250607 -
Nación - antinación,
industria - renta, distribución - concentración.
La reducción de las
opciones electorales al esquema chileno de centroderecha -
centroizquierda dejó fuera de la campaña los temas centrales de la
vida ciudadana y nacional. Se debatieron estilos y derechos, lo cual
nunca está demás, pero se obviaron las propuestas que promuevan
soluciones.
El gobierno argentino optó por construir una fuerza
propia, por asentarse en un distrito difícil, antes que por vencer
en el mismo. Puede no ser una mala
táctica. Un espacio antimacrista vasto habría dado batalla
más intensa en la segunda vuelta; pero sus componentes hubieran
resultado díscolos y cuestionadores, algo que no parece agradar a
las jefaturas kirchneristas.
En esa perspectiva, es posible afirmar que la
elección del oficialismo en la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue satisfactoria: una zona
hostil al peronismo, con fuertes racismos cruzados, permitió el
emerger de una fuerza que se planta hacia
octubre con un caudal
atractivo y ciertos enlaces con realidades provinciales.
Al mismo tiempo, es previsible que el
macrismo, pese a su
desenvoltura capitalina, tenga un borde en su capacidad expansiva
tierras adentro. En el futuro mediato, contará con un presupuesto
importante y con los resortes adecuados para hacer pingues
negociados, pero también con una oposición intensa y profunda.
Sin embargo no es esto lo que nos preocupa:
tal vez lo más grave del panorama
registrado en las elecciones porteñas sea la delineación de un
perfil bifronte de la política, en el cual se discute cualquier
cosa, menos los temas trascendentes que pueden ofrecer soluciones
claras y contundentes a los problemas populares.
Desde el oscuro gabinete nacional y desde las usinas
de pensamiento que lo rodean, se ha concretado el primer globo de
ensayo hacia la configuración de un panorama hegemonizado por dos
opciones: la centroizquierda
y la centroderecha. En
este plano, los que se presentan como técnicos eficaces y buenos
administradores, llevan las de ganar, mientras que quienes priorizan
la desprestigiada "política" suelen ser víctimas de las broncas
colectivas.
Al pretender instaurar ese modelo de alternancia
comicial, se está echando a la basura lo mejor de la tradición
política argentina, plasmada históricamente en
polos más complejos y potentes
como el interés nacional - popular
confrontando con las fuerzas
antinacionales y antisociales.
De esas disyuntivas históricas --que deben incluir
otras, relacionadas con derechos y garantías, pero que no pueden ser
anuladas por estas-- surgen opciones tales como
industria frente a
parasitismo financiero,
producción frente a
renta improductiva,
distribución justa del ingreso
ante la salvaje concentración
económica.
Aunque el electorado no lo formule de ese modo, al no
debatirse en torno de tales asuntos, muchos porteños se han sentido
(y muchos argentinos se sienten), alejados de un proceso electoral
en el cual se discuten modos de comportamiento, estilos de
reorganización ciudadana, salidas para las consecuencias, pero
ningún asunto sustancial que
contemple los desafíos de fondo.
Hubo dos pensadores, entre otros, que plantearon de
diferente manera el asunto y no fueron escuchados: Carlos Chino
Fernández, del Centro de Estudios Estratétgicos Suramericanos,
indicó que "Todo proceso electoral es de alguna manera un
enfrentamiento. En este caso es de hecho, un enfrentamiento espurio,
no atribuible a un encuentro de fuerzas sociales esencialmente
antagónicas, sino a una compulsa ideológica teñido de falsas
antinomias."
Por su parte, Julio Godio, el conocido sociólogo que
hoy participa de intentos por rediseñar la vida orgánica del
movimiento obrero, advirtió que el macrismo no es apenas el
menemismo, sino una nueva derecha surgida de la falta de opciones
nacionales posteriores a las jornadas del 2001.
Y aquí vamos en la misma dirección, pero desde otro
perfil. La elección porteña del 24 de junio de 2007 ratificó que hay
grandes fajas de la población porteña que prefieren seguir siendo
oprimidas o desplazadas antes que respaldar cualquier cosa que tenga
aroma peronista, involucrando en ese olorcito a dirigentes
populares, militantes sociales, piqueteros y sindicalistas. Padecen
como negros, piensan como el diario La Nación.
Bueno, en esa dimensión vale recordar a don Arturo
Jauretche: no vale de nada hacerles
caras lindas. De hecho, y temiendo una reacción de esa
naturaleza, pero también acentuando su proyecto bifronte
centroizquierda - centroderecha, el gobierno
escondió durante la
campaña a la fértil militancia
popular, social, sindical y se abocó a mostrar candidatos
que pudieran aparecer en TVR
--el programa más hipócrita de la televisión nacional-- sin ser
burlados.
En su afán civilista, el
kirchnerismo barrió bajo
la alfombra el nacionalismo popular
latente en su propia composición y puso a la consideración pública a
aquellos muñecos que manejan códigos y estilos que cuesta
identificar con un movimiento popular, se distancian del chavismo,
se olvidan del peronismo, y no trepidan en alabar las virtudes de un
capitalismo que, en realidad, Macri maneja con más soltura y sentido
de la oportunidad.
Por eso, y finalmente, quizás lo más preocupante de
esta contienda electoral resulten las enrevesadas interpretaciones
de los militantes populares pensantes: ellos también, a la hora de
analizar, hablan de cualquier cosa como factor de "contrucción de la
derrota" en lugar de meter el dedo
en la llaga, tornarse incómodos y profundos, y poner sobre la mesa
una verdad directa pero complicada. Las viejas antinomias,
renovadas, mantienen vigor en la estructura profunda del país.
No habrá derechos ni garantías en un país sin
industria, sin justicia social, sin soberanía integral en lo
político y en lo económico. Si esto no lo plantean los candidatos
populares ¿quién lo hará?
Gabriel
Fernández es Director La Señal Medios / Director
Periodístico Revista Question Latinoamérica.