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Con Néstor Kirchner siguió la extranjerización
y seguro que Cristina le dará luz verde

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191207 - Distintos informes dieron cuenta de que en estos cuatro años se profundizó la penetración de multinacionales en sectores clave de la economía argentina. No hay señales de que este proceso se detenga.

Por ahora resultará difícil arrebatarle el campeonato de la desnacionalización a Carlos Menem pues en su segunda presidencia (1995-1999) la venta de activos argentinos a capitales extranjeros alcanzó los 71.000 millones de dólares. En ese paquete un peso notable tuvieron las privatizaciones, donde la percepción de precios viles en la mayoría de los casos fue una inyección de metálico para sostener la convertibilidad.

Pero no hay cosas imposibles en la vida, ni para bien ni para mal. En esta última opción, resalta el que durante el gobierno de Néstor Kirchner, entre 2003 y 2007, se vendieron 438 empresas argentinas por 18.700 millones de dólares. La estadística lleva la firma de la consultora de Orlando Ferreres, ex viceministro durante el menemismo y que por lo tanto no está exento de responsabilidad como para arrojar la primera piedra.

Semejante traspaso de firmas de diversos rubros durante el kirchnerismo implica un abandono de la tesis presidencial según la cual iba a recrear una "burguesía nacional".
En ese tiempo inicial el patagónico hacía reuniones con pequeñas y medianas empresas de Apymes, la Federación Agraria y la banca cooperativa. Después llegó la etapa "realista" y el diálogo preferencial y casi único se estableció con la Unión Industrial, los banqueros de Adeba, los antes denostados supermercadistas de Coto y Cencosud, los directivos de las terminales automotrices, etc.

Esa degeneración del planteo de 2003 tuvo sus reflejos concretos en la economía doméstica, tal como se desprende de la data provista por Ferreres. En rigor ese fenómeno de desembarco de tiburones de la economía mundial en nuestras playas es mayor. Es que amén de devorar sardinas argentinas también engulleron -"proceso de fusión y adquisición" dice el léxico depurado de la economía- a empresas que ya eran extranjeras.
Un informe de la CEPAL elaborado por los investigadores Gabriel Bezchinsky y Marcelo Dinenzon, sostiene que entre 2002 y 2006 los extranjeros compraron por 4.075 millones de dólares en el rubro petrolero. Pero el 71,6 por ciento fueron transacciones entre foráneos, pues las estadounidenses OXY y Apache compraron Vintage y Pionner respectivamente.

Pero en uno u otro caso pierden los argentinos. Por eso el 13 de diciembre, al cumplirse un siglo del descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia, Cristina Fernández no festejó ni recordó nada. La Pan American Energy (conformada por British Petroleum y Bridas), en solicitadas a toda página, se pavoneó con que "es la mayor empresa de upstream de la Argentina". En el área de Cerro Dragón (Chubut y Santa Cruz) explota 2.200 pozos que le reportan 14.000 m3 de crudo por día.
Como se sabe, Kirchner instruyó a los gobernadores de esas provincias para que renegociaran la concesión de Cerro Dragón por 20 años, con opción a otros 20.

Las vaquitas ajenas.

Más allá de las quejas de los productores agropecuarios por las retenciones y otras políticas oficiales que tratan de contener parcialmente el aumento del precio de los alimentos en el mercado interno, el panorama del sector es francamente de auge.
 

Un dato. A fines de septiembre se supo que el aumento de precios de los granos había engordado el precio de la cosecha 2007-2008 en 5.000 millones de dólares. El valor de exportación será de 21.000 millones.
 

Pero ese dineral no irá a los chacareros, cooperativistas y muchísimo menos a los trabajadores rurales, sino a los pulpos cerealeros Bunge, Nidera, Cargill, La Plata Cereal y otras, hegemónicamente extranjeras. El boom del campo no es para todos.
Varias de estas compañías están apostando al biodiésel y han inaugurado las primeras plantas en el gran Rosario.

 

Lo hicieron en octubre Vicentin y los suizos de Glencore, que previamente había adquirido a Oleaginosa Moreno, al cortar las cintas de Renova. Bunge "Argentina" y Aceitera General Deheza empezaron a producir en Ecofuel SA. Junto con otras fábricas en construcción, elaborarán 440 mil toneladas de biodiésel anuales.
 

