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080508 -
Entrevista a Higinio
Polo, doctor en Historia contemporánea
Basándose en las últimas cifras
disponibles del censo de Estados Unidos, que datan de 2005, los
periódicos McClatchy han realizado un estudio que confirma que
el número de norteamericanos extremadamente pobres creció un 26
por ciento entre 2000 y 2005. Cifras muy altas para el país que
se considera el más avanzado del mundo.
Hablamos de ello con
Higinio Polo, doctor en
Historia contemporánea.
¿A qué es debido
este hecho en un país donde las corporaciones están obteniendo
ganancias millonarias?
-No es nada nuevo, porque históricamente
siempre ha sido así en los Estados Unidos. El capitalismo norteamericano
ha resuelto las épocas de crisis despidiendo a centenares de miles de
trabajadores, desviando los recursos del Estado hacia la empresa
privada, recortando los programas sociales, aunque una parte haya
sobrevivido e incluso se hayan utilizado como instrumentos de
relanzamiento de la economía, como ocurrió durante el New Deal de
Roosevelt. También, ha respondido con el aumento de los gastos militares
y el recurso a nuevas guerras. Eso, ahora, tiene una consecuencia
inmediata sobre los trabajadores, recortando derechos sociales,
recurriendo al despido de decenas de miles de obreros.
Como usted dice, mientras muchas grandes
empresas han conseguido beneficios astronómicos (aunque otras, a causa
de una nefasta gestión empresarial, han cosechado pérdidas), para los
ciudadanos la situación empeora progresivamente. El IWPR, un Instituto
de Investigaciones Políticas sobre la Mujer, de Washington, considera,
por ejemplo, que, sin las ayudas del Seguro Social, casi la mitad de las
mujeres que superan la edad de jubilación pasarían a ser indigentes.
Aunque las dificultades para una buena parte de la población no son
nuevas. En un famoso artículo que publicaron hace ya diez años los
sociólogos Gunnar Almgren, Avery M. Guest y Jun M. Uses, demostraron que
un ciudadano negro sin trabajo de los barrios pobres de Chicago o de
Harlem tendría más posibilidades de seguir viviendo en Bangla Desh, uno
de los países más pobres del mundo, que en su propio barrio.
-¿Cómo está afectando la caída del mercado
inmobiliario en la creación de más pobreza?
-De dos formas: por una parte, muchas
familias se revelan incapaces de pagar sus hipotecas, puesto que el
servicio de su deuda ha aumentado; por otra, la caída del valor de
muchas propiedades y de los préstamos incobrables ha contaminado al
resto de la economía, aumentando los desequilibrios y el despido de
miles de personas en un proceso que no ha terminado. Pero los problemas
son anteriores al gobierno Bush, aunque éste los haya agravado. Hay que
recordar que Clinton y su secretario de Vivienda, Henry Cisneros,
llevaron a cabo una política de reducción de vivienda pública y de
expulsión de los barrios de muchas ciudades de las familias y grupos
sociales considerados problemáticos, hasta el punto de que algunos
estudiosos han llegado a hablar de “limpieza étnica”, lo que generó en
todo el país una mayor marginación de los trabajadores más pobres. Los
ghettos de miseria en Estados Unidos, que son desconocidos por la
opinión pública europea, son una úlcera sangrante en el país.
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En otros casos, como en Nueva Orléans, a
la catástrofe del huracán Katrina ha seguido una política neoliberal que
ha dejado en la calle, literalmente, a gente que había perdido sus
viviendas: sólo se ha proporcionado vivienda nueva a una minoría, y la
reconstrucción de la ciudad pretende hacerse a costa de los trabajadores
negros, cuyo número se quiere reducir: dónde van a ir parece ser algo
que no preocupa al gobierno. Además, los gobernantes pretenden abandonar
la idea de reconstruir miles de viviendas de alquiler de los barrios
pobres de Nueva Orléans: es una catástrofe más para la población negra
pobre. Hay que decir que unas ochocientas mil personas carecen de
vivienda y malviven tirados por las calles de todas las ciudades del
país.
El coste de la vivienda es un enorme
problema social. El diario USA Today publicaba, el 24 de octubre
de 2007, que los problemas de la vivienda afectaban a más del sesenta
por ciento de la población del Oeste del país y al cincuenta y cinco por
ciento de los ciudadanos del Este. La crisis de las hipotecas basura, o
subprime, ha agravado esa situación, que, además, está
contaminando a otros sectores económicos. En el sector bancario y
financiero, Citigroup, Merrill Lynch y JP-Morgan Chase han anunciado que
despedirán, o han despedido ya, a decenas de miles de trabajadores.
-El aumento de la extrema pobreza no sólo
se da en ciudades, sino que también crece en áreas urbanas y suburbanas.
¿Cómo hay que traducir estos datos?
