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1106 -
Nuevos apuntes sobre Medios, campañas y zonceras.
En un mes, algunos de los mejores datos de la realidad
argentina han padecido durísimos embates. Ninguno de los ataques
hubieran sido posibles sin ciertas acciones comunicacionales
desplegadas por los grandes medios. Y sin un preocupante dejar
pasar del gobierno nacional.
Movimiento Obrero. El 17 de Octubre, al
trasladarse los restos del ex presidente
Juan Domingo Perón, se desataron una serie de incidentes en el
lugar dispuesto para la morada final: la quinta bonaerense de San
Vicente.
Aunque el principal damnificado de semejantes sucesos resultó ser el
dirigente de la CGT Hugo Moyano, los grandes medios convencieron a
una parte de la sociedad sobre su responsabilidad en el origen de la
batalla campal.
Moyano necesitaba concretar un gran acto, para potenciar su imagen y
su hegemonía en la central obrera, y para recibir al presidente
Néstor Kirchner con un marco adecuado. Alguien encendió la mecha de
la discordia y muchos, incluidos los seguidores del líder sindical,
cayeron en la trampa.
En pocas horas el desenlace permitió observar quién se beneficiaba
con lo ocurrido. El segmento más conservador y menemista del
gremialismo argentino solicitó la renuncia del camionero, los
referentes políticos de la derecha criticaron el vínculo
presidencial con la CGT y el gobierno argentino tomó distancia de
esa organización.
No se trata, como creen algunos, de evaluar a Moyano como un
inocente pacifista. Ni siquiera se trata de avalar su conducción al
frente de la central obrera. Simplemente resulta preciso señalar que
si él fue uno de los principales damnificados por los incidentes,
resulta presumible que no los haya generado.
Como resultado, hoy la CGT está en las sombras. Lejos de plantear el
pedido de aumento salarial previsto para fines de octubre con el
sentido de paliar parcialmente el desajuste en el costo de vida, y
de batallar para impulsar reformas progresivas en las leyes
laborales, los sindicatos argentinos están preocupados por salir del
centro de la escena, mostrarse pacíficos y no contrastar con la
orientación liberal de los medios concentrados.
Movimiento Social. Esta semana, el líder de la
Federación Tierra y Vivienda, Luis D´Elía, quien ocupaba el cargo de
subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, cuestionó los
pedidos de captura formulados por la Argentina contra funcionarios
iraníes en la causa del
atentado a la AMIA. Vale señalar que los requerimientos
judiciales aún no están sustanciados pues han sido rechazados por
Interpol debido a la ausencia de fundamentos.
Inmediatamente se desató una oleada de hostigamiento mediático
contra el que fuera líder de los levantamientos sociales en el
conurbano bonaerense a partir de 1996. Diarios, radios y canales,
resolvieron ignorar los numerosos pronunciamientos críticos contra
la justicia argentina y sólo canalizaron en primeras planas los
minoritarios pero poderosos planteos de las franjas locales ligadas
a los Estados Unidos.
Pocas horas después, "fuentes" de la Casa de Gobierno "informaban" a
los medios sobre el malestar presidencial contra el dirigente social
y anunciaban la decisión de solicitarle la renuncia. En medio de
versiones y sin que se escuchara la palabra del presidente Kirchner,
D´Elía dio a conocer su decisión de dimitir al cargo que ostentaba,
sin dejar de reivindicar la gestión oficial y el rumbo internacional
marcado desde la misma.
Como consecuencia inmediata, una parte del movimiento social
argentino quedó parcialmente despegado del oficialismo, mientras no
pocos luchadores populares son conminados desde los grandes medios a
"demostrar" que no tienen vínculos con organizaciones
internacionales que promueven acciones violentas. La función de
estas corrientes, cabe recordar, es reclamar y organizarse para
mejorar el nivel de vida de los sectores excluidos por el
neoliberalismo conservador.
No se trata de avalar el estilo planteado por DElía. Tampoco de
adherir a su visión sobre lo que deben ser los movimientos de
trabajadores desempleados. Sí, en cambio, es pertinente recordar que
esas cercanías sociales implicaban la perspectiva para amplias fajas
de la comunidad, de encontrar interlocutores válidos para su clamor
en el seno de un gobierno que hasta ahora había pretendido
contenerlos.
Integración Latinoamericana. Como si alguien
hubiera encendido una lamparita simultáneamente en los editores de
los medios más gordos económicamente en el país, el miércoles 15 de
noviembre los titulares lanzaron una prédica siniestra y sin
basamento informativo: el apoyo a Irán habría sido promovido por
Venezuela, lo cual implicaría una ingerencia en los asuntos internos
argentinos.
Sin atisbo de consideración para su difundido Manual de Estilo, el
diario Clarín tituló "Se fue
D’ Elía: había arreglado con Chávez su apoyo a Irán". Portadas similares fueron construidas por Ámbito Financiero y La Nación, generando un efecto de arrastre que involucró a buena parte de las radios de Amplitud Modulada y a los noticieros televisivos. Así se completó una maniobra que ahora apunta a distanciar al gobierno argentino del Mercosur y de la Unión Sudamericana.
Como detalle en la misma dirección, vale señalar que en sus páginas
interiores Clarín sostuvo que el presidente brasileño Lula
recibió "críticas" en su país y en Venezuela por haber respaldado a
Hugo Chávez para las futuras elecciones del 3 de diciembre. En
el artículo también se excluyen los numerosos respaldos obtenidos
por el ayer nomás reelecto mandatario, y se potencian los escasos
repudios, originados en la extrema derecha neoliberal de la potencia
lusitana.
