Durante los últimos casi
ocho años, según versiones oficiales, la mayor “amenaza” a Estados
Unidos y a su máximo representante, el presidente, provenía del
exterior, de “terroristas” islámicos y otros “extremistas” que
odiaban a Estados Unidos, pero ahora todo indica que la principal
amenaza para el que será el nuevo presidente está aquí adentro, y
tiene una historia casi tan larga como el país.
Según un agente del
Servicio Secreto, Barack Obama “invita una amenaza de tipo
diferente” a todos sus antecesores, “una que proviene más de la ira
de los locos domésticos y tal vez menos de los fanáticos
extranjeros”, comentó al New
York Daily News.
El Servicio Secreto
siempre ha estado encargado, entre otras tareas, de proteger la vida
del presidente y su familia, identificando amenazas potenciales
tanto en el extranjero como en el interior. Vale recordar que aunque
se supone y se especula sobre posibles complots internacionales
contra los presidentes de este país, todos los atentados actuales en
la historia han sido a manos de estadunidenses (desde el asesinato
de Abraham Lincoln hasta el más reciente, el atentado contra Ronald
Reagan, con dos que tres en medio).
Sin embargo, Obama, por
ser afroestadunidense, ya ha visto amenazas que nunca padecieron los
43 presidentes que ha tenido este país. De hecho, fue el candidato
presidencial (y su familia) a quien más temprano en una contienda
electoral se le otorgó protección del Servicio Secreto, desde mayo
de 2007, como resultado de amenazas de muerte por parte de
supremacistas blancos. Durante su campaña se descubrieron por lo
menos dos complots con el objetivo de asesinarlo, aunque ninguno de
ellos había elaborado más que la intención, según fuentes de
seguridad pública.
Y es que a pesar del
carácter histórico de la elección del primer afroestadunidense como
presidente y el torrente de comentarios de cómo eso implicaba que en
gran medida este país había superado, o por lo menos había roto, la
barrera racial, la elección no implica que el racismo ha
desaparecido en este país.
Desde los comicios se
han registrado cientos de incidentes, algunos criminales, que
expresan ese racismo a lo largo y ancho del país, reporta el
Southern Poverty Law Center, el cual monitoreo delitos de odio y
actividades de agrupaciones racistas.
Entre los ejemplos
registrados se reporta que estudiantes de segundo y tercero de
primaria en un autobús escolar coreaban “asesina a Obama” en Rexburg,
Idaho; en una tienda de abarrotes en Maine, había un concurso de
apuestas por un dólar para atinar a la fecha en que sería asesinado
Obama, y bajo el anuncio decía “ojalá alguien gane”, cruces se han
quemado frente a casas de simpatizantes de Obama en un par de
estados (el símbolo racista del Ku Klux Klan, entre otros); se han
dejado mensajes de amenazas o expresiones racistas contra otros
simpatizantes, incluidas universidades; hay pintas y grafitis
racistas con referencias al presidente electo, se reportan
conversaciones con todo tipo de referencias racistas en cafés,
escuelas, en las calles y más, reportan organizaciones de derechos
civiles y medios.
Aquí en Nueva York, la
noche en que Obama ganó la elección varios hombres blancos en Staten
Island (una de las cinco secciones que conforman esta ciudad)
detuvieron su automóvil y golpearon con un bat de beisbol al grito
de “Obama” a un joven negro de 17 años que caminaba hacia su casa, y
después huyeron.
De hecho, algunos
consideran que la retórica empleada por la fórmula electoral
republicana de John McCain, y especialmente de Sarah Palin,
nutrieron el ambiente para estas expresiones de “odio”. Varios
recuerdan que mientras McCain y de manera más explícita, Palin,
acusaban a Obama de tener relaciones sospechosas con “terroristas”
domésticos y cuestionaban si no era alguien con “una visión
diferente” de Estados Unidos que todos los demás, calificándolo de
“socialista” y más, se repetía en varios eventos de la campaña que
se escuchaba un coro de “mátenlo” o “terrorista” de los
simpatizantes republicanos. Según reportaron Newsweek y
el rotativo británico Telegraph hace
unas semanas, el Servicio Secreto advirtió a la familia Obama a
mediados de octubre que habían registrado un incremento dramático en
el número de amenazas contra el candidato demócrata aparentemente
coincidiendo con los ataques verbales de Palin.
La agencia privada de
análisis sobre asuntos de seguridad e inteligencia Stratfor advirtió
que Obama es un objetivo de alto riesgo para pistoleros racistas, al
señalar que “dos complots para asesinar a Obama fueron interrumpidos
durante la temporada de la campaña, y muchos más permanecen bajo
investigación. Esperaríamos que las autoridades federales descubran
muchos más complots para atacar al presidente que han sido
elaborados por ideólogos de la supremacía blanca”.
Mark Potok, director del
Proyecto sobre Inteligencia del Southern Poverty Law Center explicó
a la agencia Ap que “hay un amplio subsector de gente blanca en este
país que siente que está perdiendo todo lo que conoce, que de alguna
manera se le ha robado el país construido por sus antepasados”. Con
la elección de Obama hay muchos que admiten que para ellos esta
elección marca el fin de su mundo.
Mientras que el gobierno saliente no se ha cansado de repetir que el
“enemigo” está amenazando a Estados Unidos desde afuera, resulta que
hay un enemigo histórico aquí adentro, que nació y se crió aquí, y
que es tan estadunidense como la bandera y está dispuesto a amenazar
la vida del presidente electo de Estados Unidos, y que aun después
de esta histórica elección, está a la vista por todo el país.