180907 - El retorno de la patria
financiera y la patria patotera
Lentamente, los cambios en las condiciones económicas se hacen sentir en
nuestro país.
El proceso inflacionario, reconocido ahora como un "fenómeno
preocupante" por las propias autoridades del Banco Central, generaliza
sus consecuencias y golpea de frente a los trabajadores asalariados y a
los sectores medios de la sociedad.
Ya lo anunciamos desde esta columna, el fin del crédito, marcado por la
bancarrota internacional, le señala un límite a las políticas oficiales
destinadas a incentivar el consumo. "Sin crédito barato, que sirva para
convencer a la clase media de las bondades que el capitalismo ofrece
para la obtención de un celular de última generación y con las
perspectivas inmediatas de fuerte incremento de tarifas, tasas e
impuestos a futuro, el kirchnerismo se debate en medio de guatemala y
guatepeor" (El fantasma de la bolsa recorre la Argentina).
El reconocimiento por parte de Martín Redrado de que la inflación está
instalada y que ha llegado para quedarse; no debería ser una novedad
para nadie. El proceso inflacionario es contundente sobre los bolsillos
populares y cualquier ama de casa sabe de los incrementos de precios,
sin necesidad de que las autoridades del Central la alerten sobre el
fenómeno.
De todas formas, la "preocupación" de Redrado no atiende a los sectores
que compran papas o tomates en las verdulerías de los barrios, sino que
está dirigida a aquellos que están llamados a hacer negocios en el país.
Ver "preocupado" al titular del Central logró lo que se consideraba
imposible hasta hace unos pocos días, que los papeles de la deuda
argentina indexados por CER subieran casi en forma inmediata. Los
tenedores de bonos comprendieron que detrás de las palabras de Redrado
se abre una nueva ronda de negocios especulativos.
El aliento del titular del Banco Central inflamó a sus patrones de
Euromoney, pero no menos, que las palabras de la candidata Cristina
Kirchner quien considera que "hacer negocios y ganar buen dinero no es
pecado". Recordemos que la candidata, devenida en calvinista, tiene a
Martín Redrado como posible nuevo ministro de economía. Naturalmente que
esto será así sólo si la UIA está dispuesta a largar la manija del
superministerio.
¿Se acabó el crédito?
Pese a las voces que se empeñan en disociar a la Argentina de la crisis
internacional, los cambios que se vienen produciendo no hacen más que
demostrar que asistimos a un momento grávido de convulsiones.
Los cambios asociados a las corridas financieras y la implementación de
"corralitos" a escala universal, colocan un límite a las condiciones del
mercado del crédito, que ya se está haciendo sentir en nuestro país a
partir del mayor costo en las cuotas para la adquisición de bienes y en
los nuevos contratos de financiamiento a tasas variables.
De conjunto esta situación plantea resultados explosivos en los próximos
meses.
En primer lugar, porque la falta de financiamiento barato a corto,
mediano y largo plazo implicará una desaceleración del consumo, cuyas
consecuencias impactarán directamente sobre la visión de bonanza que
acompaña a unos pocos sectores medios.
En segundo lugar, todos aquellos que tomaron créditos a tasa variable,
ya sufren las consecuencias de los aumentos en las cuotas, las que han
empezado una corrida solapada detrás de la inflación real y no de la
indikada por el Indec. Estas nuevas víctimas, los más optimistas entre
los consumidores, serán sin duda los principales estafados en su ilusión
de progreso bajo el gobierno kirchnerista.
En tercer lugar, nos encontramos con todo un sector de asalariados que
haciendo un inmenso esfuerzo han logrado acceder a créditos hipotecarios
para su primer vivienda a tasas relativamente bajas. En este caso será
la inflación, sobre sus sueldos congelados, la que hará que las cuotas
adquieran un carácter impagable. "El ajuste, que comenzó -como es
tradicional- en los créditos a mayor plazo (por caso, los hipotecarios),
ya se extendió a los personales, prendarios y el leasing y comienza a
llegar a los descubiertos en cuenta corriente y la financiación de
consumos con tarjetas de crédito" (La Nación)
La regeneración de la patria financiera va acompañada por la
regeneración de la patria patotera.
El kirchnerismo ha asumido su propio fracaso y lo demuestra en la
alianza con los sectores, que hasta ayer acusaba de ser la "mafia de la
política.