-Es cierto. Hay que recordar que el propio
ministerio de Agricultura de Estados Unidos publicó un informe a finales
de 2007 donde se informaba que 35 millones de ciudadanos (casi 13
millones de niños entre ellos), pasaron hambre en 2006. Es un dato
escalofriante en un país que pretende ser el más rico y poderoso del
planeta. Por eso, perder el trabajo o caer enfermo es, cada vez más,
sinónimo de caer en la pobreza, tal vez de la definitiva marginación
social. El intento de Bush para que arraigue en los ciudadanos la idea
de la posible bancarrota y hundimiento de los organismos que ayudan a
los más pobres para privatizar después el Seguro Social es una seria
amenaza para el futuro, puesto que tanto el Partido Republicano como el
Partido Demócrata comparten una visión social muy similar: ambos
difunden la falsa idea de la supuesta autosuficiencia de cada ciudadano
que, trabajando duro, saldrá adelante, aunque la realidad social muestra
que no es así: la pobreza sigue aumentando. El país es cada vez más
desigual e injusto: las estadísticas de 2005 indicaban que el cincuenta
por ciento de la población, los más pobres, recibió sólo el 12,8 por
ciento de los ingresos totales del país.
-¿Qué programas sociales tiene EEUU, si
los comparamos con los de la Europa desarrollada?
Hay muchos, aunque cada vez menos, y se
está limitando la protección que dan los que se mantienen. Existen las
ayudas para alimentos para las personas pobres, programas de atención
médica para niños pobres; también existen decenas de programas de
formación para el empleo, algo que se considera básico para salir de la
pobreza, etc, aunque, insisto, con el gobierno Bush se han recortado.
Por eso, la lógica de recorte de impuestos, sobre todo para los más
ricos, que defiende el gobierno está haciendo que se debilite la
capacidad del Estado, que consigue una recaudación menor, para ayudar a
los millones de personas que están en la pobreza o que pueden caer en
ella. Sólo en la ciudad de Washington, la quinta parte de sus habitantes
vive en la pobreza.
Según el propio Buró del Censo
norteamericano, en 2007 el número de pobres se acercaba a los cuarenta
millones de personas, muchas de ellas hacinadas en peligrosos ghettos
urbanos y en las zonas degradadas de las grandes ciudades. La sanidad es
otro problema sangrante: en todo el país hay unos 45 millones de
personas que no tienen acceso a la sanidad. Hay situaciones
desesperadas. Por eso, las autoridades de algunos Estados impulsan
medidas que en Europa pueden parecer una broma, pero que están dentro de
ese “conservadurismo caritativo” del que hablan los portavoces del
capitalismo norteamericano. En el estado de Oregón, por ejemplo, se ha
organizado un sorteo (¡una lotería!) para conceder diez mil seguros
médicos gratuitos, aunque, sólo en ese estado, hay más de seiscientas
mil personas sin ningún tipo de cobertura sanitaria.
-¿Qué medidas concretas se están poniendo
en marcha en EEUU con respecto a sus ciudadanos para paliar esta
situación actual?
Por increíble que parezca, y aunque siguen
existiendo muchos de esos programas de ayuda a los más pobres, la
política del gobierno Bush en todos estos años ha consistido básicamente
en una transferencia de recursos sociales hacia los más ricos. Se les ha
reducido los impuestos y la política económica del país ha estado a su
servicio. No hay la menor intención en combatir las verdaderas causas de
la pobreza, porque eso haría aflorar las enormes injusticias del
capitalismo norteamericano, y la política de parches, de transferir la
responsabilidad por su situación al propio ciudadano, junto con la
ferocidad del sistema empresarial norteamericano hace el resto.
Recuérdese, por ejemplo, que muchas empresas norteamericanas se niegan a
contratar a personas que hayan cumplido condenas carcelarias, que son
millones en Estados Unidos, de manera que, por ejemplo, es muy difícil
que un hombre negro joven que haya tenido problemas con la justicia
vuelva a encontrar trabajo: su futuro será un ghetto urbano, la
delincuencia, la droga, el alcoholismo y, a veces, la muerte violenta.
La violación de los derechos humanos es una práctica constante en el
país.
-La agresiva política exterior
estadounidense, ¿es un modo de desviar la atención fuera de sus propias
fronteras?
Sin duda, aunque también la violencia en
el interior de los Estados Unidos continúa teniendo unas proporciones
dantescas: en 2006, se produjeron en el país 1.400.000 delitos
violentos, de forma que es uno de los países más peligrosos del mundo
para sus ciudadanos. Unas treinta mil personas mueren cada año
asesinadas con armas de fuego. Según fuentes del Departamento de
Justicia, el país alcanzó, a finales de 2006, un total de 2.226.000
reclusos, lo que supone la cuarta parte de todos los presos del mundo.
Hay, además, millones de personas que están en situación de libertad
vigilada. Por añadidura, los derechos humanos más elementales se
vulneran con frecuencia en las prisiones. El diario Los Angeles Times
informaba el 20 de septiembre de 2007 de que, sólo en las cárceles de
California, durante 2006, habían muerto 426 presos por falta de atención
médica adecuada. Para personas poco informadas puede parecer una
exageración, pero lo cierto es que Estados Unidos se ha convertido en un
universo carcelario.
Estados Unidos, además, ha basado su
expansión internacional en el recurso a la guerra: es el país que, en el
siglo XX y en lo que llevamos del siglo XXI, más agresiones militares y
guerras ha protagonizado. Sólo en los últimos años, ha invadido
Yugoslavia, Afganistán e Iraq, además de lanzar diferentes operaciones
militares en otros lugares del mundo. Es sabido que Estados Unidos gasta
más en armamento que todos los demás países de la Tierra juntos:
multiplica por diez el gasto militar chino, por ejemplo. Sirve para
desviar la atención, pero, además, la guerra es un recurso estratégico
de los Estados Unidos.
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