Los fabricantes de maquinaria, de parabienes. En ese lote aún quedan algunos argentinos, como Metalfor o Mainero, con agregados de último momento como Pauny.
 

Pero ellos morderán una parte menor del negocio. La estadounidense Agco, con sede en Georgia (EE UU) y sus marcas Massey Ferguson, Challenger, Agco Allis y Valtra), la alemana Claas y la italiana Fiat por medio de Case New Holland, se llevarán lo sustancial. En diciembre estuvo en Buenos Aires Martin Richenhagen, presidente de Agco, y puntualizó que su escudería alcanzó un nivel récord de ventas en nuestro país y Sudamérica.
 

Si se habla de carnes, las novedades fueron que los brasileños de Friboi-JBS se quedaron con el frigorífico Col-Car, sumado a su nave estrella comprada antes, el Swift. Otros capitales brasileños, Marfrig, adquirieron Estancias del Sur (Unquillo), Best Beef (Vivoratá) y están en trámite final para comerse las hamburguesas Paty, de Quickfood.
 

La leche también es propiedad extranjera, excepto SanCor, Manfrey y un par de otras plantas. Pero la tendencia asusta: Molfino pasó a ser canadiense (del políticamente incorrecto nombre Saputo), Milkaut vio irse a los chilenos de Bethia y los reemplazó con los franceses de Bongrain, y Adecoagro, del grupo Soros, adquirió La Lácteo.

Un cacho de cultura.

No sólo de pan vive el hombre. Importa y mucho en una sociedad moderna el destino de los medios de comunicación, que forman o deforman la información con las consecuencias obvias de elevación o idiotización del público.
 

Algunas ya contaminaban la conciencia de los argentinos desde el público infantil hasta el geronte, como la editorial Atlántida, de Constancio Vigil, con su variada gama de revistas. Ahora pertenece al grupo azteca Televisa, de tan buena sintonía con Cristina Fernández. Otro empresario mexicano, Angel González, le compró canal 9 al enriquecido Daniel Hadad, que supo ser vocero de prensa de los "carapintadas", luego se alineó con el menemismo y por último acompañó a Kirchner a la comida con inversores de Wall Street, en setiembre de 2006.
 

No hay que culpar tanto a tal o cual empresario porque en definitiva la culpa es del gobierno K que prorrogó por diez años la concesión de las licencias de radio y televisión. Esta administración mantuvo una ley de radiodifusión legada por la dictadura, con lo que se ganó el beneplácito de casi todos los propietarios, descontando a los controlantes de "La Nación", que mantienen una oposición cercana a la Sociedad Rural y los bonistas defaulteados del exterior.
 

Por su parte Clarín, que se precia de ser el gran diario argentino, ya no lo es tanto. En 1999 vendió el 18 por ciento del paquete de todo el multimedios al banco norteamericano Goldman Sachs, en 500 millones de dólares.
 

Esa asociación del "clarinete" se hizo más cruda en estos días. El 8 de diciembre el propio matutino titulaba: "Confirman la adquisición de Multicanal (de Clarín) por Cablevisión". Allí se detallaba que el trámite de tal adquisición había sido iniciado en octubre de 2006, para conformar el "primer sistema regional de video y banda ancha" integrado por Cablevisión, Multicanal, Teledigital y Prima. Los accionistas de dicho sistema son "el grupo Clarín, con el 60 por ciento de las acciones, y Fintech Advisory, fondo de Estados Unidos, con el 40 pro ciento restante".
 

Tales proporciones son engañosas porque sugieren que Herrera de Noble y sus gerentes tendrían la mayoría. Como se detalló recién, el multimedios ya había vendido casi el 20 por ciento a Goldman Sachs y habría que ver si fue la única operación.
 

Volviendo al conjunto de la desnacionalización de estos cuatro años últimos, el informe de Ferreres afirmaba que los capitales norteamericanos eran los responsables del 34 por ciento de las transferencias, seguidos por los brasileños con el 24 por ciento. El dato viene bien para despejar las incógnitas que algunos despistados siembran sobre quién es el imperio más fuerte que ronca en las pampas. El embajador Earl Wayne ya lo había admitido: tienen 450 empresas estadounidenses en el país, con una planta de 155.000 empleados.
 

La extranjerización es un fenómeno negativo pero para la nueva presidenta es positivo pues la inversión foránea crearía empleo y aportaría tecnología y capitales, leyenda que el peronismo repite contradictoriamente desde 1952.


 

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