Resulta por
demás de obvio aclarar que cuando Gabriel García Márquez publicó su
libro “El otoño del patriarca” no se refería a los temas políticos
de la tierra argentina o más precisamente la santacruceña, sin
embargo en esa extraordinaria novela pudo fabular las circunstancias
de un abusador del poder.
Néstor
Kirchner, devenido en patriarca santacruceño -con miras a serlo
también en toda la Argentina- esta comprobando cómo su poder
omnipresente y omnipotente está llegando a los límites que toda una
sociedad no está dispuesta a tolerar. Claro está, que eso no tiene
que ver directamente con los resultados electorales que se podrían
dar en el futuro inmediato, aunque éstos parecieran ser que no se
presentan tal como él desearía.
Desde hace
décadas la democracia en Argentina se ha vaciado de contenido y
participación popular, cualquiera sea el resultado de las elecciones
ellas solamente son el producto de la mediatización política, los
acuerdos y alianzas de trastienda, los millonarios presupuestos
dedicados a conformar lo que se denomina la “opinión pública”, el
triunfo de las mentiras y las mezquindades por sobre las ideas y las
propuestas y, entre otros, la utilización espuria de los fondos
públicos.
Ayer nomás,
la intolerancia del poder kirchnerista sumó más heridos y agredidos
a la larga lista que parece no poder, ni querer seguramente,
terminar. En ésta oportunidad han sido trabajadores y una periodista
de Caleta Olivia -la ciudad más norteña de la patagónica provincia
de Santa Cruz- los que han tenido que sufrir la represión de las
fuerzas de seguridad comandadas por el presidente de la Nación.
El motivo de
la actuación de la Gendarmería Nacional, sin la autorización
judicial que corresponde a estos casos, tuvo por finalidad permitir
el paso de unos micros que convenientemente rentados debían
dirigirse hacia Río Gallegos para que sus convenientemente llevados
ocupantes participaran de un acto proselitista. No cualquier acto,
sino el que ponía el punto de partida de la candidatura del actual
gobernador Daniel Peralta -gobernante inventado a fuerza de fórceps
político- con la presencia de Kirchner.
Pareciera
ser que los santacruceños, muchos seguramente, no están tan
convencidos del amor declamado a cuatro vientos por el presidente.
"Acá estoy, dando la cara y jugándome por esta provincia
que tanto amo" se atrevió a vociferar en el acto referido, como
tampoco que esa cara sea la que desde hace más de cinco meses no
puede ser vista en público sino que debe contentarse con vérsela
publicada en los medios periodísticos del propio gobierno o
manejados por éste, tanto provinciales y nacionales.
Pero claro, cual
patriarca fue por más Kirchner al sostener "No trabajamos para
la Santa Cruz de las patotas, sino para la del trabajo y de las
ideas". Bueno créase o no así lo dijo, independientemente que
la realidad nos habla del exagerado abuso del empleo público, la
falta total de proyectos e ideas superadoras y sustentables en la
provincia. Aunque si acertó, por pura casualidad dijo la verdad, al
hacer referencia a las patotas, aunque sabemos que no trabaja para
ellas porque él y sus acólitos comprometidos y beneficiarios son las
patotas. Solamente hay que remitirse a los hechos, que desde hace
años son públicos y notorios se van sucediendo en Santa Cruz, para
comprobarlo.
Hay más todavía, resulta
ahora que según nos informa Kirchner “Hay que seguir soportando
cristianamente la agresión de aquellos que no tienen ideas y cuando
van a contar los votos tienen tres". Pero el subconsciente es
esa parte de Kirchner que no le permite siempre andar con vulgares
mendacidades y tras cartón afirma “Y no como los que dicen “si
no pensás como yo, te agredo”; eso no es democracia, eso es
fascismo". Claro que es el autoritarismo del Frente para la
Victoria, que es comandado únicamente por él, el que se va
transformando día a día en una especie vernácula del fascismo.
Los sentimientos de
quién fue el propulsor de las persecuciones políticas, las
apaleaduras, las represiones policíacas, los atentados con bombas
incendiarias y los atropellos de todo tipo a los habitantes
santacruceños, entre infinidad de muchas barbaridades más, nos viene
con el cuento de que “Vengo con el corazón, la pasión y los
brazos abiertos, aun para aquellos que cobardemente agredieron a
Alicia (hermana) o a la vieja (madre), los mayores
cobardes que se pueden conocer para agredir a una mujer, a una
compañera”. Ya no puede engañar a nadie, a menos claro está que
muchos quieran ser engañados para sacar los bocados económicos que
el manejo descontrolado del presupuesto nacional les permite
conseguir, a cambio de silencios y complicidades.
Al menos podemos estar
seguros que denunciando esta forma de hacer política contribuiremos
a construir parte del camino de las verdades, ese trayecto
insustituible que debemos transitar para terminar con los que se han
apoderado de nuestros futuros. Se tratará, entonces, de que todos
los habitantes comencemos a mirar la realidad con una visión más
crítica y desconfiada, porque de lo contrario será imposible ir
encontrando la senda del futuro igualitario para todos, de la
solidaridad popular olvidada y de la dignidad casi perdida.
Porque entregar nuestros
principios y nuestros derechos a cambio de que unos pocos se sigan
enriqueciendo y protituyendo con y en la política, aún más de lo que
lo vienen haciendo, será indefectiblemente el futuro próximo. Las
mentiras, los acuerdos tenebrosos con lo peor de la politiquería
nacional, la corrupción generalizada en los gobiernos por doquier,
el falso progresismo y derecho humanismo, la realidad social y
laboral, las necesidades insatisfechas de millones y demás
cuestiones deben terminar.
Será en la primavera
próxima, no lo sabemos. Pero si seguramente comprendemos que todo lo
sucedido en el otoño y el invierno han sido elocuentes
demostraciones y comprobaciones que muchas cosas se deben cambiar en
nuestro país.