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Un malón en el centro imperial
México, Estados Unidos y la inmigración
Gabriel Fernández
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Argentina Al día - Pagando la deuda externa sin investigarla, Kirchner convalida la corrupción histórica - Telesur ya está en el aire

0506 - Por primera vez en mucho tiempo, el periodista norteamericano no-argentino Andrés Oppenheimer acierta. Acierta en el diagnóstico, claro está, aunque sostiene con lealtad su posicionamiento en favor de los intereses del Norte.

Vamos a cruzar algunas observaciones para entender la situación. Si bien los mayores damnificados por la política estadounidense son, ostensiblemente, los pueblos del Tercer Mundo en general y de América latina en particular, hay un dato singular de los tiempos que corren: también se ven afectados los Estados Unidos de América.

¿Porqué? El accionar rentístico y ultraviolento de la gestión Bush, en tanto representante de intereses que podrían sintetizarse en el tríptico
conglomerado militar - industrial, corporaciones bancarias y empresas que trafican distintos tipos de drogas, ha generado una importante distorsión económica interna en esa Nación.

Cada vez es menor el espacio existente en los Estados Unidos para las
labores específicamente productivas; los tres rubros antes mencionados
hegemonizan la economía. La percepción de ese fenómeno es compleja porque debido a su antiguo esplendor industrial, a la tracción de esas franjas dinámicas y al saqueo externo, ese país mantiene un nivel de recursos en verdad apreciable.

Sin embargo, la ausencia de una política industrial de fondo, tributaria de
la historia roosveltiana y --aún antes-- del mismo origen de la república
del Norte, está generando una deuda pública notable y un debilitamiento del dólar que todavía no ha logrado desovillarse a pleno.

Asimismo, la dependencia estructural de combustibles que no posee en cantidad suficiente --el petróleo es el ejemplo más claro-- y la
persistencia de un andamiaje urbano de alto consumo, están gestando
dificultades de fondo que, por el momento, se vienen resolviendo con
agresiones externas potentes y ajustes internos que reproducen la exclusión.

En este marco, la consecuencia lógica en el orden político cultural es el
establecimiento del racismo, la discriminación y la represión como doctrina oficial. Los Estados Unidos han dejado de ser tierra de oportunidades y lo hacen saber al mundo a través de la expulsión de los inmigrantes y del establecimiento de cercos más estrictos que los que cuestionaron por largos años al bloque oriental.

De allí que Oppenheimer acierte al señalar que la política de Bush,
destinada a contentar a un fragmento de sus seguidores más conservadores, puede terminar beneficiando a López Obrador. Lo cual constituye una sutil advertencia para el gobierno republicano con respecto al rumbo adoptado; pues como hemos visto el último aspecto no es sino consecuencia de la política general.

Sucede que, pese a las banderas latinoamericanas y a las imágenes del Che que se observan en los multitudinarios actos que nuestros hermanos efectúan por aquellos pagos, del triunfo de esta causa depende, en parte, el destino de los Estados Unidos. Los inmigrantes le están tendiendo una mano al país del Norte para que vuelva a ser integrador, fascinante, abierto. Industrial, en términos posfordistas.

Esta no es una crítica a las exigencias ni a las movilizaciones. Todo lo
contrario. Es lo que deben hacer los ciudadanos norteamericanos, cualquiera sea su origen, para poner de pie a una economía que se está derrumbando aceleradamente y sólo atina a canalizar recursos a un puñado de banqueros, asesinar pueblos propietarios de materias primas y comerciar narcóticos con la moral de un mercachifle del guetto.

Es probable, como apuntó un compañero recientemente, que la caída resulte indetenible. Qué más allá de los males que ocasione en este período letal, esa Nación no tenga salida. Pero también es posible que los intereses productivos, encabezados combativamente por los inmigrantes, consigan regenerar una parte del esquema que llevó a los yanquis a convertirse en un modelo de capitalismo desarrollado.

Resulta curioso comprobar que las zonas más atrasadas de nuestros pueblos latinoamericanos, representadas por quienes, admirando rayas y estrellas resolvieron lanzarse a "hacer la (norte) América" resultan --aunque más no fuera rememorando historias de luchas protagonizadas por quienes decidieron quedarse a pelear acá-- más avanzadas que la destartalada y apisonada conciencia de los estadounidenses nativos, todavía lacerados por el macartismo.

Política y Economía Americanas - Venezuela Al día

 

 

Empero, no resultará fácil para la administración republicana perpetuar esa visión. Lo ocurrido en Nueva Orleans, la caída abrupta de inversiones públicas, la desatención de los sectores populares, son elementos que pueden contribuir a imbricar demandas y difuminar las diferencias lingüísticas y culturales. La vanguardia latinoamericana en los Estados Unidos, configurada por nuestra retaguardia (vale remarcar), está ayudando a despertar a las fajas más conscientes del Norte adormecido.

Por supuesto que los senderos están abiertos y que la evolución hacia planteos revolucionarios es una de las opciones. Pero nos inclinamos a pensar que estamos ante luchas de carácter nacional industrial
reivindicativas
que intentan reorientar la política interna norteamericana en dirección económicamente productiva y culturalmente abierta. Por eso indicamos que si ganan los inmigrantes, ganan los Estados Unidos.

Desde los primeros pasos de Ronald Reagan hasta el presente, con la invalorable participación de la familia Bush, ese país se ha adentrado en un proceso de compleja y sinuosa decadencia. Resultaría paradojal, aunque no incomprensible, que el cierre de ese camino llegara a emerger de la mano de los despreciados latinos quienes, lanza en mano, han concretado "malones" por las calles del centro imperial, gritando "nosotros también somos norteamericanos".

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