe impulsar la adquisición de la conciencia, los valores y
los comportamientos que favorezcan la participación efectiva de la
población en el proceso de toma de decisiones. La educación ambiental
así entendida puede y debe ser un factor estratégico que incida en el
modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la
sostenibilidad y la equidad.
La educación ambiental para una sociedad sostenible y
equitativa es un proceso de aprendizaje permanente, basado en el respeto
por todas las formas de vida. Es una educación que afirma valores y
acciones, que contribuyen con la transformación humana y social y con la
preservación de los recursos naturales y el ambiente.
Por lo tanto, la educación para el desarrollo
sostenible, más que limitarse a un aspecto concreto del proceso
educativo, debe convertirse en una base privilegiada para elaborar un
nuevo estilo de vida. Ha de ser una práctica educativa abierta a la vida
social para que los miembros de la sociedad participen, según sus
posibilidades, en la tarea compleja y solidaria de mejorar las
relaciones entre la humanidad y su medio.
Se escribe y se habla, bastante más que en el pasado,
sobre el tema. Es un avance. La educación ambiental ha tomado cierta
relevancia en el desarrollo de la sociedad durante los últimos años y se
encuentra incluida en los currícula escolares pero lo hace desde una
línea transversal no como nueva disciplina.
En la vida cotidiana, las industrias producen diariamente
toneladas de elementos contaminantes que esparcen en la atmósfera o
lanzan como residuos a los mares y ríos. Consumimos frenéticamente
cantidades desproporcionadas de energía para la producción o para el
transporte. Generamos exceso de basura para embalaje. En los
establecimientos que expenden o producen alimentos no se cautela con la
debida atención la salud de los consumidores. Se utilizan constantemente
materias derivadas de especies o ambientes amenazados (cuando ya no se
los ha extinguido o destruido concientemente). Se usa en exceso los
pesticidas en los cultivos y se los diluye en las aguas de riego.
Esparcimos por todas partes, especialmente en las calles y playas,
toneladas de desperdicios que han ido ensuciando progresivamente el
paisaje y deteriorando la salud pública. No prevemos las catástrofes,
las inundaciones y otros fenómenos naturales y explotamos
indiscriminadamente nuestros valiosos recursos naturales sin tomar
conciencia que no son inagotables.
Estamos deteriorando y envenenando sistemática y
colectivamente nuestras propias condiciones de vida y no se ha tomado
las medidas urgentes que se requieren: no hemos tenido una política
ambiental, poseemos una legislación abundante pero fragmentada, existen
vacíos en la información ambiental, hay exceso de permisividad para la
contaminación y esfuerzo insuficiente en las escuela y la sociedad por
crear una conciencia nacional que permita enfrentar el suicidio
ecológico en que estamos perseverando… más allá de todas las buenas
palabras. Lo que sucede en Argentina se reproduce, con menor o mayor
gravedad, a escala planetaria.
Es necesario plantearse un cambio para el siglo XXI, un
cambio que suponga una ruptura del sistema actual para evolucionar hacia
una nueva sociedad basada en un desarrollo sostenible real, no utópico.
Pero a través de nuestra visión compartimentada del mundo, de nuestro
egoísmo tecnológico, económico y mercantil, del sistema antropocéntrico
dominante sobre el natural, de las luchas encarnizadas entre etnias, del
consumismo y despilfarro exacerbado de ciertas sociedades mientras otras
atraviesan períodos de penuria, nunca abordaremos el proceso que culmine
en un nuevo paradigma de subsistencia universal.
Sólo cuando reflexionemos que formamos parte de un
ecosistema mundial donde existen múltiples relaciones bidireccionales, a
través de las cuales actuamos sobre el medio pero también el medio
condiciona las mismas, estaremos predispuestos al cambio, estaremos en
el camino de la actuación racional con el entorno, nos situaremos en un
nuevo paradigma necesario para el siglo XXI, el paradigma de la
reconciliación del ser humano con la naturaleza para una supervivencia
conjunta.
Cristian Frers – Técnico Superior en
Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social – E-mail:
cristianfrers@hotmail.com
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