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211106 - Se sabe que los viernes y sábados han muerto (por suerte reviven en períodos totalmente previsibles) porque indefectiblemente quedan en la calle vidrios, testigos mudos (pero peligrosos) de lo que fue la lucha semanal que por la supervivencia tienen los buenos momentos, surgidos en los amanecidos encuentros. Salir a divertirse los fines de semana es, en las sociedades, absolutamente necesario. Es la descompresión de cumplimientos de horarios en tareas que requieren muchas veces más de 8 horas diarias, concentración y adecuada formación. Pero no es necesario romper. Las botellas son las primeras víctimas. Ellas son llevadas por las personas cuando transitan la calle -ruidosamente- hacia el lugar de diversión, y llegan vacías. La carga de alcohol que depositaron cumple entonces su primera función: hay que desprenderse de los envases y nada mejor que tirarlos a la calle. Es preferible pensar a esta altura del artículo que la diversión es ver cómo se rompen y no imaginar el daño que le harán el día siguiente a algún vehículo. La convivencia nunca es fácil. Conjugar tolerancia y el necesario desarrollo de las individualidades puede ser para cualquiera la asignatura pendiente de toda una vida. Pero nada justifica la agresión porque sí. La rotura de botellas con el peligro consiguiente, los intentos de forzar y/o arrancar los porta bolsas de basura (si no se llaman así, me gustaría que me corrigieran mi mala información), la destrucción de obras de arte públicas (hay que ver lo divertido que debe ser para algunos quitarle la cola al león de nuestra plaza 25 de mayo o la felicidad que debe causar ver que se tiene buena puntería y se consigue destrozar con pocos intentos los faroles de iluminación pública, por ejemplo); las peligrosísimas maniobras de muchos humanos armados de automóviles que, estando a veces a más de veinte o treinta metros del cruce, aceleran para pasar por delante del vehículo o el peatón que ya lo está haciendo; el que pese a todo quiere salir con la suya siempre y por eso manipula, miente y/o arremete con cuanta idea y/o persona se opone a la de él; todo eso configura un panorama humano muy poco alentador si se tiene el propósito o el ideal de que las relaciones entre nosotros sean mejores y deja la desagradable sensación de que nuestra convivencia se ha reducido a grupos aislados, pero cada vez más numerosos, de vidrios rotos puestos de punta para hacer el mayor daño posible. |
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AVIZORA |