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270906 -
Nadie puede decir que no
necesite ver televisión. Al mismo tiempo, entretiene. También debería ser docente, es decir, enseñar indirectamente el buen decir y el buen pensar. El problema ocurre cuando se pierden de vista estos últimos aspectos y el entretenimiento pasa a ser el único objetivo. Entonces se bajan los niveles, se le da a la medición de audiencia excesiva importancia y por supuesto, la calidad se constituye en la primera víctima de lo que pasa a ser una guerra, en la que se descubrió una nueva arma: la elasticidad del horario. Los programas comienzan ahora, en octubre de 2006, “al término de”. Los animadores hoy se cotizan de acuerdo a su altura vocal, los profesionales del decir y del pensar fueron desplazados o sometidos a los intereses comerciales. El ratting se constituye en el valor supremo: cuando se hace referencia a los programas, sea en los especiales televisivos o radiales, no se habla ya de argumentos, situaciones o posibilidades de encuentros (en las telenovelas, por ejemplo), sino de la cantidad de audiencia a que ha llegado cada uno en la emisión del día anterior. Hace un tiempo, no demasiado, los televidentes gozaban de una televisión “abierta” previsible, con una programación interesante que incluía temas comprometidos y también simples, siempre en tono amable y correcto y con animadores simpáticos, de más que aceptable cultura general y, algo que parece increíble a los teleespectadores actuales, la duración de los ciclos era conocida anticipadamente, hasta de un año a otro. En estos momentos, en que se ha perdido el chiste puesto en un libreto (solo o elaborado en un “sketch”) y cuando en muchos programas a lo largo de una hora de conversación pura no se alcanza a redondear ninguna idea, han cambiado algunos conceptos. El suspenso ya no está en quedar pendientes de cómo saldrá el protagonista de una situación difícil sino de saber a qué hora comenzará el programa esperado. La pasión, más que un sentimiento que provoca momentos de inquietud, se manifiesta en estar satisfecho porque el programa favorito ha tenido el primer puesto en el “ratting”. Por eso no sería extraño que una televidente le comente a otra, mientras miran una telenovela, cuánta emoción hay en el abrazo que se está produciendo y reciba como respuesta que el beso que se producirá, con toda seguridad hará levantar el ratting por los menos dos puntos. |
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AVIZORA |