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Argentina Al día |
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Otros textos del autor
Luego, a la cuestión. A través de un presunto apriete al gobierno a través
de la "prensa independiente", esos sectores están instalando en la agenda
comunicacional el tema de "la incipiente carrera armamentista en
la región". Fieles a viejos apotegmas del oficio, colocan a la
gestión Bush en un lugar blando y expectante, mientras los periodistas
afilados y críticos exigen respuestas inmediatas --duras-- a tan grave
asunto. Segmentos maleables de la opinión pública mundial polemizarán en
dos bandos falsos: algunos dirán que el gobierno estadounidense hace bien
en esperar que el panorama se aclare antes de actuar, y otros enfatizarán
que se hace imprescindible proceder en forma inmediata. Dos tonteras que
niegan un derecho: el de todo estado soberano a realizar las
políticas defensivas que considere pertinentes.
Es que de eso se trata: de las adquisiciones venezolanas más
recientes se desprende con claridad, como lo indicara pocos días
atrás el analista Heinz Dieterich Steffan, una nítida vocación de
prevención interna, nada llamativa si se recuerda que por estas
horas se evoca el aniversario de uno de los tantos intentos de
interrupción de un proceso democrático por parte de fuerzas locales con
respaldo exterior. La cantidad de rifles marca ostensiblemente el
criterio: la democracia puede y debe ser defendida por los
ciudadanos, por el pueblo, más allá de las tropas regulares. Esas
armas no fueron compradas por Venezuela para ser entregadas a las FARC ni
para derivar en ningún envío al exterior: están allí, en territorio
bolivariano, para disuadir a hombres como Rumsfeld, a sus aliados y a sus
empleadores acerca de futuros intentos para imponer --como lo han hecho en
Granada, o en Panamá-- un gobierno ajeno al voto secreto, libre y
universal a través del cual se pronuncian los venezolanos.
A decir verdad, lo que se intenta golpear en el "diálogo" Rumsfeld
- Oppenheimer no es otra cosa que el atisbo de soberanía que viene
naciendo en zonas importantes de América latina y debería culminar en la
constitución de una Unión Sudamericana con múltiples políticas orientadas
en esa dirección. Al igual que ha sucedido en otras regiones del
planeta, cuando surgen tales acciones --impulsadas por la voluntad
colectiva de los pueblos que ejercen a pleno la declamada participación
democrática y por los trazos de una historia que los conjuga a pesar de la
dispersión-- sus líderes son inmediata y forzadamente alineados en el
"eje del Mal". Y una vez que la centralizada propaganda
imperial los incluye ahí, no hay gesto de buena voluntad ni promesas
pacifistas que logren desandar la marcha de una maquinaria bélica
- mediática que necesita enemigos para garantizar inversiones millonarias
en el área de "Defensa", para controlar recursos naturales en manos de los
"otros" y para desplegar una geopolítica del terror contra quienes anhelan
vivir --pero también crecer-- en paz.
Las declaraciones de Rumsfeld, bien cuidadas para quedar
"prudente" ante el inquisidor, deberían ser consideradas como un
inadecuado comentario sobre determinaciones internas de naciones soberanas.
No se registran aquí casos de tráfico ilegal de armas, no hay contrabando
alguno: se trata de compras internacionales con todas las de la ley a
países como Rusia y España. Los Estados
Unidos pretenden controlar también las gestiones formales que efectúan
naciones europeas, lo cual puede merecer cuestionamientos en el mismo
sentido anterior, pero además permite evaluar las dificultades que
poseen los norteños para meter en caja espacios geoeconómicos que tanto en
el Primer como en el Tercer Mundo han resuelto seguir caminos propios sin
subordinarse a las necesidades del autoproclamado centro terrestre
Finalmente, en el colmo de la hipocresía, Oppenheimer
resalta la disparidad entre las inversiones latinoamericanas
destinadas a paliar el hambre y las orientadas a colmar los arsenales.
Le "dice" a Rumsfeld cuál debería ser su argumentación.
Preanuncia, de hecho, la argumentación imperial de los próximos años.
Pero hasta sus números se desfasan y dejan en claro que los problemas
subcontinentales de la última década no se asentaron en los gastos
castrenses sino en el drenaje de divisas generado por la
desnacionalización de las economías sureñas y el pago de acreencias
externas impuestas de común acuerdo entre las organizaciones financieras
internacionales y los gobiernos antidemocráticos que, no muy
paradójicamente, la gran democracia del Norte contribuyó a instalar en
esta región.
Habrá que estar atento. La mira de la "gleba de
morfinómanos", como el general Sandino caracterizó a los norteamericanos,
ha empezado a enfocar blancos que presume hostiles.
Otra vez, observa el patio trasero con preocupación.
Es indudable que hay algunas cosas, por estos pagos, que se están haciendo
bie
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El temor de Rumsfeld por la compra
de armas - Andrés Oppenheimer
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