Las listas, que el Frente para la Victoria presenta en Provincia de
Buenos Aires, son un reflejo de como la impotencia de la "nueva
política" termina por anudarse con los intendentes "cómplices con el
delito".
La visión de un país sacudido por luchas en contra de los incrementos de
los precios y tarifas, no es ajena al armado "estratégico" del
presidente.
Kirchner, teme que Santa cruz se generalice y los únicos métodos que
concibe en esta etapa de retirada son: la extorsión; la amenaza,
mediante la movilización de las patotas y como ha quedado claro en los
últimos hechos que se sucedieron en su provincia: la represión.
La audaz intervención de los trabajadores en la nueva situación
política; la casi nula influencia que el kirchnerismo pudo desarrollar
en estos años, entre las capas más avanzadas del movimiento obrero y la
perspectiva de una crisis económica inminente, de dimensiones inciertas,
ha hecho que el kirchnerismo se mueva sobre seguro.
¿Quiénes pueden demostrar mayor fidelidad a la defensa de las
instituciones de "la nueva política" que los viejos burócratas y
punteros, que siguen adelante con sus negocios más allá de las peroratas
que el pingüino haya lanzado en contra de ellos en una que otra
oportunidad?
El cuadro de crisis económica y social colocó al kirchnerismo frente a
una disyuntiva feroz; o convertía la provincia en un gran San Vicente,
con el riesgo de verse atrapado en medio de la balacera, o llegaba a un
acuerdo con lo más graneado de la patota pejotista -viejos sabedores de
fraudes necesarios y de contención a punta de pistola o a golpe de
cadena de los reclamos sociales- soltando la mano de tanto "progre" que
le dio de comer por estos años.
La lealtad del presidente para con sus aliados de la "izquierda
revolucionaria" es una escuela de ternura fraternal: ahí los vemos a los
Ceballos y otros tantos reclamando por el amor no correspondido.
Mientras los Quindimil, Ishi, Pereyra, Fernández, Othacehé y Curto
bailan al son de la nueva "marcha progresista".
De la concertación al pacto y del pacto a la concentración
Pero no es fácil, ni para el kirchnerismo, ni para ningún otro,
sustentar un proyecto sobre la base del rejunte y del acuerdo en el
campo de los negociados intocables de los intendentes.
La democracia es generosa en el reparto de cargos; pero, como siempre
pasa la demanda supera a la oferta y algunos otros sectores han quedado
lastimados en medio de esta disputa. Por un lado, el oficialismo tuvo
que recurrir al premio consuelo de listas colectoras que se colgaran a
la candidatura de Cristina en algunos municipios, para que su "gran
movimiento histórico" no se evapore en el aire. Por el otro la
claudicación a la formación de un movimiento político diferente a las
viejas estructuras pejotistas, lanzó al ruedo al "padrino" Duhalde, que
intentará cobrar derechos de autor por el uso de todo su aparato.
La concertación social que Cristina pensó con patrones y burócratas
sindicales tampoco dejó contentos a todos los sectores.
En primer lugar; el gobierno ha rebajado en un 50% el costo
indemnizatorio, con el argumento de que los índices de desocupación no
superan un dígito, cumpliendo de esta manera con un viejo reclamo
patronal: terminar con la doble indemnización. Pero esto no ha tenido
una contraprestación del todo aceptable para los gordos de la CGT que
reclamaron más lugares en la lista de diputados para sus hombres. Moyano,
apenas esbozó una crítica a esta confección electoral, la que fue
rápidamente tapada con un suculento subsidio para sus empresas; pero,
esto reabrió una crisis interburocrática que amenaza con partir la
central de los gordos.
En segundo lugar, la disputa entre camarillas hace que el pacto social
aborte antes de nacer.
El acuerdo consiste en descargar la crisis sobre los trabajadores y la
población en general, pero la codicia que acompaña a todos los
involucrados, en medio de un gobierno que hace agua, amenaza con colocar
más factores de crisis que de soluciones posibles.
La concertación cristinista, para ser posible, debe solucionar primero
el enfrentamiento entre camarillas y sectores económicos que se disputan
el botín del superávit. Sólo si Cristina logra la concentración del
poder la concertación sería posible y por los indicadores de la presente
crisis y el grado de descomposición que arrastra el gobierno de su
marido, está bien lejos de lograrlo.
Queda dicho octubre para el kirchnerismo, no esta a la vuelta de la
esquina.