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0406 - Acerca de los misterios
de algunas campañas, del relevo de productos naturales por químicos, de
las tradiciones indias y de la invasión de los hombres murciélago
Es probable que fumar no sea un placer genial y sensual. Es probable (o más bien seguro) que se trate de un vicio malsano que perjudica nuestra salud.
Las investigaciones efectuadas sobre las consecuencias del consumo de
cigarrillos resultan elocuentes: por vueltas que le demos al asunto,
daña las vías respiratorias, complica el funcionamiento de varios
órganos importantes y puede generar cáncer.
Además, irrita el sistema nervioso, potenciando el malhumor. Muchas
personas que suelen levantarse rezongando, lo ignoran; la bronca súbita
no sólo posee motivos psicológicos.
Esto es así, pero tal vez resulte de interés leer estas
líneas y tratar de situar las cosas, en lugar de
lanzarnos a justificar, a través de las afirmaciones precedentes,
cualquier tipo de políticas que se presenten como antitabáquicas.
Varios investigadores estadounidenses observaron con curiosidad que el
gobierno de George W. Bush había resuelto ponerse a la
cabeza de la campaña adversa a la costumbre de fumar.
Jamás hubieran prestado atención a una iniciativa que les parecía
correcta, si no hubieran reflexionado: el sistema de salud
norteamericano es tenue y selectivo, mientras que la atención primaria
es inexistente. ¿Porqué empezar a preocuparse por la salud pública a
través de un tema menor?
Las investigaciones realizadas, que condensan diez mil casos en
distintos puntos del planeta les permitió ofrecer dos conclusiones. La
primera ratifica lo previsto, mas la segunda contrasta con el
sentido común.
Los científicos corroboraron que fumar aumenta las posibilidades de
generar un cáncer en el organismo. Pero después indicaron que no
hay pruebas acerca de una influencia nociva contra el llamado fumador
pasivo.
No existe un sólo caso en el mundo en el cual se haya corroborado
directamente que un denominado fumador pasivo haya enfermado debido a la
convivencia familiar o laboral con un adicto al cigarrillo, precisaron.
Los casos de personas que han padecido un cáncer con fumadores a su lado
por un lapso determinado son equivalentes a los de quienes no han tenido
contacto con adictos. Casi todos los enfermos poseían
antecedentes genéticos proclives a la generación de esa enfermedad.
Realzaron los investigadores que si se observa humo durante un período
de tiempo en un lugar determinado, el ser humano infiere
que eso puede hacerle mal, pues molesta sus vías respiratorias.
Pero destacaron que para afirmar eso científicamente, hay que
corroborarlo. Y que nadie ha logrado hacerlo, pese a contar con
adelantos técnicos notables. Añadieron que médicos y
jueces coparticipan de esa idea, sin haberla comprobado
prácticamente.
Enfatizaron entonces que "la ciencia no es consenso", y
recordaron que ideas aceptadas en un período de la historia resultaron
contrastadas cuando la humanidad evolucionó lo suficiente para ponerlas
a prueba. El caso de Ptolomeo es ejemplificador.
Finalmente especificaron que los aromas desagradables no siempre
originan enfermedades. Molestan, que es otro cantar.
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Raro ¿no? Después de entrar en contacto con esas
conclusiones, mi preocupación se incrementó. ¿Porqué Bush --a
quien seguramente las empresas tabacaleras ofrecieron coimas
importantes-- iba a dar batalla en beneficio de una población a
la cual desprecia? ¿Porqué la Argentina se enganchó con esta
historia? ¿A quién beneficia, en
verdad, esta campaña?
Vamos a efectuar un amable recorrido por el tema
con la intención de cumplir con el anhelo planteado antes:
situar las cosas en su real dimensión. A partir
de allí nos encaminaremos a las revelaciones, buscando ofrecer
información más concreta.
La planta de tabaco, como la
yerba mate, como la coca, es utilizada desde hace cientos de
años por los indios americanos para procurarse distintas formas
de placer. Con esas tres habitantes del mundo vegetal han
conseguido: sedar o excitar la psiquis, paladear un sabor,
eliminar la sensación de apetito en circunstancias determinadas,
ahuyentar los efectos de la baja oxigenación.
Como en todos los casos, el exceso en la
utilización de cualquiera de esos y otros productos naturales
resulta perjudicial para la salud de quien los adopta.
De hecho, cualquier médico clínico puede informar
que el exceso de la infusión que denominamos mate
puede originar problemas gastrointestinales y, eventualmente,
cáncer de estómago. En verdad, como ha dicho Woody Allen, todo
genera cáncer. Pero no todos lo padecen.
Sin embargo, el efecto nocivo profundo del uso
del tabaco --comprobado-- se inaugura con la elaboración de
cigarrillos de papel, con nicotina y alquitrán.
Se trata de una creación de la industria norteamericana,
tendiente a lograr la adicción del consumidor, que se convierte
en un cliente cautivo.
En Cuba tuve la oportunidad de
visitar el Polo Científico. Allí dialogué con
los investigadores que orientan un establecimiento de primera
línea a nivel mundial. Una de mis preguntas, tras conocer los
datos sobre la salud pública en la isla, fue la siguiente:
--¿Porqué una población fumadora como la cubana
posee un bajísimo índice de casos de cáncer?
