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150807 - El Gobierno de la República
Argentina parece no pasar ni la más mínima prueba sobre la forma de
ejercer la administración pública y el comportamiento y cumplimiento de
los deberes de sus funcionarios, un dato que no es menor después de
cuatro años de mandato que pretende perpetuarse mediante un cambio de
figuritas, nepotismo mediante.
Las prácticas autoritarias y la corrupción que vamos conociendo a nivel
nacional son el correlato de la mismísima forma en qué Néstor Kirchner
condujo los destinos de la provincia de Santa Cruz durante doce años
consecutivos, con muchos de los mismos funcionarios que hoy ejercen la
administración a nivel nacional. La diferencia fundamental radica,
indudablemente, en el hecho que cada día que pasa es imposible poder
tapar los desmanejos y las arbitrariedades, idénticas a las realizadas
en la mencionada provincia, que tienen como eje la matriz compuesta por
la malversación de los fondos públicos, el culto a las mentiras, el
enriquecimiento espurio de los funcionarios y el avasallamiento de los
organismos e instituciones de control público.
El malintencionado y oportunista populismo, junto con la utilización de
las banderas de los Derechos Humanos y un premeditado acercamiento
-vacío de identidad y pertenencia- con gobiernos de izquierda, permitió
a Kirchner sumar díscolas voluntades de la más abigarradas procedencias
(menemismo, duhaldismo, radicalismo, frepasistas, socialistas,
organizaciones sociales, etc.) conmovidas únicamente por el calor del
poder, dádivas y prebendas recibidas a cambio de silencios y
complicidades. Las contrataciones, cargos y embajadas completan el
círculo acomodadizo de las nuevas y nuevos kirchneristas, tan
consustanciados con el poder cómo duradero sea el retributivo
compromiso.
En cada oportunidad que las investigaciones periodísticas, las denuncias
políticas o algún desprevenido dictamen de un organismo público de
control toman estado público brotan por doquier cuestiones que rozan
ilícitos y malversaciones públicas, las cuales inmediatamente son
desestimadas por el funcionariato con la intención de esconder las
miserias propias de quienes están abusando de los poderes delegados. La
bonanza de las cuentas públicas producto de cuestiones meramente
coyunturales y muy alejadas de un plan nacional económico y financiero,
obviamente administradas de forma inconsulta y de manera totalmente
arbitraria, es el único elemento que permite dar un plafón para no
generar un disconformismo generalizado en la ciudadanía.
Sobres, valijas, vuelos, comisiones, índices, viajes, obras públicas
fideicomisadas, votaciones mudas y sordas, disposiciones judiciales,
negociados, miedos, autoritarismos, enriquecimientos e impunes apretadas
son algunas de las cosas que huelen muy mal, huelen a corrompido y
putrefacto por nuestras tierras.
Hoy tenemos una “K” gobernando, quizás en un tiempo otra “K” seguirá
dirigiendo los destinos del país. Todo hace prever entonces que los
efluvios seguirán oliendo a “KK” en Argentina. |
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