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161209 -
Los asesinos al lado - No es sorpresa
la revelación en
Ecuador sobre el papel de Washington en la invasión ilegal
del territorio ecuatoriano el primero de marzo de 2008. Se
sospechaba desde el primer momento de la participación de los
militares y agentes de la inteligencia estadounidense, entonces
ubicados en la base militar de Manta, en la operación que acabó
con un campamento de las
FARC. Ahora un informe oficial de
Ecuador confirma
este hecho. Reafirma, además, que donde se encuentran bases
militares utilizadas por Estados Unidos, habrá acción militar
ejecutada por Washington – sin importar las reglas, leyes y
normas del país anfitrión.
El polémico acuerdo militar entre
Colombia y
Estados Unidos,
firmado el pasado 30 de octubre, significa la expansión
militarista más grande de Washington en América Latina en toda
la historia. El acuerdo permite la presencia de contratistas
privados al servicio de las necesidades de las agencias de
Washington en territorio colombiano, con las mismas inmunidades
otorgadas a los funcionarios y militares estadounidenses. Esto
no es nuevo. Dentro del acuerdo del Plan Colombia, desde hace 10
años Washington utiliza más de 30 empresas contratistas para
ejecutar obras militares y de inteligencia y espionaje en
Colombia. Algunas son las empresas más poderosas del complejo
militar industrial, como DynCorp, Bechtel, Lockheed Martin,
Grupo Rendon, y Raytheon entre otras.
Dentro del nuevo acuerdo militar, la cantidad de contratistas –o
mercenarios de la guerra– aumentarán. La privatización de la
guerra y el uso de empresas privadas para ejecutar acciones de
seguridad, defensa e inteligencia, es hoy el modus operandi de
Washington. La empresa más controvertida es sin duda Blackwater,
ahora conocida como Xe Services. Durante los últimos ocho años,
Blackwater ha ganado por encima de 1.400 millones de dólares en
contratos del Departamento de Estado y el Pentágono. Desde el
2005, Blackwater también ha firmado contratos semi-secretos con
el Departamento de Seguridad Interior (Homeland Security) en
EEUU para realizar operaciones de seguridad y defensa dentro del
país, los cuales se perciben como el inicio de la creación de un
Estado policial privatizado para reprimir y controlar una
población que cada día se encuentra en una situación económica
más desesperante.
A principios de 2008, el Comando de Misiles y Defensa Espacial
del Ejército de EEUU otorgó contratos por 15.000 millones de
dólares a un grupo de contratistas privados, incluido Blackwater.
El contrato, que incluye operaciones de inteligencia, espionaje
y reconocimiento, entre otras tareas, está orientado hacia dos
países en América Latina, México y Colombia. El contrato
específicamente detalla la “provisión de entrenamiento aéreo” a
las fuerzas armadas colombianas y “apoyo estratégico de
relaciones públicas” al gobierno colombiano (léase: operaciones
psicológicas). En el caso de México, Blackwater está encargado
de apoyar las misiones contra el narcotráfico.
Hace días, se reveló que Blackwater fue contratado por la
CIA para asesinar supuestos
insurgentes en Iraq y
Afganistán.
Mercenarios de Blackwater participaron en algunas de las
actividades más sensibles y clandestinos de la CIA, incluido el
transporte de los detenidos a las cárceles secretas de la
CIA. Ex mercenarios de Blackwater
han indicado que su papel en esas operaciones clandestinas fue
tan rutinario que la división entre la
CIA, el Pentágono y Blackwater ya
no existía.
Ahora, esta empresa fachada de la CIA y el Pentágono, opera con
libertad en Colombia. En EEUU, existen docenas de demandas y
casos legales contra Blackwater por violaciones de leyes,
asesinato arbitrario y violaciones de derechos humanos. Sin
embargo, el gobierno de
Álvaro Uribe ha abierto la puerta a la presencia de esta
peligrosa empresa en Suramérica, lo que significa una gran
amenaza contra la paz y la seguridad regional.
Los países del
ALBA y
miembros de la
UNASUR
deberían prohibir colectivamente la presencia de contratistas
–mercenarios– de la guerra en América Latina. Si no, más muerte,
conflictos, violaciones de soberanía, y guerra nos esperarán.
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