Estos son los hechos. Aunque muchos no lo crean así, se trata de una
descripción de lo ocurrido comunicacionalmente en nuestro país a lo
largo de un mes; es decir, hasta aquí no hemos desplegado una
lectura ideológica sino un análisis asentado específicamente en lo
difundido públicamente por los medios que controlan el rubro en la
Argentina. Ahora vamos más a fondo.
Los posibles responsables.
* En principio, las presiones estadounidenses sobre la
administración argentina son múltiples y provienen del gobierno
encabezado por
George W. Bush, pero también del sector demócrata, reciente
vencedor en los comicios de mitad de mandato. Es claro que, más allá
de los matices, se orientan a sumar a nuestro país a la política
internacional del imperio: eso implica la condena a los esbozos de
independencia en Medio Oriente y la desestructuración de la
incipiente unidad del Sur americano.
* Luego, la economía argentina crece y así se renueva una vieja
costumbre difícil de admitir pero en verdad tangible. Los sectores
financieros, los agroexportadores y las firmas privatizadas siguen
sosteniendo la tesis esbozada por el ex ministro Domingo Cavallo
sobre el "recalentamiento" generador de inflación y desajustes
fiscales. Su fórmula es el ajuste destinado a "desacelerar" el
ritmo. Es decir, esas franjas activan contra el crecimiento. Para
ser más claros: luchan contra el desarrollo. Si alguien no lo puede
concebir, debería observar lo sucedido a partir de 1955 y, con mucho
énfasis, a partir de 1976.
* Ese empresariado argentino, según sondeos revelados hace dos
meses, no anhela sindicalistas y líderes sociales "negociadores".
Desea erradicarlos. Esto explica la continua prédica mediática de
los últimos tres años contra movilizaciones sociales pacíficas, a
las cuales se ha acusado, a falta de mejor argumento, de ejercer la
violencia por interrumpir durante algunas horas el tránsito
vehicular. Y permite comprender porqué se carga contra el
gremialismo sin distinción de matices, aún cuando muchos
sindicatos resulten demasiado contemplativos con los intereses
patronales.
* En coincidencia con aquellas presiones del Norte, y vinculados con
las mismas a través de relaciones económicas, una parte de ese
empresariado estima inadecuado elaborar acuerdos internacionales con
países cuestionados por los Estados Unidos. Es firme y sostenido, en
consecuencia, el bombardeo contra las relaciones de la Argentina con
Venezuela en particular y con América latina en general. Frente al
evidente desnivel inversor, paradójicamente en beneficio de los
sudamericanos, los medios inventan promesas borrosas: este
miércoles, mientras surgía el hostigamiento contra Chávez,
Infobae publicaba "promesas de inversiones norteamericanas en
la Argentina".
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* En el seno del Estado, y pese a la clara prédica presidencial contra el modelo hegemónico en los años 90, numerosos funcionarios sostienen una mirada liberal sobre el país y el mundo, y resultan fácilmente maleables por las campañas mediáticas que cuestionan el propio accionar oficial. La presencia de dirigentes sociales en la función pública, de militantes populares que intentan desplegar un programa nacional y popular, así como el diálogo con referentes gremiales, resulta en esos ámbitos una molestia infinita y difícil de explicar a quienes no conocen la administración desde adentro. * Desde ese mismo Estado se avaló el engorde de las empresas comunicacionales que crecieron desmesuradamente durante la década de los 90 al calor de contratos y pautas publicitarias desmesuradas acordadas con el menemismo. La interpretación de ese accionar es dual: puede pensarse que la ausencia de un proyecto cultural nacional y latinoamericano llevó al gobierno, ingenuamente, a respaldarse en ellas para difundir sus concepciones; puede pensarse también que el gobierno necesita una población orientada por preceptos conservadores para justificar políticas perjudiciales al campo nacional y popular. * En el campo abierto de la sociedad, vastas franjas medias - altas, formadas en idearios antinacionales y antipopulares, consideran fuente de prestigio la repetición de ideas y comportamientos difundidos por los poderosos a través de diferentes vías mediáticas. Son así --desde hace mucho tiempo, pero especialmente hoy-- masa de maniobra a pesar de sostener, en ocasiones, intereses contrastantes con los propios. No logran articular racionalmente el vínculo entre crecimiento económico independiente y su propio bienestar, pese a que los datos prácticos de la economía lo demuestran día a día. Rutas argentinas. Finalmente: a un año de las elecciones nacionales para la presidencia de la Nación, el proceso democrático argentino ha recibido duros golpes contra algunos de sus mejores logros. Se trata de reivindicaciones que fueron peleadas en las calles palmo a palmo, durante las jornadas del 2001 y en muchas otras instancias históricas. Un lugar para la voz sindical; un espacio de contención para los desamparados; un acercamiento a los vecinos latinoamericanos. Es probable que entre esos ataques haya que incluir la desaparición del militante popular Jorge Julio López, testigo en una causa destinada a indagar en las responsabilidades de represores durante la dictadura militar. De ese modo se intentaría damnificar otro avance colectivo en esta parte del mundo: el establecimiento de una Justicia que condene los crímenes de lesa humanidad y priorice la vigencia de los derechos humanos. Será difícil para el gobierno argentino equilibrar acciones entre un país que necesita crecer y otro que, impulsado desde el Norte, exige el retorno a las políticas que arrasaron el territorio. En los próximos meses podremos visualizar el camino adoptado. |
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