052007 - Fragmento
del libro
Dashiell Hammett. Novela negra y caza de brujas en Hollywood
En
1929, el año del desastre bursátil de Wall Sreet, un escritor
llamado
Dashiell Hammett publicó un par de libros, Cosecha roja y
La maldición de los Dain, que estaban llamados a tener una gran
repercusión. Las dos novelas, que se publicaron por entregas desde
finales de 1927, aparecieron en libro antes de que los tiburones
financieros de Nueva York vieran cómo el capitalismo norteamericano
entraba en bancarrota, apenas unos meses después. Ese mismo año, una
joven llamada
Lilian Hellman
viajó a Europa durante el verano, en vísperas de la catástrofe
financiera. Dashiell Hammett y Lillian Hellman no se conocían aún, pero
pronto iban a hacerlo, y la relación que mantuvieron y su compromiso
social iban a definir los rasgos y la actitud de una parte de la
intelectualidad norteamericana. En los poco más de treinta años que le
restaban de vida a Hammett, Estados Unidos y el mundo iban a cambiar
radicalmente. Dejaría unas páginas llenas de amor por la vida, de pasión
por la justicia, a veces de sabio escepticismo sobre el ser humano, y un
camino nuevo para la literatura. Además, Hammett, utilizando los
materiales de derribo de una cultura de evasión, iba a desnudar los
mecanismos internos del capitalismo norteamericano. Causó una profunda
impresión en quienes le conocieron y también en su país, aquellos
Estados Unidos que, cuando murió, se habían transformado en un país
bravucón y pendenciero, en una agresiva máquina de guerra. Ocho años
después de la muerte del escritor, Lillian Hellman anotaba: “Es verdad
que echo de menos a Hammett, y así debe ser. Era el hombre más
interesante que he conocido en mi vida.”
1
Un par de años antes, en 1927, nadie
sospechaba que Estados Unidos se dirigía a paso ligero hacia la bancarrota.
Los negocios parecían ir bien, y no había especiales problemas en el
horizonte, aunque los dirigentes y grandes burgueses del país no estaban
dispuestos a tolerar movimientos revolucionarios: ése fue el año de la
ejecución de Sacco y Vanzetti. Hammett ya era un autor conocido: se había
iniciado en el mundo de las revistas
pulp
publicando relatos en los primeros años veinte y con esa experiencia
acumulada pasó después a la novela y, finalmente, al cine.
2
Dashiell Hammett vivía entonces en San Francisco, la ciudad que muchos
consideraban como la más corrupta del país. Era una ciudad caótica, llena de
contrabandistas, con un activo puerto donde llegaban escorias de muchos
naufragios vitales; un lugar donde desembarcaban los chinos casi
esclavizados de esos años y los rusos blancos del exilio que abominaba de la
revolución bolchevique. Hammett era un hombre joven, de treinta y tres años,
que apuraba la vida, temiendo perderla, irónico; mientras, escribía con unas
reglas distintas, inventando una nueva mirada sobre América y sobre el
capitalismo. Ya había creado a un personaje, el agente de la Continental,
un hombre que alardea de no tener sentimientos, dedicado a husmear en los
bajos fondos de la ciudad, indagando en los tugurios de alcohol prohibido y
cocaína, moviéndose entre los tipos poderosos que tenían complicidades en la
política, en la policía, entre los gánsters. Ese agente de la Continental
era un tipo cuarentón, calvo y gordo, anodino, que aparecería en treinta
historias diferentes de Hammett, y, de improviso, iba a mostrar la cara de
América, una cara que ella misma no estaba acostumbrada a mirar, aunque
sospechase el rictus de mugre y miseria, de podredumbre, que reflejaba en el
espejo. En esos años de la primera posguerra es cuando nace la literatura
negra, aunque sus esquemas narrativos y sus historias no se llevarán a
la pantalla hasta la segunda posguerra. Hammett había publicado en una
revista, Black Mask, y empezaba a ser muy conocido, tanto, que poco
tiempo después se trasladaría a Hollywood, para colaborar en el cine, como
harían muchos otros escritores, desde Scott Fitzgerald hasta
Faulkner, Chandler o Dos Passos, aunque no todos conseguirían triunfar
en el nuevo oficio narrativo: Scott Fitzgerald, Steinbeck, Sinclair Lewis,
fueron varios los escritores que fracasaron en Hollywood. Dos años después,
en 1929, Hammett publicaría ese par de novelas; una tercera, al año
siguiente, una cuarta en 1931, y la quinta y última en 1934. Durante el
resto de su vida no escribiría ninguna otra novela. Pero, en 1927, todo
estaba por llegar, y no iban a ser precisamente buenos tiempos. Veinte años
después, en 1947, el mundo salía de la mayor catástrofe de la historia, la
Segunda Guerra Mundial; Estados Unidos emergía como una gran potencia y la
histeria de la caza de brujas desatada por el HUAC comenzaba a
emponzoñar la vida del país: nunca escaparía de ese veneno, que alcanzó
también a Hammett. 3 La
caza de brujas no fue la iniciativa de un senador alcohólico: comenzó
con
Truman, con el procurador general Tom Clark y con J. Edgar Hoover, en
1947. Tuvo el apoyo del gobierno norteamericano, del Pentágono, del
Departamento de Justicia y del Departamento de Estado, porque el senador
McCarthy no empezó su trayectoria de cazador de antiamericanos hasta
1950. Fue una iniciativa del poder, del gobierno, de los círculos que
controlaban la vida política, económica y social de Estados Unidos, y no de
un senador que, aunque participó en primera línea en la cacería desatada, no
era más que alguien que puso su rostro y su ambición personal al servicio de
quienes habían urdido esa operación.
