|
300808 -
“Un país con problemas de agua es
el latir de un corazón que lucha por existir”
El problema de la contaminación del agua es conocido
desde la antigüedad, ya que aparecen relatos de la contaminación del
agua incluso en las Sagradas Escrituras. Este problema es local,
regional y mundial.
Del total de agua existente en el planeta, únicamente el
3% es agua dulce. Pero de este porcentaje, la mayoría (el 79%) está en
forma de hielo (por lo que no está disponible para su uso) y el resto se
encuentra como agua líquida: en forma de aguas subterráneas (el 20%) y,
únicamente el 1% restante, como aguas superficiales. Pero estos recursos
no son inagotables. Hemos de tener en cuenta que la capacidad de
aprovechamiento del escaso porcentaje de agua disponible, se ve
notablemente disminuida debido a los incesantes cambios en nuestra
civilización que conducen inexorablemente a su deterioro y escacez.
El agua dulce es
el recurso renovable más importante, pero la humanidad está utilizándolo
y contaminándolo más rápidamente de lo necesita para reponerse.
Efectivamente, las aglomeraciones
en las grandes ciudades, la mejora en la calidad de vida, el rápido
desarrollo industrial, el incremento del turismo y la agricultura, las
actividades de ocio, entre otras acciones. hacen que este escaso
porcentaje se vaya reduciendo de forma natural y que su composición se
vea notablemente alterada.
Para agravar el problema, el ciclo hidrológico es cada
vez menos previsible ya que el cambio climático altera los patrones de
temperatura establecidos en todo el mundo.
De todo esto se deriva, la gran importancia de un
aprovechamiento integral de las aguas dulces disponibles y la
preservación de su calidad, en condiciones óptimas, para su utilización.
La contaminación del agua es la acción y el efecto de
introducir materias o formas de energía, o inducir condiciones en el
agua que, de modo directo o indirecto, impliquen una alteración
perjudicial de su calidad en relación con los usos posteriores o con su
función ecológica.
Esta contaminación de las aguas superficiales y
subterráneas (ríos, lagos, embalses, acuíferos y mar)
es producto de las actividades del hombre;
éste agrega al agua sustancias ajenas a su composición, modificando la
calidad de la misma. Está contaminación tiene su origen en
diversos factores como:
1)
Agentes patógenos: Bacterias , virus , protozoarios, parásitos que
entran al agua provenientes de desechos orgánicos.
2)
Desechos que requieren oxígeno: Los desechos orgánicos pueden ser
descompuestos por bacterias que usan oxígeno para biodegradarlos. Si hay
poblaciones grandes de estas bacterias, pueden agotar el oxígeno del
agua, matando así las formas de vida acuáticas.
3)
Sustancias químicas inorgánicas: Acidos, compuestos de metales tóxicos
(Mercurio, Plomo), envenenan el agua.
4)
Los nutrientes vegetales: Pueden ocasionar el crecimiento excesivo de
plantas acuáticas que después mueren y se descomponen, agotando el
oxígeno del agua y de este modo causan la muerte de las especies marinas
(zona muerta).
5)
Sustancias químicas orgánicas: Petróleo, plástico , plaguicidas,
detergentes que amenazan la vida.
6)
Sedimentos o materia suspendida: Partículas insolubles de suelo que
enturbian el agua , y que son la mayor fuente de contaminación.
7)
Sustancias radiactivas: Que pueden causar defectos congénitos y cáncer.
La contaminación de las aguas es uno de los factores más
importante que rompe la armonía entre el hombre y su medio, no sólo de
forma inmediata sino también a medio y a largo plazo; por tanto, la
prevención y lucha contra dicha contaminación constituye actualmente una
necesidad de importancia prioritaria.
Todos los contaminantes contenidos en las aguas
residuales, causarían serios problemas ambientales si se incorporasen
directamente a un curso de agua no contaminado. Por ello es necesario
que sean tratadas antes de su vertido, con el fin de rebajar lo más
posible su carga contaminante, y que estén dentro de unos límites que se
consideren adecuados.