La respuesta fue clara:
--Porque carece del stress que implica la
inestabilidad laboral cotidiana y porque la vida en Cuba es
relativamente serena. Porque una parte de la sociedad opta por
los cigarros puros, sin elementos químicos que provoquen
adicción.
(Vale recordar que los cigarros puros también
lanzan humo a su alrededor.)
No es preciso ir muy lejos para comprender que
algunos factores podrían controlarse sin necesidad de prohibir
el uso del tabaco. Los estados podrían anular el papel
blanco y forzar el empleo de papel de tabaco, podrían impedir la
introducción de nicotina y alquitrán, así como de otros químicos
adictivos.
Sin embargo se resuelve la prohibición
lisa y llana en lugares públicos, iniciándose el
desmonte de una rama industrial decisiva para varias zonas del
interior argentino y fomentando --a cambio de muy poco-- el
desempleo, sin ofrecer opciones laborales a los trabajadores del
tabaco.
Además, se damnifica esa producción pese a
tratarse de un rubro en el cual la Argentina posee plantas,
trabajadores y tecnología de altísima calidad, con el
(placentero, disculpen) resultado conocido por los fumadores
locales.
Otra medida que podrían adoptar nuestros países,
según las consideraciones de los científicos cubanos, es hacer
la Revolución, pues aparentemente
después de concretada la misma, mejora el
estado general de salud de las personas. De todos
modos, no vamos a llegar tan lejos: este artículo podría
titularse, pero no se titula, "Tabaco y Lucha de Clases".
El escritor de fantasía y misterio Stephen King
señaló en una ocasión: "Los Estados Unidos están
chalados con el tema del tabaco". Encendió un pitillo y
preparó una modesta venganza, dentro de su oficio. Ideó una
historia en la cual los fumadores salvan al planeta de una
invasión de hombres murciélago.
En el cuento, los adictos --reducidos a sectas
perseguidas que se congregan a las 10 de la mañana en las
puertas de sus empleos para fumar en banda-- poseen una
distorsión mental provocada por el tabaco que les permite
detectar a los invasores, mientras que el resto de los humanos
(demasiado sanos) no logra entreverlos.
La resuelta y valiente acción de algunos
fumadores desarticula la intentona de los horribles murciélagos,
quienes deben retirarse a su lejano lugar de origen. Dato
curioso: en la narración, King se cuida de recomendar a las
personas que no consuman más de diez cigarrillos por día.
Pero bueno, todas las cartas parecen jugar en
favor de las campañas antitabaco, cuyos impulsores logran --con
poco-- una imagen progresista propia de quien combate a los
malos. Y todos saben que los malos son las empresas tabacaleras.
Yo también lo creo. Y admito que los
cigarrillos difunden (para los no fumadores) mal olor.
¿Entonces? La respuesta está soplando (tabaco) en
el viento: una fuente segura del área de Salud me dijo al
respecto "las campañas de Bush han
incrementado en diez veces la venta de ansiolíticos. Los mayores
consumidores son las personas que ansían conservar sus empleos
con este nuevo marco legal. Las coimas ofrecidas por los grandes
laboratorios superaron a las propuestas por las tabacaleras."
Son estadísticas que todo lector puede buscar. En
la Argentina, a lo largo del presente año, con el esbozo nomás
de estas campañas, la venta de ansiolíticos se cuadruplicó.
Es evidente que alguien confunde
ciencia con consenso, ya que consideramos imposible que los
motivos profundos para la instalación del disparate por estos
pagos tenga la misma raíz que en la corrompida administración
del Norte.
Es difícil vivir este presente sin poseer
alguna adicción. A este periodista le resultaría más
fatigoso andar por los retorcidos caminos nacionales sin
encender un cigarro, sin tomar un buen mate, sin disfrutar una
taza de café o un vaso de vino. Se trata de productos de origen
natural que, si se los analiza en detalle y con la intención de
mostrar su rasgo nocivo, parecen muy dañinos.
En exceso, lo son.
En todos los casos. Prohibirlos a pleno, con la argumentación
que se desee, es incitar al consumo de algún relevo
que, en lugar de tener origen natural, será
elaborado en base a combinaciones químicas. Si
las cuentas de los grandes laboratorios lo exigen, en un tiempo
se "demostrará" que la yerba mate es perjudicial.
Es que Forma el Humo tu Figura.
Cosa que entendía perfectamente Walt Whitman,
además de Contursi: "Si en el Paraíso no puedo fumar puros, no
voy".
Para concluír: la Argentina necesita,
urgentemente, un plan nacional para la atención primaria de la
salud. Salas bien pertrechadas en todos los barrios,
destinadas a prevenir ese vicio tan difundido entre las personas
humildes de nuestro pueblo: enfermarse. Ese plan sería mucho más
económico que las costosas e imprecisas campañas antitabáquicas.
(Esta última observación, claro está, no tiene
nada que ver. Es indudable que el consumo regular de cigarros y
cigarrillos varios ha originado algunas distorsiones en la mente
de este confundido cronista, que cierra ya el artículo y se
dirige a pispear por la ventana con la intención de cuidar a sus
congéneres de una eventual invasión.)
Gabriel fernández es
Director Periodístico Revista Question Latinoamérica / Director
La Señal Medios
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