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180507 - Los
anuncios están destinados a "señoritas". No importa si carecen
de estudios o experiencia. Vale que sean "ambiciosas". Se
promete "poco trabajo", "buen trato", horarios "a convenir" y
salarios de más de quinientos nuevos soles semanales. Parece un
sueño para miles de adolescentes y jóvenes pobres, sin empleo y
sin posibilidades de salir del estado de miseria en que se
encuentran. Pero estos clasificados en algunos casos, es la
puerta a una pesadilla para aquellas jovencitas que se atrevan a
contactar con los anunciantes que no son otra cosa que
proxenetas y rufianes dispuestos a todo para lucrarse con el
"trabajo" de las incautas: Las jóvenes que cruzan ese umbral
engrosaran las filas de mujeres sometidas a la prostitución y
probablemente a la trata de personas para su explotación sexual.
Cabe mencionar que el proxenetismo, el rufianismo y la trata de
blancas, son delitos sancionados con penas muy severas en
nuestra legislación penal vigente, mas no la prostitución.
En un país como el nuestro en donde el 54% de la población es
pobre y otro 14% de peruanos vive en condiciones de extrema
pobreza (INEI), esos anuncios son una tentación para las
jovencitas ingenuas que creen que acceder a un puesto de trabajo
sin tener experiencia, sin oficio o profesión, y sin ninguna
preparación técnica, habilidad o destreza en algún campo
ocupacional, es algo habitual o posible de lograr con tan solo
tener ambiciones de salir adelante frente a los anuncios que
aparecen en algunos avisos clasificados. Estas ofertas de
trabajo en los lugares donde la pobreza ya ha limitado las
opciones de la gente, en donde la discriminación contra las
mujeres en materia de empleo y remuneración las deja con escasas
posibilidades de sustentarse a sí mismas y a sus familias,
realmente son una tentación sobre todo cuando piensan que se
trata de trabajar por horas, la mayoría de mujeres creen al leer
estos anuncios que se trata de una campaña de ventas o que
trabajaran como recepcionistas o como degustadoras. Muchas de
estas jóvenes mujeres se tornan fácilmente vulnerables frente a
las falsas promesas de empleo seguro con paga atractiva que les
ofrecen los proxenetas. Aunque puedan sentirse inquietas con
respecto a lo que tendrán que hacer, la falta de orientación, la
baja autoestima, la desesperación ante sus perspectivas del
presente y la esperanza de una vida mejor contrarrestan
fácilmente cualquier sensación de peligro. La falta de
oportunidades y las desigualdades por razones de sexo crean un
considerable caudal de "reclutas" posibles y aparentemente bien
dispuestas.
La pobreza y el desempleo es un caldo de cultivo para este
delito. Pero además, existe en nuestra sociedad una clara
tendencia de estigmatizar y culpabilizar a las víctimas del
proxenetismo, del rufianismo o de la trata de blancas, lo cual
dificulta recuperarlas con facilidad o lograr nuevamente su
reinserción social, una vez alejadas de este tipo de "trabajos",
lo que es muy bien aprovechado por estos delincuentes, quienes
se hacen reconocer como protectores o benefactores de sus
víctimas.
La actividad de proxenetas (los que promueven la prostitución),
rufianes (los que se lucran con la prostitución) y tratantes de
personas (los que consideran una mercancía a las mujeres que se
prostituyen), en especial de mujeres y niños, es hoy en el mundo
el tercer negocio ilícito más rentable, después del narcotráfico
y del tráfico de armas. Pero estos delitos no solamente son
manejadas por grandes redes de criminales, a niveles locales
operan grupos pequeños, donde muchas veces el reclutador o
reclutadora es un vecino o vecina conocidos en un barrio, o un
amigo o amiga de personas conocidas, alguien en quien se hace
fácil confiar. En muchos casos hay una agencia de viajes de por
medio, que facilita o financia el pasaje, una casa donde se les
hospeda, un lugar donde se les explota. Se configura así toda
una red de complicidades involucradas en la prostitución y trata
de personas: el reclutador o reclutadora (proxeneta), el vividor
(rufián) y el que organiza el viaje (tratante de blancas), a
veces el que acompaña a la o las víctimas y finalmente el que
recibe a las viajeras a su llegada a destino.