Los problemas del agua se centran tanto en la calidad
como en la cantidad. La comunidad debe conocer la importancia de la
"calidad" de la misma y esa misma comunidad de encargarse de su cuidado
y preservación.
Tomemos el caso el arsénico en el agua.
La muerte se cierne
en forma de arsénico para unos 140 millones de personas en todo el mundo
que, sin saberlo, beben agua contaminada, en mayor o menor medida, por
la presencia de arsénico.
Según un estudio
presentado por la Real Sociedad Geográfica del Reino Unido se afirma que
en más de 70 países de todo el mundo, el agua destinada para el consumo
humano presenta altas concentraciones de arsénico, lo que representa
enormes riesgos para la salud de la población.
De hecho, en aquellos
núcleos de población en los que se ha encontrado mayores niveles de
concentración de arsénico en el agua de consumo humano, se ha podido
constatar un aumento considerable de enfermedades pulmonares,
cardiovasculares y neurológicas, dermatológicas y –lo que es más grave-
diversos tipos de cáncer.
El agua brota
como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI ya que se espera que
en el año 2025, la demanda de este elemento tan necesario para la vida
humana será un 56% superior que el suministro... y quienes posean agua
podrían ser blanco de un saqueo forzado.
El problema es que el agua es un recurso que se da
sentado en muchos lugares, es muy escaso para los 1.100 millones de
personas que carecen de acceso al agua potable, a las que habría que
sumar otros 2.400 millones de personas que no tienen acceso a un
saneamiento adecuado.
Más de 2.200 millones de habitantes de los países
subdesarrollados, la mayoría niños, mueren todos los años de
enfermedades asociadas con la falta de agua potable, saneamiento
adecuado e higiene. Además, casi la mitad de los habitantes de los
países en desarrollo sufren enfermedades provocadas, directa o
indirectamente, por el consumo de agua o alimentos contaminados, o por
los organismos causantes de enfermedades que se desarrollan en el agua.
Con suministros suficientes de agua potable y saneamiento adecuado, la
incidencia de algunas enfermedades y la muerte podrían reducirse hasta
un 75 por ciento.
En la mayoría de las regiones, el problema no es la falta
de agua dulce potable sino, más bien, la mala gestión y distribución de
los recursos hídricos y sus métodos. La mayor parte del agua dulce se
utiliza para la agricultura, mientras que una cantidad sustancial se
pierde en el proceso de riego.
Este recurso es un bien tan necesario que podría pasar a
ser objeto de peleas políticas, si se lo observa sólo como un negocio:
represas, canales de irrigación, tecnologías de purificación y de
desalinización, sistemas de alcantarillado y tratamientos de aguas
residuales. No debe olvidarse el embotellamiento del agua, puesto que es
un negocio que supera en ganancias a la industria farmacéutica. El
origen de esta comercialización del agua habría que buscarla en
noviembre de 2001, cuando los recursos naturales al igual que la salud y
la educación, empezaron a ser objeto de negociaciones en la OMC
(Organización Mundial de Comercio). La meta final es la liberalización
de los servicios públicos para el 2005. Esto que suena árido y aburrido,
puede simplificarse: lo que hasta ahora era regulado por los estados,
pasará a ser mercado de libre comercio. Dentro de este contexto, existen
dos escenarios probables: La apropiación territorial: esto podría
realizarse mediante la compra de tierras con recursos naturales (agua,
biodiversidad), tampoco se descarta un conflicto militar.
Esta última hipótesis, nos transporta a la última guerra
en Irak (Marzo 2003) y la apropiación de las grandes petroleras
estadounidenses de los recursos iraquíes. No se descarta que con esa
guerra hayan querido controlar los recursos hídricos de los ríos
Eufrates y Tigris... ríos caudalosos en una de las zonas más áridas del
planeta.
El agua es un don que
la naturaleza ofreció a la vida y a cada uno de nosotros. El 70% de
nuestro cuerpo está compuesto de agua. Por ser todo esto, el agua
constituye una de las metáforas más significativas de lo Divino que está
en nosotros y en el universo y de la sacralidad de toda la vida. ¿Cómo
cuidarla y no luchar por ella?
|