Con Hammett, en 1929, mientras los Estados Unidos se miraban en el abismo de
la catástrofe, en la gran depresión, se había consolidado una
nueva forma de escribir: el relato policial, la novela de detectives, que
enseguida tendría su equivalente en el cine, ya en los años cuarenta, con
una nueva especialidad que se denominaría cine negro.
4 Algunos especialistas sitúan el
origen del género en dos novelas de Hammett,
El halcón maltés y La llave de cristal, aunque otros impugnan
ese supuesto. Pero es en esa época inmediatamente posterior cuando empieza a
cultivarse el género que se llamaría
cine negro, etiqueta llegada desde Europa, y lo hace en los estudios
de Louis B. Mayer, un hombre que después se significaría colaborando con los
sabuesos de la caza de brujas. La época dorada de ese tipo de cine
llegaría hasta 1953 (aunque su influencia alcanzó hasta los años setenta),
como si el feroz anticomunismo que asoló el país hubiese terminado también
con él.
El soleado Hollywood de los estudios cinematográficos estaba atento a todas
las novedades, y las páginas de Hammett lo eran, con un estilo directo y
atractivo, que se hacía eco de la realidad que vivía el país mientras
renovaba la tradición de
Poe y de Fenimore Cooper y bebía de autores como Jack London y Upton
Sinclair. Cuando Hammett accede a perseguir las quimeras de California,
millones de personas hicieron lo mismo, atrapados por la depresión.
Unos pocos, como Hammett, corrían tras el dinero, la fama, el brillo del
cine; otros muchos, perseguían un lugar donde poder comer. En 1929, la única
forma de escapar del hambre, de huir de la miseria, era iniciar una
mitológica carrera hacia el Oeste, como en los mitos del pasado de la
nación.
El cine exaltaba los valores norteamericanos, que
podían resumirse en una libertad ficticia, en el entretenimiento, la
evasión, la ocultación de los problemas que tenían los ciudadanos
corrientes. Era, además, una industria que estaba cambiando de piel,
con el paso del cine mudo al sonoro. La
fábrica de sueños era una factoría dedicada a hacer soñar
a América con espejismos, un instrumento en manos de los poderosos
millonarios de la costa Este, que acentuarían esos rasgos en el
Hollywood de las quimeras, tras el inicio, después de la Segunda
Guerra Mundial, de la doctrina Truman y de la contención del
comunismo en el mundo, y el paso de los cazadores de rojos.
Además, el país chapoteaba en la corrupción, y ese rasgo se
acentuaría después, hasta extender la gangrena por todos los
rincones, de costa a costa. Era tan agobiante, tan obsesiva la
corrupción, que Hammett concluyó que sólo una revolución podría
acabar con ella.
(El libro
Dashiell Hammett. Novela negra y caza de brujas en Hollywood
está publicado por la Editorial El viejo topo.
1 Hellman, Lillian, Una
mujer inacabada. Autobiografía, Madrid, 2005, pág. 236.
2 Los pulps eran
revistas de gran tirada, de consumo popular, editadas en papel
barato, de pulpa, de donde les venía el nombre. Había muchas
revistas de ese tipo, que pueden agruparse en cuatro categorías: de
detectives, de amor, westerns, y de aventuras. Llegaron a vender,
entre todas, veinte millones de ejemplares al mes. Véase González
López, Jesús Ángel, La narrativa popular de Dashiell Hammett: ‘pulps’,
cine y cómics, València, 2004, pág. 70.
3 HUAC, Comité de
Actividades Antiamericanas.
4 Aunque las
características del cine negro son muy discutidas, e integran
a veces diversos subgéneros, véase una completa relación de la
filmografía del cine negro norteamericano entre 1930 y 1960,
elaborada por José Luis Sánchez Noriega, en:
http://www.ull.es/publicaciones/latina/a1999adi/11negrofi01.html