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Colombia: El imperio muestra sus uñas en Suramérica
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050809 - ¿Colombia es convertida en fortaleza para el total control de Suramérica y sus fuentes de riquezas naturales?

Colombia, en la actualidad es el país del Cono Sur de mayor importancia estratégica para los fines imperialistas.

 

Tiene fuerzas aéreas, navales y terrestres en el Caribe (Cartagena) y en el Pacífico (Málaga). Posee también 3 bases aéreas en el centro Este del país que acaba de ceder a Estados Unidos y “tramita” 2 terrestres en Tolenaida y Lorandia. En realidad, el Pentágono ha venido controlando y proveyendo armamentos de última generación a todas las guarniciones mencionadas. Los convenios ya firmados y a concretar, tendrán una duración de 10 años. Además, para “combatir” al narcotráfico y a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas) ha usado por 8 años la base aérea de Manta instalada en Ecuador, país al que espera pronto deberá devolverla. Lo cierto es que hasta ahora tanto despliegue militar no ha generado progresos en ambas luchas, mientras las FARC siguen controlando un tercio del territorio.

La estratégica Colombia limita con 4 países suramericanos (Ecuador, Perú, Venezuela y Brasil), más el centroamericano Panamá, manteniendo conflictos fronterizos y políticos con algunos de sus vecinos. A los reclamos de Lula, Bachelet, Correa y Chávez se han unido otros países repitiéndose los anuncios de reforzar fronteras. Nadie piensa que la movilización de fuerzas norteamericanas a tal alto nivel, se limitará solo a una nueva ofensiva contra el tráfico de drogas y la insurrección interna colombiana.
 

Brasil patea el tablero

El anuncio de la cesión de bases por parte de Colombia a Estados Unidos ha provocado reacciones muy duras en Brasilia, cuando se suponía que las relaciones con Barack Obama eran “inmejorables”. A pocos mandatarios la Casa Blanca había dispensado hasta ahora tantas distinciones y elogios. Aun antes de conocer personalmente a Lula de Silva, el presidente yanqui lo consideraba el “hombre más importante del G-20” y menudearon desde entonces los encuentros y llamados telefónicos, con exageradas muestras de amistad y promesas de respeto al presidente suramericano.

El claro disgusto de Lula reprodujo la energía con que en las postrimerías de la era Bush (h), reaccionó contra el anuncio (anuncio que sigue en pié) de activar la IV flota en las costas del Atlántico Sur. En esa oportunidad hizo una breve gira por Suramérica Thomas Shanon, entonces Secretario Adjunto para el Hemisferio Sur, para tranquilizar las asperezas creadas por la medida, unánimemente considerada intimidante y sin sentido. Ayer martes 4 inició otro viaje con más explicaciones Jim Jones, Consejero Nacional de Obama, quien no tendrá mejor suerte. Para calmar a Argentina, mañana jueves 6 llegará a Buenos Aires Álvaro Uribe, presidente de Colombia, quien tampoco puede esperar una aprobación al tema bases, coherente con el anterior enérgico rechazo de nuestro país a la presencia de la IV Flota en aguas del Atlántico Sur.

Carlos Amorín, canciller brasileño, adelantó el domingo pasado el pensamiento del gobierno de su país, “preocupado ante una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad parece ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia”.

Lula ha ratificado lo dicho por Amorín y agregado otras quejas contra los procederes de Washington. Dijo que, pese a promesas reiteradas, la política de tasas de importación de materias primas para biocombustibles, no dejan de subir en Estados Unidos, para desconcierto de los productores brasileños. Con los impuestos en alza, se rebajan los beneficios de los agricultores que esperaban más retributivos.

Justificada preocupación del Mercosur

No es un secreto para nadie la vieja estrategia Norteamérica de dominar militarmente su patio de atrás. Docenas y docenas de intervenciones así lo prueban. La técnica de las dictaduras obedientes fracasó y brotaron las democracias con ideales nacionalistas reivindicatorios.

En los objetivos del Pentágono es inocultable la “necesidad” de tener en sus manos el control del Brasil. Con ese propósito, como lo sugiere el canciller carioca, se fortifica a Colombia desmesuradamente para manejar el interior y a la IV Flota para presionar sobre sus costas, donde se han descubierto enormes yacimientos de petróleo y gas. También se veía amenaza la desembocadura del Amazonas, puerta de salida al Océano Atlántico a fabulosas riquezas naturales. Desde hace años, en escuelas primarias y secundarias yanquis se divulgan mapas donde la bandera de las barras y las estrellas cubren la región de la Amazonía para su protección.

El peligro que corre Brasil, a cuya suerte está tan ligado el resto de Suramérica, requiere reforzar el Mercosur con el urgente ingreso con plenos derechos de Venezuela y poner en marcha la moneda propia, el Bando del Sur y algún tipo de fuerzas armadas de defensa.

Ante los avances de las operaciones para desequilibrar a gobiernos democráticos de nuestro subcontinente, que irán aceleradamente en aumento, la unidad y solidaridad debe ser amplia y sin reservas, requiriendo asimismo una acción diplomática a nivel internacional.

Como lo afirma Rafael Correa, ahora acusado como Hugo Chávez de complicidades con la guerrilla colombiana y el narcotráfico, “Colombia se estima una base de desestabilización en la región”. Además Ecuador ha prometido que no permitirá nuevos bombardeos de su territorio por parte del gobierno de Bogotá, manifestándose dispuesto a defenderse. La posibilidad de una guerra en Suramérica, desgraciadamente está lanzada en países hermanos y pobres.

 


 

 

 

 

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