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2008, un año marcado por la “caída del sistema” y el desencanto masivo con el neoliberalismo
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020109 - Fue el año en que “se cayó el sistema”, literalmente. Fue el año de una elección, por definición, histórica. Fue el año que marca el final de una obra de teatro fatal, con un elenco encabezado por George W. Bush y Dick Cheney, que dejó como saldo cientos de miles de muertos y heridos, una Constitución y una Carta de Naciones Unidas hechas trizas, y una economía en ruinas.
Tal vez fue el año que marca el principio del fin del poder imperial de Estados Unidos.


En Estados Unidos concluye 2008 con la peor crisis económica en casi 80 años. Eso, a la vez, desenmascaró el modelo neoliberal como una gran estafa piramidal, donde se construyó un paraíso para los ricos sobre una riqueza que simplemente no existía.

Este año acaba con tal vez la mayor intervención estatal en el mercado “libre” jamás realizada para salvar al sistema.

Se calcula que en la combinación de préstamos, inyecciones de capital, garantías de deudas, compra de hipotecas y compromisos de respaldo a ciertas instituciones el gobierno ha otorgado más de 7 billones de dólares al sector privado, sobre todo el financiero, para evitar el colapso total del sistema.

Éste fue el año en que la implosión del proyecto neoliberal alcanzó hasta la sede del capital mundial. El “consenso de Washington”, con su ecuación de que libre mercado más libre comercio es igual a “democracia” y “libertad”, se estrelló con la realidad.

“¿Y cómo fue que estos créditos empaquetados y base de mayores préstamos llegaron a ser lo que a fin de cuentas es una pirámide global de 140 billones de basura (junk)?”, pregunta la analista Nomi Prins, ex directora administrativa de Goldman Sachs, en una columna en The Nation.

La respuesta, dice, no es fácil, ya que no es transparente la manera en que se multiplicaba la distribución de “préstamos individuales en el sistema financiero global”. Y el rescate oficial de todo este desastre tampoco lo es.

Nadie sabe bien en qué y cómo se están empleando los fondos públicos entregados a los grandes bancos del paquete de 700 mil millones aprobado por el Congreso hace un par de meses.

Explicación de una elección

Fue todo este desastre que, en gran medida (aunque no en todo), explica cómo un afroestadunidense de nombre extraño (más bien extranjero) ocupará el 20 de enero una Casa Blanca construida por esclavos negros.

Y lo primero que Barack Obama tendrá que hacer es levantar el sistema. Ha propuesto un enorme paquete de “estimulo económico” que podría sumar de 675 a 775 mil millones de dólares, según comentó, el pasado domingo, su principal estratega político, David Axelrod, en el programa de CBS News Face the Nation.

Agregó que “una cosa en que todos están de acuerdo, economistas desde la izquierda a la derecha, es que tenemos que hacer algo muy grande”.

Lo más importante de esta elección no fue sólo que ganó un afroestadunidense, sino que el pueblo optó entre su futuro y su pasado. Es el futuro Estados Unidos, dentro de unas tres décadas, los blancos serán una minoría más en un país donde las actuales minorías serán mayoría.

Acaba 2008 con una población total de 305 millones 529 mil 237 personas, un incremento de 2 millones 743 mil 429 (0.9 por ciento) en este año, reporta la Oficina del Censo de Estados Unidos en sus proyecciones.

Al comenzar 2009 se espera un nacimiento cada ocho segundos y una muerte cada 12. Cada 36 segundos se incrementará la población con un inmigrante.

Sin embargo, éste también fue el año en que hubo algunas de las redadas más grandes de migrantes en la historia, y un fracaso en resolver uno de los grandes problemas de este siglo, que continuará transformando a Estados Unidos con o sin muros.

La elección fue un paso hacia un futuro, pero también un repudio del pasado inmediato que Gore Vidal caracterizó como la “junta Cheney-Bush”, y el mandatario estadounidense acaba su último año como el presidente más repudiado de la historia moderna.

Pero la nueva administración que aquí ha despertado tantas expectativas de “cambio” no necesariamente significa la transformación del país, ni de los intereses básicos que definen sus políticas internas y externas.

Como ha reiterado el historiador Howard Zinn a lo largo de 2008, con el triunfo de Obama todo depende de la resurrección de un movimiento social amplio, y no del juego político de la cúpula. Eso fue la clave durante la gran depresión y lo es de nuevo hoy.

Mientras caen bombas lanzadas por Israel sobre Gaza con apoyo estadounidense y sigue existiendo Guantánamo, mientras un año que empezó con el presidente alabando su política económica “exitosa”, que generaba empleo y más dueños de su propia vivienda, y acaba con despidos masivos, niveles récord de personas sin techo, mayor hambre, bancarrotas, un sistema bancario al borde de la precipicio y severos recortes en educación y salud, 2008 concluye manchado de sangre a consecuencias de la avaricia desenfrenada.

Pero sí marca el fin de lo que muchos historiadores consideran el peor presidente de la historia y el fin de la fe en el neoliberalismo. Lo que está por verse es qué es lo que empieza ahora.

De las esperanzas despertadas este año se perfila, dentro de esta crisis, una oportunidad para un cambio sin precedente en Estados Unidos, algo más allá que sólo el fin de Bush, sino también el inicio de algo nuevo. Ahora se verá si hay un cambio o si en su esencia el nuevo año solamente acaba con más de lo mismo pero con nuevas caras. Eso no depende de Washington, sino de todos.

Así, hoy tal vez sólo marca el fin de 2008, pero también podría ser el comienzo de una nueva era en Estados Unidos.

Los que se fueron

Entre los estadounidenses que fallecieron en 2008 están el actor Paul Newman; el ex agente de la CIA, y su crítico más feroz, Phillip Agee; el inventor del LSD Albert Hofmann; la fuente clandestina más importante de la historia, W. Mark Felt, conocido como Garganta Profunda (en honor a la clásica película porno); la cantante progresista de folk y gospel Odetta, el actor Charlton Heston y el genio del ajedrez Bobby Fischer.

Además, el cómico George Carlin, el politólogo favorito de la elite Samuel Huntington, la encueratriz Betty Page, el periodista e historiador oral Studs Terkel, el músico Isaac Hayes, el senador Jesse Helms, la actriz Cyd Charisse, el músico y pionero del rock Bo Diddley, el cineasta Sydney Pollack, el artista Robert Rauschenberg, el actor Richard Widmark, el analista político conservador William F. Buckley, y Arthur C. Clarke, autor de ciencia ficción.

También, un número indefinido de héroes no famosos que ofrecieron su vida a algo más grande que sí mismos en las luchas por la justicia y la dignidad. O sea, nos regalaron las posibilidades de un Año Nuevo - La Jornada


 

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