Generalmente quienes caen víctimas de la prostitución o la trata
de personas son mujeres jóvenes, muchas veces con hijos, en la
mayoría de casos que provienen de entornos familiares de escasos
recursos y con problemas de violencia intrafamiliar. Muchas ni
siquiera han concluido sus estudios escolares. Pero también los
traficantes juegan con las ambiciones de jovencitas de clase
media que quieren ganar "dinero fácil y rápido". El
reclutamiento más común es en el vecindario, la academia, la
discoteca, el parque o en cualquier otro sitio de diversión para
adolescentes, pero muchas jovencitas responden a avisos
encubiertos que se publican en revistas o periódicos junto a
otras ofertas de empleos. Avisos como por ejemplo "Necesito
señoritas, trabajo fácil por horas, te aseguramos S/.500.00
semanales, seriedad, llamar al teléfono celular Nº 0101010 o
contacta con nosotros al correo normita@hotmail.com", son
algunas de las formas que se valen los proxenetas para captar a
sus víctimas, a quienes explicarán con mucha delicadeza
contestando el correo o por el celular que el trabajo ofrecido
es para "damas de compañía". Una primera cita personal con la
interesada, le es suficiente al proxeneta para darse cuenta si
se encuentra frente a una victima potencial camino a cruzar el
umbral que la conducirá a la prostitución de donde difícilmente
podrá regresar. Revise los anuncios clasificados y verá que es
muy frecuente encontrar avisos con estas características
Lo cierto es que en un porcentaje significativo, muchas víctimas
saben desde un principio que se van a dedicar a la prostitución,
la cual aceptan como una fuente de buenos ingresos. Lo que no
saben es que al iniciarse en esta frívola actividad se vuelven
presa fácil de explotación, ignoran que en manos de los rufianes
van a ser tratadas como esclavas o como mercancías, que si
aceptan trasladarse a otros lugares del país se les retendrá sus
documentos, que a veces se les obligará a trabajar para pagar
supuestas deudas del viaje, que serán sometidas a amenazas y
muchas veces violencia física, que deberán soportar abusos de
clientes y empleadores, que si salen del país quedarán en
situación migratoria ilegal y presionadas con la deportación,
que en muchos casos su libertad de movimiento será limitada y
vivirán virtualmente prisioneras de sus explotadores. La mayor
parte de las mujeres que son víctimas de los proxenetas al
principio tiene poca idea de lo que les espera. Por lo general
reciben un porcentaje muy pequeño de lo que paga el cliente al
proxeneta o al dueño del prostíbulo. Una vez atrapadas en el
sistema, prácticamente no tienen salida y se encuentran en una
posición muy vulnerable.
Los proxenetas, además de explotar las necesidades económicas,
sacan provecho de la vulnerabilidad de las mujeres y niñas que
han huido de su hogar debido a la violencia intrafamiliar. El
impacto psicológico y el estigma social del engaño de que ya no
serán aceptadas por la sociedad o de que nadie querrá casarse
con ellas pueden aumentar la debilidad de la mujer ante la
manipulación y la explotación por parte de los traficantes.
Frente a todo esto, lo importante es reconocer que la
explotación sexual, la prostitución y el tráfico de seres
humanos son actos de violencia contra las mujeres y, en cuanto
tales, constituyen una ofensa a la dignidad de la mujer y son
una grave violación de los derechos humanos fundamentales. El
número de mujeres de la calle ha aumentado notablemente en el
país y particularmente en nuestra ciudad por muy distintos y
complejos motivos de orden económico, social y cultural. Lo
sorprendente es que hoy en día la osadía de los proxenetas, va
cada día mas allá de sus procedimientos tradicionalmente
utilizados para reclutar a sus víctimas, hoy utilizan los medios
de comunicación particularmente diarios, teléfono e Internet
para comunicarse con sus potenciales víctimas, captarlas y luego
ofrecerlas a sus clientes. Un problema social que los padres de
familia tenemos la obligación de conocer y prevenir, nuestras
hijas podrían en este momento estar siendo tentadas a través del
Internet por un proxeneta que sutilmente les ofrece ganar
"dinero fácil", "trabajando solo por horas" y sin que se entere
papá ni mamá. No dudemos en denunciar ante la Policía Nacional a
los proxenetas, a los rufianes y a los tratantes de blancas.
Enrique Hugo Muller Solón es
Coronel PNP, Abogado y Docente
Universitario - Trujillo, Perú.
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